
En la Colombia contemporánea, el paisaje político se dibuja con una precisión milimétrica y fracturada. Cuando la diferencia entre visiones de país se reduce a un estrecho margen porcentual, esa misma línea divisoria atraviesa inevitablemente las bancas de los templos, los salones de escuela dominical y las mesas de comunión. Frente a este panorama, la tentación inmediata de muchas comunidades de fe es decretar un silencio sepulcral: prohibir el discurso político bajo la premisa de que «de eso no se habla en la casa de Dios». Sin embargo, desde una perspectiva neoanabautista, el silencio no es neutralidad; es una abdicación de la vocación profética de la Iglesia.
El anabautismo histórico y sus relecturas contemporáneas nos recuerdan que Jesús no evadió la política, sino que inauguró una política alternativa. Su proclama del Reino de Dios no encajaba en las estructuras del Imperio Romano ni en las agendas de las facciones religiosas de su tiempo (zelotes, fariseos o saduceos). Para el neoanabautismo, la Iglesia es una polis alternativa, una contracultura cuya primera lealtad no pertenece a un partido, a un caudillo o a una ideología de izquierda o derecha, sino radicalmente al señorío de Jesús. Por lo tanto, el camino para no fracturar la comunidad no consiste en privatizar la fe o esconder las diferencias, sino en subordinar las identidades políticas a la identidad común en el cuerpo de Cristo.
Prohibir hablar de política en la iglesia es un error pedagógico y pastoral. Los creyentes no dejan sus preocupaciones ciudadanas, sus temores económicos ni sus anhelos de justicia social en la puerta del templo. Al silenciar el debate, la iglesia pierde la oportunidad de discipular a su membresía sobre cómo procesar el conflicto desde los valores del Evangelio. El resultado de la censura no es la paz, sino un resentimiento silencioso o la búsqueda de espacios fuera de la comunidad donde desahogar posturas radicalizadas sin ningún tipo de contrapeso pastoral.
La iglesia local está llamada a desarmar los lenguajes de odio y sospecha que los medios de comunicación y las redes sociales amplifican. Cuando la política secular exige polarización absoluta y destrucción del adversario, la comunidad de fe responde con el mandamiento del amor al prójimo y el servicio mutuo. La mesa de la Cena del Señor es el recordatorio definitivo de que el cuerpo de Cristo ya fue roto para reunir a los dispersos; romperlo de nuevo por dinámicas electorales es deshonrar ese sacrificio. En una Colombia sedienta de reconciliación, la mayor contribución de la Iglesia no es sumar votos a una causa, sino demostrarle al país que es posible discrepar profundamente en el ámbito civil mientras se permanece indisolublemente unidos en el amor y el servicio al Reino.
5 Recomendaciones Prácticas desde el Enfoque Neoanabautista
- Establecer foros de discernimiento guiado: Cambiar los debates informales de pasillo por espacios estructurados de diálogo. Usar talleres donde se analicen las realidades del país a la luz de los Evangelios, no de los discursos de los candidatos.
- Desmitificar las plataformas partidarias: Enseñar con claridad que ningún partido político encarna la totalidad del Evangelio. Identificar las virtudes y las graves falencias éticas tanto de las propuestas de izquierda como de las de derecha.
- Priorizar el lenguaje de la gracia: Prohibir discursos que utilicen etiquetas deshumanizantes comunes en el debate colombiano («mamertos», «paracos», «castrochavistas»). El lenguaje comunitario debe ser restaurativo, respetuoso y centrado en la dignidad del otro.
- Enfocar la misión en proyectos locales comunes: Unir a la membresía en acciones concretas de servicio humanitario, atención a la vulnerabilidad o construcción de paz en el barrio. Trabajar juntos por los marginados diluye las fronteras ideológicas.
- Practicar la hospitalidad de la mesa: Promover grupos pequeños de oración y comida en los hogares donde intencionalmente compartan personas con distintas afinidades políticas. Comer juntos humaniza la discrepancia y fortalece los lazos fraternales.
Aquí tienes una propuesta integral que combina un bosquejo de taller interactivo y una guía litúrgica. Ambos recursos están diseñados bajo la teología neoanabautista para desarmar la polarización y centrar la mirada de la comunidad en el Reino de Dios.
Parte 1: Bosquejo de Taller Comunitario
«La Política de Jesús: Discernimiento en la Diversidad»
- Duración: 2 horas.
