Siete semanas separan al Mercosur de su Cumbre presidencial de julio, el evento que celebrará el 35.º aniversario del Tratado de Asunción y que se perfila como el más importante en décadas por la confluencia de logros y tensiones que el bloque necesita gestionar simultáneamente. La lista de logros es impresionante: el acuerdo con la UE en vigor desde el 1 de mayo, la X Ronda del TLC con Canadá completada con cinco capítulos en la recta final, el Gasoducto Bioceánico avanzando con respaldo técnico y diplomático de los tres países involucrados, el SISME respaldado unánimemente por todos los ministros de seguridad del bloque, y la Secretaría Técnica del Camino de los Jesuitas inaugurada como hito del turismo cultural integrado. La lista de tensiones irresueltas es igualmente larga: Bolivia en crisis democrática con el Protocolo de Ushuaia activado, la cuota de carne sin distribución acordada entre los socios, el FOCEM sin presupuesto definitivo para su segunda generación, el acuerdo bilateral Argentina-EEUU con compatibilidad jurídica todavía en cuestión ante el Tribunal Permanente de Revisión, y el TLC uruguayo con el CPTPP que avanza con el respaldo tácito de Argentina pero sin la bendición formal del bloque.
El Parlasur, en su sesión del 1 de junio, inició la discusión sobre sus propias atribuciones frente al Consejo del Mercado Común — una discusión que los presidentes deberán recoger en julio si quieren que el bloque tenga los instrumentos de legitimidad democrática necesarios para gestionar su nueva dimensión global. La Cumbre de julio tendrá que elegir entre dos modelos de celebración: el que solo festeja los éxitos externos y pasa por alto las tensiones internas, y el que usa el aniversario para hacer el balance honesto que 35 años de historia exigen. El primer modelo es políticamente más cómodo y mediáticamente más atractivo. El segundo es institucional y democráticamente más necesario. La historia de la integración regional latinoamericana muestra que los bloques que celebraron sin corregir terminaron pagando el costo de sus omisiones en la siguiente crisis.
La situación boliviana es quizás el test más inmediato y más revelador de cómo el Mercosur gestionará su nueva condición de actor global con tensiones internas activas. Bolivia está en proceso de adhesión plena, tiene el litio y el gas que Europa necesita para su transición energética, y está viviendo una crisis de gobernabilidad que el Parlasur ya calificó como amenaza al orden democrático. El Consejo del Mercado Común tendrá que pronunciarse antes de julio sobre si la crisis boliviana activa formalmente el Protocolo de Ushuaia o si puede ser gestionada con los instrumentos de persuasión y diálogo que el bloque prefiere usar antes de llegar a las sanciones. Esa decisión no es solo técnica: es política en el sentido más profundo del término, porque define qué tipo de comunidad democrática quiere ser el Mercosur y con qué seriedad aplica sus propios principios cuando el hacerlo tiene costos.
El Mercosur de 35 años es indudablemente más exitoso, más conectado al mundo y más relevante geopolíticamente que en cualquier otro momento de su historia. Y es también más expuesto, más vigilado y más exigido que nunca: por los agricultores europeos que temen su competencia, por los ciudadanos de sus propios países que preguntan qué cambia en su vida cotidiana, por Bolivia que necesita su solidaridad democrática, por las mujeres agricultoras que quieren beneficios reales del acuerdo con Europa. Responder a todas esas exigencias simultáneamente, con coherencia y sin sacrificar unos intereses por otros, es el desafío más complejo que los presidentes del bloque llevarán a la mesa de Asunción en julio. Y ese desafío, más que cualquier logro que celebren, definirá si el Mercosur merece los próximos 35 años que está comenzando a construir.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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