
La visita del presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, a Brasil abrió una nueva etapa en la relación entre ambas economías y dejó claro que Seúl ya no mira a Sudamérica solamente como un mercado para vender productos industriales, sino como una región estratégica para garantizar alimentos, energía, minerales críticos y materias primas indispensables para sus industrias de alta tecnología. Durante su encuentro con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, celebrado en Brasilia el 27 de julio de 2026, los dos gobiernos acordaron acelerar las conversaciones para un posible acuerdo comercial entre Corea del Sur y el Mercosur, mientras avanzaron en cooperación sobre minerales críticos, tecnología, energía, agricultura, actividades espaciales y otros sectores. La agenda adquiere especial relevancia porque el comercio bilateral ya alcanzó aproximadamente US$ 10.800 millones en 2025 y porque Brasil intenta diversificar sus mercados en un escenario internacional marcado por nuevas barreras comerciales y tensiones geopolíticas.
La visita de Lee no fue una escala diplomática más. El mandatario surcoreano llegó a Sudamérica con una agenda que incluyó Brasil, Chile y Argentina, buscando profundizar relaciones con países que poseen recursos naturales y capacidades productivas complementarias a la economía coreana. Antes de iniciar la gira, Lee había señalado que la relación entre Corea del Sur y Sudamérica estaba entrando en una “nueva fase”, precisamente porque ambas regiones tienen fortalezas que pueden integrarse: el Mercosur posee agricultura, alimentos, energía y minerales críticos, mientras Corea cuenta con manufactura avanzada, tecnología digital, construcción naval, baterías e innovación.
El interés coreano puede entenderse mejor si se observa la estructura de su economía. Corea del Sur tiene alrededor de 51,7 millones de habitantes y un PIB cercano a US$ 1,9 billones, pero dispone de un territorio relativamente pequeño y depende considerablemente de las importaciones de materias primas y alimentos. El propio Ministerio de Agricultura brasileño identifica al país asiático como un mercado estratégico debido a su baja autosuficiencia alimentaria y a la creciente demanda de productos de mayor calidad y valor agregado.
Brasil, por su parte, ofrece exactamente algunos de los recursos que Corea necesita. En 2025, las exportaciones brasileñas hacia Corea estuvieron concentradas principalmente en petróleo, mineral de hierro, celulosa, soja y carnes. En sentido inverso, Brasil importó desde Corea productos de mayor intensidad tecnológica, como semiconductores, electrónicos, vehículos, autopartes y maquinaria. Es decir, existe una relación comercial que conecta directamente los recursos naturales y agroindustriales brasileños con la capacidad industrial y tecnológica surcoreana.
Un comercio de US$ 10.800 millones que todavía puede crecer
El intercambio bilateral alcanzó aproximadamente US$ 10.800 millones en 2025, de acuerdo con datos oficiales brasileños. Las exportaciones de Brasil sumaron cerca de US$ 5.500 millones, mientras las importaciones procedentes de Corea se situaron alrededor de US$ 5.300 millones. La relativa proximidad entre ambas cifras muestra que la relación comercial no está dominada por un enorme desequilibrio en una sola dirección.
Para Lula, sin embargo, ese volumen todavía está muy por debajo de lo que podrían alcanzar dos economías de semejante tamaño. Durante la reunión con Lee, el presidente brasileño sostuvo que el comercio bilateral había crecido de manera consistente y expresó su expectativa de que el intercambio aumente significativamente en los próximos años.
La diferencia está en la composición del comercio. Para Brasil, Corea representa una oportunidad de ampliar las exportaciones agropecuarias, minerales y energéticas, pero también de atraer inversiones y tecnología. Para Corea, Brasil puede convertirse en un proveedor más importante de materias primas necesarias para mantener funcionando sus cadenas industriales.
La cuestión estratégica aparece especialmente en los minerales críticos, cuya importancia ha aumentado debido a la fabricación de baterías, semiconductores, vehículos eléctricos, tecnologías digitales, sistemas de almacenamiento energético y equipamiento militar.
Minerales críticos: el verdadero tesoro que busca Seúl
Uno de los puntos más importantes de la nueva relación está precisamente debajo del suelo brasileño.
Brasil posee importantes reservas de minerales considerados estratégicos para la transición energética y la industria tecnológica. Para Corea del Sur, garantizar un suministro estable de esos materiales es cada vez más importante porque su economía depende de cadenas manufactureras globales altamente sofisticadas.
Durante la visita presidencial, instituciones brasileñas y surcoreanas avanzaron en esta agenda. La Agencia Nacional de Minería de Brasil y la Korea Mine Rehabilitation and Mineral Resources Corporation (KOMIR) firmaron un memorando para ampliar la cooperación regulatoria, técnica e institucional en el sector minero. El acuerdo contempla intercambio de conocimientos, innovación, desarrollo tecnológico, sostenibilidad, estudios técnicos y la creación de un grupo de trabajo conjunto.
Pero Brasil está intentando evitar un modelo basado únicamente en extraer minerales y enviarlos al exterior.
