
Seis meses después de que la ciudad de Belém, en el corazón de la Amazonía brasileña, albergara la COP30, el debate climático global sigue marcado por la actuación de los países del Mercosur y por las hojas de ruta que Brasil se comprometió a liderar a lo largo de 2026. La COP30, celebrada en noviembre de 2025, fue un evento sin precedentes en la historia de las cumbres climáticas: la primera realizada en plena selva amazónica, con la simbología política de llevar las negociaciones globales sobre el cambio climático al territorio que más sufre sus consecuencias y que más tiene para aportar en términos de soluciones. Brasil cerró 2025 como un actor destacado en la acción climática global tras albergar la COP30, reforzando la imagen del gobierno del presidente Lula da Silva como defensor de la transición energética, la bioeconomía y la protección forestal. Sin embargo, sus resultados concretos fueron limitados: las negociaciones oficiales no lograron asegurar compromisos vinculantes sobre la deforestación o la eliminación gradual de los combustibles fósiles, en gran medida debido a la oposición de varios grandes productores. Esta dualidad —imagen poderosa, resultados modestos— es el dilema estratégico central de Brasil en su rol de anfitrión y líder climático: el país que más habla de bosques tropicales y transición energética es también una potencia petrolera en expansión, con Petrobras explorando nuevos pozos offshore mientras el gobierno promete reducir emisiones un 67% para 2030. bancaynegocios
En respuesta a los modestos resultados de la COP30, Brasil se comprometió a liderar en 2026 el desarrollo de dos hojas de ruta internacionales: una para la eliminación gradual de los combustibles fósiles y otra para detener y revertir la deforestación para 2030. El proceso incluirá tres importantes encuentros previos a la COP31 de Turquía: uno en Colombia en abril de 2026 —ya realizado—, otro en Alemania y un tercero en una nación insular del Pacífico aún por definir. El proceso incluirá consultas con científicos, gobiernos, la industria y la sociedad civil. Para el Mercosur como bloque, la agenda climática post-Belém es simultáneamente una oportunidad y un campo minado. La oportunidad está en posicionarse colectivamente como la región que tiene más para ofrecer en términos de soluciones climáticas: la Amazonía, los Andes, el Pantanal, las pampas, las energías renovables y los minerales críticos para la transición energética son activos únicos que el bloque comparte. El campo minado está en que esos mismos recursos son fuente de tensiones internas: Argentina quiere explotar litio y petróleo a máxima velocidad, Paraguay depende del ganado y la soja, Brasil balancea Petrobras con el discurso verde. MercoPress
La COP30 dejó algunos temas pendientes de gran relevancia para las empresas del Mercosur. El más urgente es la falta de una regulación clara que permita abordar con certidumbre las inversiones necesarias para avanzar en la transición energética. En particular, el mercado de carbono regulado —que permitiría a los países del Mercosur monetizar su capacidad de absorción de dióxido de carbono— sigue sin las reglas definitivas que atraigan inversión privada a escala. Empresas de Brasil y Argentina que han invertido en proyectos de restauración forestal y manejo sostenible se encuentran en un limbo legal: saben que sus activos naturales tienen valor global, pero no encuentran el mercado regulado donde hacerlos valer. Este vacío regulatorio es uno de los mayores obstáculos para convertir al Mercosur en la potencia verde que su dotación de recursos naturales le permitiría ser. El bloque tiene los bosques, tiene los minerales, tiene las renovables y tiene el know-how agrícola para liderar la transición verde global. Lo que le falta es el marco regulatorio y la coordinación política interna para hacer que esos activos se traduzcan en valor económico, social y ambiental real para sus ciudadanos. EFFAT
La COP30 en Belém consolidó 56 decisiones adoptadas por consenso entre los países participantes, abarcando temas como mitigación, adaptación, financiamiento, tecnología y pérdidas y daños. La presidencia brasileña también lanzó el Acelerador Global de Implementación, una iniciativa para apoyar a los países en la ejecución de sus metas climáticas. Una de las iniciativas más destacadas fue la creación del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), que busca movilizar financiamiento previsible y de largo plazo para la conservación forestal en países tropicales. Al finalizar el evento, 52 países y la Unión Europea respaldaron su participación en la iniciativa. El Fondo Bosques Tropicales para Siempre tiene para el Mercosur una importancia que trasciende lo ambiental: es un mecanismo que podría generar ingresos directos para los países del bloque —especialmente Brasil, Bolivia y Paraguay— por el valor de sus bosques en pie, sin necesidad de talarlos. Si logra capitalizarse adecuadamente, podría convertirse en una fuente de financiamiento para el desarrollo regional que combine sostenibilidad y rentabilidad de una manera que ningún mecanismo anterior ha logrado. The European Conservative
La próxima Cumbre del Clima COP31 se celebrará en Antalya, Turquía, en 2026, con Australia ejerciendo como presidente de las negociaciones. En ese encuentro se esperan avances concretos en las hojas de ruta lanzadas en Belém. Para el Mercosur, la COP31 será una prueba de si el impulso climático generado en la Amazonia se puede mantener cuando la sede se traslada a una región geográficamente y culturalmente más lejana de los intereses de América del Sur. El nombramiento de Australia como presidente de las negociaciones de la COP31 —un país que también tiene recursos naturales abundantes y que comparte con el Mercosur la tensión entre desarrollo y sostenibilidad— podría ser una oportunidad para construir alianzas Sur-Sur en la agenda climática. El Mercosur, que acaba de demostrar con el acuerdo europeo su capacidad de influencia global cuando actúa unido, tiene en la agenda climática su próximo gran desafío de acción colectiva. La pregunta es si logrará la misma cohesión interna que mostró en la ratificación del acuerdo con la UE. The European Conservative
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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