
Por décadas, la campaña contra la garrapata (Rhipicephalus microplus) ha sido uno de los mayores dolores de cabeza para la ganadería nacional. Sin embargo, los resultados están a la vista: el parásito sigue ganando terreno y el sector productivo se encuentra en una encrucijada que exige un cambio radical de paradigma.
Dos realidades productivas, una sola política equivocada
Para trazar una estrategia país inteligente, primero debemos reconocer la heterogeneidad del territorio. Es innegable que existen predios limpios de garrapata, zonas libres que es imperioso defender y mantener como tales, extremando los controles para evitar el ingreso del parásito.
Sin embargo, en paralelo, existe un país ganadero que ya convive y debe seguir conviviendo con la garrapata. A ese productor, que da la batalla en el día a día en zonas endémicas, no podemos seguir atándole las manos. Las políticas públicas actuales, basadas en restricciones asfixiantes y sanciones persecutorias, no han frenado al ácaro; solo han logrado desanimar, presionar y castigar económicamente a quien produce.
El factor forestal: ¿Causalidad o casualidad?
Al analizar el mapa de la infestación actual, salta a la vista un dato clave: las zonas más afectadas por la garrapata coinciden con las regiones ampliamente forestadas del país. Lejos de ser una mera coincidencia, responde a una clara causalidad biológica y operativa:
* El microclima ideal: Debajo de la masa forestal se genera un ambiente protegido del sol directo y del viento, manteniendo niveles de humedad y temperatura estables. Este ecosistema es el invernadero perfecto para la supervivencia y proliferación de los huevos y larvas del ácaro en el suelo.
* Dificultad de manejo: A este entorno favorable para el parásito se le suma una cruda realidad estructural en esos predios: la falta de instalaciones adecuadas para el trabajo con el ganado y la escasez de personal para recorrer y manejar de forma eficiente las haciendas entre los montes. Sin infraestructura ni brazos suficientes, el control tradicional se vuelve una misión imposible.
El fracaso de las políticas tradicionales y la crisis de la resistencia
Las sucesivas políticas de control y erradicación impuestas por los diferentes gobiernos no han dado el resultado esperado. Lejos de contenerse, la garrapata se ha extendido. Pero el escenario actual es aún más complejo: la aparición de resistencia a múltiples específicos veterinarios (multirresistencia).
Hoy en día, el productor se encuentra de manos atadas. Las herramientas químicas tradicionales que antes funcionaban con eficacia han ido perdiendo poder, dejando al ganadero en una situación de total incertidumbre.
Los únicos beneficiados…
En medio de este escenario de control frustrado, donde el productor pierde dinero, el rodeo pierde salud y el país pierde mercados, cabe preguntarse quién gana. La respuesta es clara: los únicos que se han visto beneficiados en toda esta historia son los laboratorios químicos y veterinarios.
La dependencia absoluta de los tratamientos químicos, impulsada por las propias normativas, ha generado un flujo constante de recursos desde el bolsillo del productor hacia las empresas proveedoras de específicos. El ganadero compra un producto tras otro en un intento desesperado por cumplir con las exigencias sanitarias, mientras el parásito se vuelve más fuerte y las ganancias de los laboratorios se siguen multiplicando.
El error conceptual, la “bala de plata” y la frontera de los alambrados:
Resulta biológicamente ilógico intentar controlar a la garrapata basándose únicamente en la aplicación de productos químicos sobre el animal, cuando el 90% de la población de garrapatas se encuentra en el campo (en forma de huevos y larvas en las pasturas) y solo el 10% está sobre el ganado. Tratar al animal continuamente es mirar apenas la punta del iceberg.
Aun si un productor decidiera asumir el enorme desafío económico y enfocar la erradicación total en su establecimiento mediante la utilización de específicos veterinarios de alto costo, el riesgo de fracaso sigue siendo altísimo. La garrapata no respeta alambrados. El tránsito de fauna silvestre, el movimiento involuntario de tropas vecinas o el simple arrastre de larvas hacen que los límites de un predio sean biológicamente permeables. Gastar fortunas de forma individual en un entorno infestado no garantiza el éxito.