La posición defendida por el Gobierno brasileño es que la relación con Corea debe incorporar transferencia tecnológica, industrialización y agregación de valor dentro de Brasil. Esa diferencia es fundamental: vender mineral bruto genera ingresos por exportaciones, pero producir componentes, materiales procesados, baterías o equipos asociados a esas materias primas puede generar empleos especializados y aumentar considerablemente el valor económico retenido en el país.
Ese punto puede convertirse en una de las principales negociaciones de los próximos años.
Carne: una puerta que puede abrir un mercado asiático de enormes dimensiones
Otro de los objetivos concretos de la visita fue la apertura del mercado surcoreano para la carne brasileña.
Después de aproximadamente 17 años de negociaciones, Brasil consiguió un compromiso para que una misión sanitaria de Corea del Sur visite frigoríficos brasileños. La inspección está prevista entre el 11 y el 20 de agosto de 2026 y puede convertirse en una etapa decisiva para la habilitación de establecimientos exportadores.
Para Brasil, la importancia de este proceso va mucho más allá de vender algunos cargamentos adicionales.
Corea del Sur es un mercado de alta renta, con fuerte consumo de alimentos importados y una industria alimentaria sofisticada. El Ministerio de Agricultura brasileño señala que en 2025 el país asiático fue el 16.º principal destino de las exportaciones brasileñas del agronegocio, que alcanzaron aproximadamente US$ 2.490 millones. Entre los productos destacados aparecen farelo de soja, carne de aves, café, soja, maíz, tabaco, algodón y cuero.
La apertura de la carne bovina podría, por lo tanto, ampliar significativamente la presencia brasileña en un mercado asiático que tradicionalmente impone exigencias sanitarias elevadas.
En febrero de 2026 ya se habían producido avances técnicos entre los dos países sobre uvas, carnes y huevos, incluyendo conversaciones para auditorías y habilitación de establecimientos. Esto demuestra que la visita presidencial fue parte de un proceso que venía desarrollándose durante meses y no una negociación improvisada.
El acuerdo Mercosur-Corea que lleva años detenido
Pero el asunto de mayor alcance geopolítico es el posible Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y Corea del Sur.
Las negociaciones comenzaron oficialmente el 25 de mayo de 2018 en Seúl. Desde entonces se realizaron siete rondas negociadoras, la última entre agosto y septiembre de 2021. Después de aquella etapa, las conversaciones quedaron prácticamente paralizadas.
Ahora Brasil intenta volver a ponerlas en movimiento.
Lula y Lee acordaron crear un grupo de trabajo destinado a identificar los puntos sensibles que todavía dificultan el acuerdo y buscar mecanismos para evitar que esas diferencias impidan la reanudación de las negociaciones. Por parte brasileña, el vicepresidente Geraldo Alckmin asumirá un papel central en esa coordinación.
El problema es que un tratado de esta magnitud enfrenta intereses distintos.
Brasil y los demás países del Mercosur quieren ampliar el acceso de sus productos agrícolas, alimentarios y materias primas. Corea, al mismo tiempo, posee una industria altamente competitiva en automóviles, electrónica, maquinaria, acero, químicos y tecnología, sectores que pueden generar presión competitiva sobre industrias sudamericanas.
La consulta pública realizada por Brasil durante 2026 ya recogió posiciones de empresas y entidades sobre temas como bienes, servicios, inversiones, compras gubernamentales, reglas de origen, barreras técnicas, medidas sanitarias, facilitación del comercio y propiedad intelectual.
Por eso, la negociación será mucho más compleja que simplemente reducir aranceles.
La oportunidad y el riesgo para la industria brasileña
Para algunos sectores brasileños, un acuerdo con Corea podría abrir oportunidades extraordinarias.
El acceso preferencial a un mercado de más de 51 millones de consumidores, con elevado poder adquisitivo y una industria alimentaria desarrollada, podría beneficiar a productores de carnes, café, soja, frutas, alimentos procesados y otros productos.
Pero existe también el otro lado de la ecuación.
Las empresas brasileñas tendrían que competir con algunas de las compañías tecnológicas e industriales más avanzadas del planeta. La entrada de vehículos, componentes electrónicos, maquinaria y productos industriales coreanos podría ejercer presión sobre fabricantes brasileños menos competitivos.
Por eso, el desafío para Brasil será lograr que el eventual acuerdo no se limite a aumentar las importaciones de bienes tecnológicos, sino que genere inversiones, asociaciones empresariales y transferencia de conocimiento.
El Gobierno brasileño viene defendiendo precisamente esa estrategia: utilizar la relación con Corea para incorporar al país a cadenas globales de mayor valor agregado, en lugar de mantenerlo exclusivamente como proveedor de commodities.
La visita también tuvo una dimensión tecnológica
La relación entre Brasil y Corea no se limitó a comercio y minería. Durante la visita se firmaron acuerdos de cooperación en áreas como educación, energía, tecnología industrial, actividades espaciales y deportes, ampliando considerablemente la agenda bilateral.
