
Existe una contradicción política de primer orden que está en el corazón de la relación entre Argentina y el Mercosur en 2026, y que merece ser analizada con la honestidad que el momento requiere: el país que más activamente promovió la apertura comercial del bloque, que se posicionó como el motor de la reforma interna del Mercosur y que celebró con más entusiasmo el acuerdo con la Unión Europea, es simultáneamente el que más amenazas lanza contra la propia existencia del bloque si no consigue adaptarlo a sus necesidades ideológicas. El presidente Milei, en la ceremonia de firma del acuerdo en Asunción en enero de 2026, calificó la firma como un punto de partida para una agenda más amplia de vinculación económica con otros actores internacionales, declarando: «Celebramos haber alcanzado un objetivo, pero sobre todo, estamos ratificando un rumbo. Argentina eligió la apertura, la competencia.» Esa misma Argentina que «eligió la apertura» es la que, según las informaciones filtradas por el propio oficialismo, planea retirarse del bloque si las elecciones de octubre le dan la mayoría parlamentaria necesaria para hacerlo. La incoherencia entre celebrar el acuerdo con Europa —que requirió la membresía argentina en el Mercosur— y planear abandonar el bloque que hizo posible ese acuerdo es la contradicción más desconcertante de la política exterior argentina en 2026. La Nación
La flexibilización del Arancel Externo Común del Mercosur ha sido objeto de discusión entre los gobiernos del bloque. Hay tensiones entre posiciones favorables a una mayor apertura comercial —asociadas a Argentina y Uruguay— y una postura brasileña más cautelosa ante una reducción general del AEC. Esta tensión sobre el AEC es la que mejor ilustra el problema de fondo: Argentina quiere un Mercosur más abierto y más flexible que permita a sus miembros negociar individualmente con terceros; Brasil quiere un Mercosur que proteja sus industrias domésticas de la competencia extranjera que un AEC más bajo permitiría. Los dos modelos son incompatibles, y ninguno de los dos países tiene la capacidad de imponer su visión al otro. El resultado es el statu quo: un bloque que avanza lentamente porque sus dos miembros más grandes tienen visiones estructuralmente diferentes sobre lo que debería ser. Prensa Mercosur
En X, el economista argentino especializado en comercio internacional @JuanPabloZM publicó esta semana un análisis que acumuló más de 9.000 interacciones: «Argentina firmó el mayor acuerdo de libre comercio de su historia dentro del Mercosur. Eso es posible solo porque el Mercosur existe y tiene peso negociador colectivo. Retirarse del bloque para negociar bilateralmente con EEUU es como abandonar el equipo que acaba de ganar el mundial para jugar fútbol solo.» Su comparación futbolística resonó especialmente en las redes sociales brasileñas y uruguayas, donde fue retwitteada con comentarios de apoyo que reflejan la preocupación genuina de los socios del bloque ante las intenciones del gobierno argentino.
La paradoja argentina en el Mercosur de 2026 es, en última instancia, la expresión más clara de la tensión irresuelta entre la soberanía nacional y la integración colectiva que el bloque enfrenta desde sus orígenes. El Mercosur siempre fue un proyecto construido sobre la tensión entre los que quieren más integración y más cesión de soberanía, y los que quieren los beneficios de la integración sin pagar el costo de la soberanía compartida. Milei representa la versión más extrema de los segundos: quiere los beneficios del mercado regional, quiere los acuerdos que el bloque negocia colectivamente, pero rechaza las reglas y los compromisos que hacen posibles esos beneficios. El vicepresidente de Bolivia Rodrigo Paz sostuvo en Asunción: «No abandonaremos a Bolivia ni al Mercosur para tener un mejor futuro para nuestros pueblos.» Esa afirmación, pronunciada en el mismo escenario donde Argentina firmó su adhesión al acuerdo con la UE, funciona como el contrapunto más elocuente de la ambigüedad argentina: un país en proceso de adhesión que llega con determinación y entusiasmo al mismo bloque que un miembro fundador amenaza con abandonar. Esa imagen —Bolivia llegando mientras Argentina amenaza con irse— resume en un solo momento toda la complejidad del Mercosur en su 35.º año de existencia. La Nación
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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