
La celebración del mayor acuerdo comercial de la historia del Mercosur tiene un telón de fondo económico que los comunicados oficiales del bloque raramente mencionan pero que los mercados financieros internacionales están monitoreando con creciente preocupación: Brasil, el país que representa el 70% del PIB del bloque, enfrenta en 2026 su mayor desafío fiscal en décadas, en un año electoral que reduce dramáticamente los incentivos políticos para los ajustes necesarios. Los datos de Trading Economics son categóricos: las exportaciones de Brasil crecieron un 15,6% interanual en febrero de 2026, impulsadas por minería y agricultura, pero ese desempeño exportador coexiste con una situación fiscal doméstica que la calificadora Fitch Ratings proyecta como la más deficitaria de toda América Latina. La paradoja de un país que exporta a ritmo récord mientras sus finanzas públicas se deterioran no es nueva en la historia latinoamericana, pero en el caso de Brasil 2026 tiene una especificidad preocupante: el año electoral de octubre genera presiones de gasto público —expansión del Bolsa Família, anuncio de nuevas obras de infraestructura, aumentos de salarios del sector público— que contradicen la disciplina fiscal que los mercados exigen. Perfil
La situación fiscal de Brasil tiene consecuencias directas para el Mercosul que van más allá de la salud económica del mayor socio del bloque. Un Brasil con problemas fiscales severos tiene menor capacidad de aportar al FOCEM y menor margen para negociar compensaciones con los socios menores del bloque en la distribución de los beneficios del acuerdo con la UE. La propuesta brasileña de reducir el presupuesto del FOCEM de 100 a 30 millones de dólares anuales —que Paraguay y Uruguay rechazaron como «una señal negativa para la integración»— es directamente coherente con la restricción fiscal que el gobierno Lula enfrenta en 2026: si el déficit público sigue creciendo y la deuda pública se acerca al 95% del PIB como proyecta el Banco Mundial, Brasil simplemente no puede mantener su aportación histórica al fondo de solidaridad del bloque sin sacrificar otros compromisos de gasto doméstico que son políticamente más urgentes en un año electoral.
El impacto sobre la inversión privada es igualmente preocupante. Desde la perspectiva del Eurasia Group, la decisión de la Corte Suprema de Brasil de declarar inelegible a Bolsonaro hasta 2030 ha eliminado la amenaza más directa para la continuidad del proyecto Lula en el Mercosur. Sin embargo, el surgimiento de Flávio Bolsonaro y especialmente de Tarcísio de Freitas como candidatos de la derecha con un estilo más institucional plantea al Mercosur el escenario de un cambio de política sin la confrontación abierta de los años 2019–2022. Para los inversores europeos que están evaluando dónde colocar sus capitales en el Mercosur después del acuerdo, la combinación de déficit fiscal elevado y incertidumbre electoral en Brasil es un factor de riesgo que reduce el apetito por inversiones de largo plazo. El mayor desafío del Mercosur en los próximos meses no es la ratificación europea del acuerdo en Bruselas; es la estabilidad macroeconómica y política de su mayor socio, que es condición sine qua non para que el acuerdo genere los flujos de inversión que sus proponentes prometen. elDiario.es
La tasa Selic —que el Banco Central de Brasil mantiene en el 14,5% anual— es el otro indicador que preocupa. Con esa tasa de referencia, el costo del crédito para las empresas brasileñas que quieren invertir en capacidad exportadora es excesivamente alto, lo que frena exactamente el tipo de expansión productiva que el acuerdo con la UE requeriría para materializar su potencial. Los exportadores que necesitan financiamiento para ampliar su escala de producción, modernizar su equipamiento o certificar sus procesos según los estándares europeos se enfrentan a un sistema financiero doméstico donde el costo del dinero es 10 veces mayor que en Europa. Resolver esa brecha de competitividad financiera entre el Mercosur y la UE es tan urgente para el éxito del acuerdo como cualquier reducción arancelaria, y es un problema que solo las políticas macroeconómicas domésticas de Brasil —no el tratado en sí mismo— pueden abordar. La buena noticia es que el Banco Central ya comenzó a reducir la Selic; la mala es que ese proceso es lento y la brecha de financiamiento seguirá siendo un obstáculo real por varios años.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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