
El Mercosur está a semanas de completar una hazaña sin precedentes en sus treinta y cinco años de historia: la firma de dos Tratados de Libre Comercio en un mismo año calendario. El acuerdo con la Unión Europea entró en vigor el 1.º de mayo. El acuerdo con Canadá, cuya IX Ronda de Negociaciones se celebró en Brasilia entre el 27 y el 30 de abril con cierre de tres capítulos técnicos, está según los propios negociadores a pocas semanas de alcanzar un texto final que pueda ser presentado a los presidentes de los cinco países del bloque para su firma política. Si ese texto final se completa antes de agosto —como confían los equipos técnicos de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay— el acuerdo podría ser firmado en la Cumbre de julio de Asunción, donde coincidiría con el 35.º aniversario del Tratado de Asunción en una ceremonia de una dimensión histórica que ningún gobierno del bloque podría ignorar. Funcionarios gubernamentales de Canadá, Argentina y Brasil confirmaron a la agencia Reuters que esperan que el acuerdo se cierre en 2026, con uno de ellos señalando que las conversaciones avanzan a buen ritmo y podrían concluir antes de septiembre. Otro funcionario, destinado en Brasil, declaró que las negociaciones avanzan a «una velocidad récord» y que los países probablemente lleguen a un acuerdo este año.
La X Ronda de Negociaciones, que según fuentes del Ministerio de Desarrollo de Brasil se celebrará en las próximas semanas, tiene como objetivo completar los capítulos que quedaron pendientes en la IX Ronda de Brasilia: principalmente las reglas de origen para productos industriales complejos, el capítulo de propiedad intelectual —donde las diferencias entre la posición canadiense y la del Mercosur sobre protección de datos de prueba farmacéuticos son todavía significativas— y el acceso a mercados de servicios financieros. La clave del acuerdo con Canadá está en la alta complementariedad económica entre ambos bloques: el Mercosur produce lo que Canadá necesita importar —alimentos, minerales, energía— y Canadá produce lo que el Mercosur necesita importar —maquinaria avanzada, tecnología limpia, servicios financieros y productos farmacéuticos. Esta complementariedad es el motor que hace que ambas partes tengan fuertes incentivos para cerrar el acuerdo, más allá de las coyunturas políticas de cada gobierno.
El factor geopolítico que aceleró las negociaciones sigue siendo tan relevante en junio de 2026 como lo era cuando se reanudaron en octubre de 2025: Canadá necesita diversificar sus mercados para reducir su dependencia histórica de Estados Unidos, que en los dos años de la administración Trump ha demostrado ser un socio comercial mucho menos predecible y mucho más costoso de lo que Ottawa habría imaginado. El acuerdo con el Mercosur no reemplaza la relación comercial con Washington, que seguirá siendo la más importante para Canadá por razones geográficas e históricas irrenunciables, pero sí le da a Ottawa un mercado alternativo de 300 millones de consumidores que puede absorber exportaciones que el mercado estadounidense ya no puede recibir bajo el nuevo régimen de aranceles recíprocos. Para el Mercosur, el acuerdo con Canadá tiene además una dimensión simbólica importante en el año del 35.º aniversario: confirma que el bloque ha transformado su política exterior de manera estructural y que el dinamismo negociador de 2025–2026 no es un episodio excepcional sino el comienzo de una nueva era de inserción comercial global.
El acuerdo con Canadá también tiene implicaciones directas para la relación Argentina-Mercosur, que vive su momento de mayor tensión en años. Si Argentina firma el acuerdo con Canadá como parte del bloque —confirmando así su membresía activa y su compromiso con la negociación colectiva— esa firma envía una señal de que el gobierno Milei todavía considera el Mercosur como su marco principal de inserción internacional, más allá del acuerdo bilateral con Washington. Si Argentina se mantiene al margen del proceso de firma —lo que no está en el horizonte inmediato pero que sus socios monitorean con atención— la señal sería la opuesta. La Cumbre de julio será, entre otras cosas, la prueba de si Argentina firma junto al bloque o si prefiere la foto individual con cada socio, lo que en el lenguaje de la integración regional tiene consecuencias que trascienden ampliamente los efectos comerciales de cualquier acuerdo específico.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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