
Al escribir esto, me encuentro en un avión, recorriendo las treinta y seis horas de viaje de regreso a la República Dominicana tras dos semanas de investigación doctoral en Indonesia. Mi enfoque principal fue el hinduismo, pero también observé de cerca el islam y el budismo, los cuales moldean la vida cotidiana de millones de personas en aquel país.
Mientras vuelo, reflexiono sobre la maravillosa oportunidad que Dios tiene preparada para mis hermanos y hermanas hispanohablantes. La oportunidad de llevar el evangelio a Indonesia, plantar iglesias y ver a Jesús conocido y adorado en un país oscurecido por la pluralidad religiosa y el engaño espiritual.
En otras palabras, esta experiencia me ha convencido de que Indonesia representa un campo misionero estratégico y urgente que las iglesias hispanohablantes no pueden ignorar.
Una lamentable realidad espiritual
Quizás te sorprenda, pero Indonesia es el país musulmán más grande del mundo y cuenta con más de 260 grupos étnicos no alcanzados, muchos de ellos sin un testimonio evangélico claro. Miles de islas permanecen en densas tinieblas espirituales. Aunque hay iglesias evangélicas en algunas zonas urbanas, la gran mayoría de la población carece de acceso al evangelio de la gracia.
La oscuridad es profunda y compleja. El islam, el hinduismo y el budismo dominan la vida pública, pero bajo estas religiones late un animismo fuerte que impregna cada aspecto de la existencia. La gente vive en una búsqueda constante de apaciguar a los espíritus y de mantener el equilibrio entre los dioses, la creación y los demás seres humanos.
Cada mañana, pude observar cómo las familias preparaban con devoción pequeñas ofrendas frente a sus templos familiares. Estos altares, adornados con gran detalle y ornamentación, estaban llenos de imágenes de dioses y espíritus ancestrales. Era un ritual diario porque, como me compartió un hindú balinés, esperan acumular suficiente mérito para tener una mejor vida en su próxima reencarnación. Sin embargo, lo dijo con tristeza, reconociendo que, a pesar de todos sus esfuerzos, todavía no había hecho lo suficiente.
Esta religiosidad también se manifiesta en su impresionante arquitectura sagrada. Templos hindúes imponentes, mezquitas majestuosas y pagodas budistas llenan el paisaje, mientras las llamadas a la oración resuenan cinco veces al día. Hay una devoción visible y constante. Sin embargo, detrás de tanta actividad religiosa hay una esperanza que no satisface y una religión que no salva. Los corazones dan gloria a dioses falsos mientras el Dios verdadero permanece desconocido. Esta realidad nos confronta con la soberanía de Dios sobre todas las naciones y con la urgencia de cumplir la gran comisión.
Indonesia no es solo un desafío misionero; es un recordatorio vivo de la ceguera espiritual que solo el evangelio de Jesucristo puede vencer. Como latinos, también tenemos el privilegio y la responsabilidad de llevar la luz del evangelio a pueblos que, como muchos en nuestro propio continente, viven bajo sistemas religiosos que prometen paz, pero terminan en el vacío y la esclavitud.
La oportuna realidad misiológica
Dios no solo llama, sino que también prepara el camino. En Indonesia, Dios ha dispuesto varias ventajas prácticas que benefician especialmente a los obreros hispanohablantes. A continuación, comparto cuatro que me parecen cruciales para animar a nuestras iglesias.
1. Experiencia colonial compartida. Durante mi investigación, escuché numerosas referencias sobre cómo el colonialismo holandés moldeó profundamente la cultura indonesia, un tema que resuena fuertemente con nuestra propia experiencia latinoamericana bajo el colonialismo español y portugués. Ambos contextos comparten legados de dominación europea, imposición cultural y explotación económica, así como una compleja interacción entre la fe cristiana traída por los colonizadores y las religiones locales. Esta historia compartida crea un puente natural para la comprensión mutua.
2. Similitudes fonéticas. El idioma indonesio ofrece una notable ventaja lingüística. Comparte no solo vocabulario con el español —palabras como meja (mesa), bola (bola), gratis (gratis), sabun (jabón) y sekolah (escuela)—, sino también elementos de sintaxis y de pronunciación fonética. Tanto el indonesio como el español son idiomas altamente fonéticos, en los que se lee casi exactamente como se escribe, y la pronunciación de las letras del alfabeto es muy similar. Esto hace que el proceso de aprendizaje sea considerablemente más accesible para los hispanohablantes.
3. Adaptación climática. El clima tropical, con su calor húmedo y vegetación exuberante, también nos resulta familiar a muchos latinoamericanos. Los compañeros que fueron conmigo a Indonesia se abrumaban con el calor, pero yo me sentía en casa. Todo me recordaba a mi contexto en la República Dominicana. Aunque parezca menor, el detalle climático es importante para una buena adaptación de los potenciales misioneros.
4. Sostén económico accesible. El costo de vida relativamente bajo en Indonesia reduce significativamente la barrera económica. Así que, iglesias medianas y pequeñas en América Latina pueden sostener de manera fiel a una familia misionera a largo plazo sin la presión financiera que enfrentan en otros campos.
Un llamado a las iglesias hispanohablantes
Nuestras iglesias conocen bien lo que significa proclamar el evangelio en medio de la religiosidad nominal y el sincretismo. Esa experiencia nos da una sensibilidad única que será de gran utilidad en otras regiones del mundo. Además, hemos aprendido a depender del Espíritu Santo en medio de desafíos intensos y valoramos las relaciones familiares cercanas, algo muy apreciado en Indonesia.
Mi propósito al transmitir estas ideas es que las iglesias hispanohablantes vean a Indonesia no como un lugar lejano y extraño, sino como una oportunidad estratégica y real que Dios está colocando delante de nosotros. Un campo en el que nuestra calidez relacional, nuestra experiencia con el calor tropical, nuestra historia compartida de colonialismo, nuestra ventaja lingüística y nuestra dependencia del Espíritu pueden aprovecharse con gran eficacia para Su gloria.
Oremos para que el Señor levante un ejército de misioneros hispanohablantes dispuestos a llevar el evangelio a las islas de Indonesia. Que muchos jóvenes y familias escuchen el llamado y respondan con gozosa obediencia. Porque en medio de ofrendas diarias que no salvan, templos impresionantes y oraciones que no alcanzan, millones de almas esperan conocer al único Salvador que realmente satisface.
Publicado por: Craig McClure
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/oportunidades-misioneras-indonesia/
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