La cooperación tecnológica es especialmente relevante porque Corea del Sur ha construido durante las últimas décadas uno de los modelos industriales más avanzados del mundo.
Empresas coreanas tienen posiciones relevantes en sectores como semiconductores, baterías, automóviles, electrónica, telecomunicaciones y construcción naval. Brasil, por otro lado, dispone de mercado interno, recursos naturales, capacidad agrícola, matriz energética y potencial para producir energías renovables a gran escala.
La combinación puede generar oportunidades que van mucho más allá del comercio tradicional.
El contexto internacional cambia las prioridades
Existe además una razón geopolítica para que la visita haya adquirido tanta importancia.
El comercio internacional atraviesa una etapa marcada por proteccionismo, nuevas tarifas y fragmentación de las cadenas globales de suministro. Brasil busca reducir su vulnerabilidad frente a decisiones tomadas por grandes potencias, mientras Corea del Sur necesita diversificar sus fuentes de materias primas y sus mercados.
La presión arancelaria estadounidense ha contribuido a acelerar esa búsqueda de alternativas. Reuters señaló que Brasil está intentando ampliar acuerdos comerciales, tanto individualmente como a través del Mercosur, para diversificar sus relaciones comerciales en un momento de mayores barreras estadounidenses.
Para Seúl, el problema también es estratégico: depender excesivamente de pocos proveedores de minerales, energía o alimentos puede convertirse en una vulnerabilidad en caso de crisis internacional.
La relación con Brasil permite, en ese sentido, construir una cadena de suministro más diversificada.
Brasil puede convertirse en proveedor estratégico de Asia
La dimensión más interesante de esta nueva relación es que Corea del Sur puede funcionar para Brasil como una puerta de entrada a cadenas productivas asiáticas.
Brasil ya exporta petróleo, mineral de hierro, celulosa, soja y otros productos hacia Corea. Pero la meta ahora es avanzar hacia relaciones en las que el país sudamericano participe también en procesos de transformación.
Si se concretan inversiones coreanas en procesamiento de minerales, baterías, componentes tecnológicos, energías limpias o industrias vinculadas a la transición energética, Brasil podría comenzar a capturar una parte mayor del valor generado por sus propios recursos.
Eso modificaría la lógica tradicional de la relación comercial: Brasil aporta recursos y mercado; Corea aporta tecnología, capital y capacidad industrial.
Y el Mercosur entra en una nueva fase
Para el Mercosur, la visita de Lee también tiene una lectura estratégica.
El bloque acaba de avanzar en otros acuerdos comerciales, como el tratado con Singapur, que entró en vigor para Brasil el 1 de agosto de 2026. Ese movimiento muestra que el bloque sudamericano busca ampliar su red de socios comerciales más allá de sus mercados tradicionales.
Corea del Sur sería un paso considerablemente mayor por el peso tecnológico e industrial de su economía.
Si las negociaciones finalmente avanzan, el Mercosur tendría acceso potencialmente preferencial a una de las economías más sofisticadas de Asia, mientras Corea obtendría una relación más profunda con un bloque que reúne grandes productores agrícolas, energéticos y mineros.
Para Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, la discusión será especialmente sensible porque cada economía tiene estructuras productivas diferentes y, por lo tanto, distintos intereses frente a la apertura del mercado coreano.
Antes, ahora y después
Antes, la relación entre Mercosur y Corea estaba marcada por negociaciones que comenzaron en 2018, avanzaron durante siete rondas y quedaron congeladas después de 2021. Brasil y Corea mantenían un comercio importante, pero sin el marco preferencial que permitiría ampliar considerablemente ese intercambio.
Ahora, la situación cambió. La visita de Lee Jae-myung, la creación de un grupo de trabajo para destrabar el acuerdo, los avances sanitarios para la carne, la cooperación en minerales críticos y los nuevos acuerdos tecnológicos colocaron nuevamente a Corea del Sur en una posición prioritaria dentro de la estrategia comercial brasileña.
Después vendrá la parte más difícil: convertir declaraciones políticas en acuerdos concretos.
El primer indicador será la misión sanitaria de agosto y su posible resultado para los frigoríficos brasileños. El segundo será la capacidad del grupo de trabajo para resolver las diferencias que paralizaron el acuerdo Mercosur-Corea. El tercero será comprobar si la cooperación en minerales críticos produce inversiones y transformación industrial dentro de Brasil, y no únicamente exportaciones de materias primas.
Si esos tres procesos avanzan, la visita de Lee podría terminar siendo recordada como el momento en que Brasil y Corea del Sur dejaron de tratarse principalmente como compradores y vendedores y comenzaron a construir una relación de cadenas productivas, tecnología y seguridad económica.
Para el Mercosur, el desafío será todavía mayor: aprovechar el interés de una de las grandes potencias industriales de Asia sin abrir su mercado de manera que debilite sectores productivos propios. La oportunidad existe, pero exigirá negociación cuidadosa, coordinación entre los cuatro países y una estrategia que transforme el acceso a los recursos brasileños en inversión, tecnología, empleo y mayor valor agregado para toda la región.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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