Es cierto que existe una alternativa de alta eficacia en el mercado: el fluralaner. Este principio activo se presenta hoy como la gran “bala de plata”. Sin embargo, su adopción masiva choca de frente con la realidad:
* El impacto económico: Con un costo estimado de USD 50 por animal al año para lograr un control efectivo, esta solución se vuelve prohibitiva y representa una enorme presión financiera para el productor.
* La resistencia anunciada: De mantenerse la misma lógica de presión química constante sobre ese 10% de población aparente, el fluralaner sufrirá inevitablemente el mismo destino que todos los demás específicos veterinarios anteriores: la garrapata terminará generando resistencia. La biología del ácaro ya ha demostrado que ningún químico es infalible a largo plazo.
El verdadero enemigo: La tristeza parasitaria y el éxito de la hemovacunación
Es fundamental poner los problemas en su justa balanza. Si bien la garrapata es sumamente perjudicial por su carácter hematófago —provocando anemia, debilidad y pérdida de peso en los vacunos por la succión de sangre—, el principal y más devastador problema no es lo que el ácaro extrae, sino lo que introduce: el complejo de la tristeza parasitaria (babesiosis y anaplasmosis), que causa la muerte masiva de los animales.
El gran error táctico que hemos cometido como país es que seguimos corriendo de atrás a la garrapata, enfocando los esfuerzos y los recursos en combatir al vector en lugar de blindar al rodeo contra la enfermedad que realmente destruye el capital del productor y de la economía nacional.
En las zonas endémicas, la experiencia de campo ya ha demostrado cuál es el verdadero camino: la hemovacunación ha sido, es y será la solución definitiva para el productor.
La inmunización a través de la vacuna congelada o de la vacuna desarrollada por el Laboratorio Rubino constituye el auténtico “seguro de vida” ganadero. Al proteger a los animales contra la enfermedad clínica, la mortandad se reduce drásticamente. Esto cambia radicalmente las reglas del juego: quita la desesperación y el miedo a las muertes del camino, permitiendo realizar un manejo del ácaro mucho más racional, estratégico y sustentable, perfectamente adaptado a las limitaciones propias de cada realidad e inmune a las fallas de los alambrados linderos.
El peligro de los residuos y la exigencia de los mercados
No podemos seguir sosteniendo políticas públicas basadas exclusivamente en un combate frontal e intensivo mediante químicos, y al mismo tiempo pretender que no aparezcan residuos en la carne.
Hoy, la economía del país depende críticamente de las exportaciones cárnicas. Los mercados internacionales más exigentes y de mayor valor son sumamente estrictos con los límites de residuos biocidas. Continuar presionando el ecosistema ganadero y el organismo de los animales con cócteles de productos químicos para intentar “exterminar” a un parásito que vive mayoritariamente en el suelo y bajo los árboles es poner en riesgo el estatus sanitario y comercial del que dependemos todos.
Conclusión: Hacia un nuevo paradigma
Es hora de aceptar que la erradicación total bajo el esquema actual es una utopía costosa y biológicamente inviable. El camino hacia adelante exige:
- Diferenciar las políticas: Proteger con celo los predios limpios, pero dejar de presionar con multas y sanciones al productor obligado a convivir con el problema en zonas complejas.
- Masificar la hemovacunación: Reconocerla oficialmente como la solución soberana en zonas endémicas para mitigar el verdadero impacto económico, que es la tristeza parasitaria y la muerte del ganado, quebrando al mismo tiempo la dependencia comercial con los laboratorios químicos.
- Aliviar la presión química: Entender la dinámica del parásito en el pasto, proteger la inocuidad de nuestra carne, cuidar los mercados externos y prolongar la vida útil de las pocas herramientas que aún funcionan.
Autoridades, productores y profesionales estamos en el mismo barco, no vale por tanto extrapolar culpas sobre la situación actual en la cual cada uno por acción u omisión tiene parte de ella y de la solución.
*Médico Veterinario, productor agropecuario de los departamentos de Tacuarembó y Paysandú. Ex representante nacional.
Rafael Menéndez
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/agro/del-combate-frustrado-a-la-estrategia-inteligente-por-que-debemos-cambiar-la-forma-de-luchar-contra-la-garrapata/
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