
La aplicación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea ha generado una competencia interna entre los socios del bloque por aprovechar las cuotas preferenciales de exportación, y los primeros resultados muestran a Argentina y Uruguay capturando la mayor parte de los cupos, lo que genera un creciente malestar en Brasil. La Argentina y Uruguay agotaron el cupo de 6.667 toneladas de arroz asignado al Mercosur para exportar a la Unión Europea en 2026. Argentina abarcó casi el 40% del beneficio arancelario, mientras que Uruguay tomó el 63%. Además, Argentina ya había agotado los cupos asignados para la miel y los huevos. La confirmación llegó desde el Departamento de Operaciones de Comercio Exterior del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio de Brasil, que informó que «ya no se aceptarán nuevas solicitudes de licencias de exportación con preferencia arancelaria porque el contingente quedó agotado antes de lo previsto». Este agotamiento anticipado de las cuotas demuestra la enorme demanda que el acuerdo despertó entre los exportadores del bloque.
La velocidad con que se agotaron las cuotas revela tanto el éxito del acuerdo como las tensiones que su implementación genera. El sistema de «primero llegado, primero servido» que rige en ausencia de una distribución acordada por país favorece a los exportadores con mayor capacidad operativa y logística, y los frigoríficos y exportadores argentinos y uruguayos demostraron estar mejor preparados para activar el régimen preferencial desde el primer día. Esta ventaja competitiva de los países del Plata sobre Brasil en ciertos segmentos agroindustriales es la que genera el malestar en el mayor socio del bloque, que ve cómo sus vecinos capturan beneficios que considera desproporcionados respecto a su peso económico relativo dentro del Mercosur.
La celebración política de los logros exportadores no se hizo esperar en Argentina y Uruguay. Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado de Argentina, celebró el agotamiento del cupo de arroz con un mensaje en la red social X: «¿También nos llevamos la cuota del arroz? Gracias presidente Javier Milei por mostrar que la libertad es el camino. ¡VLLC!», escribió. Por su parte, el presidente uruguayo Yamandú Orsi destacó que su país se quedó con el 63% del total de la cuota anual de arroz con preferencias arancelarias asignada por Europa: «Hoy podemos gritar un gol», publicó el mandatario en su cuenta de X. Estas celebraciones públicas de los líderes argentinos y uruguayos, aunque comprensibles desde la perspectiva de cada país, evidencian la naturaleza competitiva que ha adquirido la implementación del acuerdo dentro del propio bloque, transformando un logro colectivo en una disputa por la captura de beneficios individuales.
El malestar brasileño tiene fundamentos que van más allá de la simple rivalidad. La noticia del agotamiento de las cuotas generó malestar en sectores productivos de Brasil, que observan una mayor presencia argentina en segmentos agroindustriales del mercado europeo. En el país vecino atribuyen este avance argentino a una combinación de competitividad, apertura comercial y cumplimiento sanitario. Este dato apareció pocos días después de otro revés para Brasil en su vínculo comercial con Europa: la Unión Europea excluyó recientemente a Brasil de las exportaciones de carne y productos animales por cuestiones relacionadas con el uso de antimicrobianos. La combinación de ambos hechos —la ventaja argentina en las cuotas y la suspensión de ciertas exportaciones cárnicas brasileñas— configura un escenario en que Brasil percibe que está perdiendo terreno frente a sus socios en el aprovechamiento del acuerdo que el propio gobierno de Lula contribuyó decisivamente a cerrar.
La disputa por las cuotas confirma la urgencia de que la cumbre del 30 de junio formalice un sistema de distribución equitativo y vinculante. La experiencia de los primeros meses de aplicación del acuerdo demuestra que el sistema de «primero llegado, primero servido» concentra los beneficios en los actores más preparados y genera tensiones internas que erosionan la cohesión del bloque. Un sistema de subcuotas nacionales que garantice a cada país una porción equitativa del acceso preferencial al mercado europeo es la solución que los cancilleres deben acordar antes de la cumbre, para evitar que la competencia por las cuotas se convierta en una fuente permanente de conflicto entre los socios. La gestión de esta disputa será una prueba de la capacidad del Mercosur para distribuir equitativamente los beneficios de sus acuerdos externos, que es la condición básica de cualquier proyecto de integración que aspire a ser algo más que una simple zona de libre comercio.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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