- Ambiente: Sillas dispuestas en círculos (evitar el formato de auditorio). Una mesa en el centro con una Biblia abierta, pan y una jarra de agua.
1. Dinámica de Apertura: «El Peso de las Etiquetas» (20 minutos)
- Acción: Entrega a cada asistente dos tarjetas de papel. Pídeles que escriban los dos peores insultos o etiquetas políticas que escuchan a diario en el país (ej. «mamerto», «paraco»).
- Reflexión: El facilitador invita a romper las tarjetas en silencio y arrojarlas a una canasta.
- Enfoque: Se explica que para entrar a la comunidad hermenéutica, primero nos despojamos del lenguaje deshumanizante del imperio secular para vestirnos con el lenguaje de la gracia.
2. Estudio Bíblico Comunitario (40 minutos)
- Texto base: Lucas 6:12-16 (La elección de los doce apóstoles).
- Preguntas para el diálogo circular:
- Jesús eligió a Simón el Zelote (un nacionalista radical dispuesto a la violencia armada contra Roma) y a Mateo el Publicano (un cobrador de impuestos, visto como un traidor colaborador del imperio). ¿Cómo creen que eran sus cenas y viajes juntos?
- ¿Qué los mantenía unidos a pesar de ser enemigos políticos naturales?
- Enclave neoanabautista: La unidad del grupo no dependía de su visión sobre Roma, sino de su lealtad absoluta al Maestro.
3. Ejercicio Práctico: «El Evangelio no cabe en las Urnas» (40 minutos)
- Actividad: Divide el grupo en parejas mixtas (intenta juntar a personas que piensen diferente). Entrega una hoja con dos columnas: «Izquierda» y «Derecha».
- Instrucción: Cada pareja debe identificar un valor del Evangelio que esa postura política dice defender, y un contra-valor o peligro ético que esa misma postura representa.
- Meta: Descubrir colectivamente que ningún partido político agota el Evangelio y que todos los sistemas humanos están bajo el juicio de la Cruz.
4. Cierre y Pacto de Paz (20 minutos)
- Acción: Los participantes se acercan a la mesa central. Comparten el pan en silencio como símbolo de que la mesa del Señor es más grande que cualquier frontera electoral.
Parte 2: Guía Litúrgica para el Culto Dominical
«Una Sola Mesa, Un Solo Señor»
1. Llamado a la Adoración (Pastor o Líder)
«Hermanos y hermanas, venimos hoy de diferentes realidades, con diferentes temores, esperanzas y opiniones sobre el destino de nuestra nación. Pero aquí, en el cuerpo de Cristo, no somos identificados por un voto, una cédula o un color político. Somos los hijos e hijas de Dios, reconciliados por la cruz. Dejemos las agendas del mundo en la entrada y adoremos al único Rey eterno.»
2. Oración de Confesión Comunitaria (Al unísono)
«Señor Jesús, confesamos que a menudo hemos permitido que las ideologías de este mundo dividan nuestro corazón. Hemos mirado a nuestro hermano con sospecha y hemos llamado enemigo a quien piensa diferente. Perdonanos por idolatrar los sistemas políticos humanos y por olvidar que nuestra primera ciudadanía está en tu Reino. Transforma nuestra mente, sana nuestras iglesias y enséñanos a amar como tú nos amaste. Amén.»
3. Lectura de las Escrituras
- Pasaje: Filipenses 3:20 y Efesios 2:14-16.
- Énfasis en que Cristo derribó la pared intermedia de separación que nos dividía.
4. Oración de Intercesión por el País (Líneas compartidas)
- Por los gobernantes: «Oramos por quienes ejercen autoridad, para que gobiernen con justicia, protejan al vulnerable y busquen la paz, sin importar su color político.»
- Por la Iglesia: «Pedimos que nos des la valentía de ser pacificadores. Que cuando el país elija el odio, la iglesia elija el servicio; cuando el país elija la división, nosotros elijamos la hospitalidad.»
5. Envío y Bendición Anabautista
«Vayan a sus casas, a sus barrios y a sus lugares de trabajo. No lleven la espada de la discusión estéril, sino el escudo de la fe y el calzado de la paz. Sean levadura de reconciliación en una Colombia fragmentada. Que la gracia de nuestro Señor Jesús, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Vayan en paz.»
ACERCA DEL CORRESPONSAL
WOLFGANG A. STREICH
Lic. en Periodismo - Lambaré, Paraguay
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