
Existen conceptos teológicos que a veces son difíciles de aterrizar en la realidad práctica del cristiano. Uno de ellos es la unión del creyente con Cristo. Se sabe poco sobre esto y, por lo tanto, también se aplica poco. Desconocer esta gran verdad es peligroso para todo cristiano. El mundo quiere formar nuestra identidad y podemos llegar a olvidar que Cristo nos ofrece una vida completamente nueva.
Por eso, es necesario que conozcamos y abracemos la doctrina de la unión con Cristo, la cual arroja abundante luz a nuestro camino en este mundo de penumbras. Esa fue mi experiencia. Tuve la oportunidad de estudiar esta doctrina y fue de gran impacto para mi vida; aún me sigue transformando meditar en ella. Por eso quiero compartirte un resumen de esta verdad y explicarte cómo se refleja en nuestro caminar.
¿Qué es la unión con Cristo?
Este es un tema que se toca profundamente en la carta de Pablo a los Romanos, pero solo quiero detenerme en una frase: «Porque si hemos sido unidos a Cristo en la semejanza de Su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de Su resurrección» (Ro 6:5).
Esta breve expresión resume la doctrina de la unión con Cristo. Pero ¿en qué consiste? ¿Qué significa morir y resucitar en Él? ¿Qué implicaciones prácticas tiene para el creyente? ¿Cómo esta verdad baja al corazón?
Crecer en santidad no es «reprimir lo que somos», sino la manifestación más elevada de la libertad en Cristo
Desde el idioma original, la palabra «unidos» (gr. σύμφυτοι) se podría traducir de manera literal como «plantados junto a» o «unidos estrechamente», lo que transmite la idea de una unión tal que transforma la identidad. En palabras del pastor John MacArthur: «Todos los cristianos, al depositar su fe para salvación en Él, han sido sumergidos espiritualmente en la persona de Cristo, es decir, unidos e identificados con Él» (Biblia de estudio MacArthur, p. 1626).
Puedes imaginarlo así: alguien a quien sus amigos han ensuciado con lodo y luego es lanzado a un río cristalino; la suciedad quedará removida por el río y todo su cuerpo empapado. Así es la unión con Cristo. Somos zambullidos en la pureza de Jesús, la cual es capaz de quitar toda nuestra indignidad y dar paso a una nueva identidad en Él.
Esta realidad espiritual está simbolizada en el bautismo: la inmersión en las aguas refleja la sepultura del viejo hombre, que ha sido crucificado junto a Cristo; la emersión refleja la resurrección del creyente junto a Cristo, para iniciar una nueva vida con una nueva identidad. Estas dos verdades enlazadas tienen implicaciones prácticas para nuestro peregrinar cristiano.
La unión con Cristo en Su crucifixión
Los que hemos puesto nuestra fe en Cristo somos nuevas criaturas y hemos recibido la morada del Espíritu Santo, lo que da inicio a un proceso de santificación que nos perfeccionará hasta el último día de nuestras vida en la tierra (Ef 1:13-14; Ro 8:9; Hch 2:38).
Esta nueva naturaleza destruye inmediatamente la relación de sometimiento que teníamos hacia el pecado; ya no somos esclavos del mal ni podemos practicar la injusticia (1 Jn 3:9-10). Sin embargo, debemos reconocer que aún queda el pecado remanente en nuestras vidas, contra el que debemos luchar. La santificación y la perseverancia irán crucificando, con arrepentimiento, los restos moribundos del antiguo hombre que aún quedan en nosotros.
Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado (Ro 6:6-7).
El pecado no debe someter más al cristiano, porque estamos unidos con Cristo en la semejanza de Su muerte. A la vez, debemos crucificar las viejas pasiones cada día con el poder del Espíritu de Dios (Ro 8:13).
La unión con Cristo en Su muerte transforma nuestra manera de vivir. Si antes solíamos ir a lugares inapropiados, ahora permanecemos en lugares donde Cristo es exaltado. Si antes mirábamos contenido peligroso, ahora declaramos que no pondremos nuestros ojos en nada que no refleje la justicia de Dios. Si antes intimaba con malas compañías, ahora prefiero el hierro de mi hermano en la fe que me pule a la imagen de Cristo.
Estar muertos el pecado y crecer en santidad no es «reprimir lo que somos», sino la manifestación más elevada de la libertad en Cristo. El dominio de la esclavitud del pecado se ha quedado en el sepulcro y hoy vivimos en pos de nuestra santificación.
La unión con Cristo en Su resurrección
El viejo yo ha quedado sepultado, por gracia de Dios. Ahora viene el nuevo yo, dotado de novedad de vida, para hacer lo que antes no podía: agradar a Dios.
Porque en cuanto a que [Jesús] murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto Él vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesus (Ro 6:9-11).
El punto de Pablo es que debemos avanzar en una vida nueva, hacia la que Cristo avanzó en Su resurrección al consumar nuestra redención. Esta es una vida que ya no sufriría la muerte. De manera similar, los que hemos puesto nuestra fe en Él y andamos en una vida nueva, no debemos volver a participar en aquello que conduce a la muerte.1
La unión con Cristo no solo significa la muerte de lo que éramos, sino también un progreso constante en una nueva identidad
Por lo tanto, la unión con Cristo no solo significa la muerte de lo que éramos, sino también un progreso constante en una nueva identidad. Este es el progreso de la santificación, que se hace evidente en un carácter de obediencia e integridad.
Nuestra nueva naturaleza camina en los mandamientos de Dios y se deleita en Él. Esto significa, entre otras cosas, que vamos cultivando nuestra vida de oración, la lectura y meditación de la Escritura, así como buscamos dedicarnos a reflexionar en lo que Dios requiere de nosotros, crecer en una comunidad de fe y buscar el consejo de hermanos maduros. Así luce una nueva vida en Cristo.
Los creyentes debemos abrazar esta nueva manera de vivir, para la gloria de Dios. Debemos amar y desear la santidad, con la esperanza de ser formados como Cristo hasta el día de nuestra glorificación.
Ten esperanza
La unión con Cristo en Su muerte y resurrección es una doctrina que, al abrazarla y entenderla, trazará el camino que nuestra salvación demanda por la sangre de Cristo. Aquí la abordé de manera breve, pero espero que esto mueva tu curiosidad para seguir aprendiendo sobre esta verdad.
Los creyentes estamos entendiendo nuestra identidad todavía, y los placeres de este mundo y la presión social luchan por trazar nuestro camino. Sin embargo, saber que hemos muerto con Cristo y resucitado a una nueva vida debe impactar la manera en que vivimos. Y la historia continúa hasta que seamos transformados a la imagen de Cristo por toda la eternidad. Esa es nuestra esperanza.
Juan de Dios Moronta
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/union-cristo-explicacion/
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