
En su desespero por llamar la atención ante el fracaso de sus tácticas bufonescas, sus ultrajes basados en refritos ampliamente refutados por la justicia, incluso la americana, pero a los que acude de tanto en tanto la ultraderecha ante su falta de propuestas atractivas para el pueblo raso, ese que se levanta de madrugada a cumplir jornadas extenuantes por un salario mínimo que , por lo menos, se dignificó durante al actual gobierno, el candidato fascista Abelardo de la Espriella recurre al ultraje, al acoso sexual, a la magnificación de su, para él, monstruoso apéndice que, a su parecer, haría palidecer hasta al negro de WhatsApp.
En una entrevista en un medio de alta difusión aseguró que tenía cautivado y asegurado el voto femenino y, tratando de explicar gráficamente el porqué de su afirmación, mostró una fotografía en la que, al parecer, estaba en sudadera consumiendo licor con otros sujetos, tal como se pudo escuchar a los periodistas que lo entrevistaban, pero no, él lo que quería resaltar era el relieve que a su parecer revelaba las dimensiones de su pene.
Desde la entrevista que le hizo Luis Carlos Vélez al, por entonces, candidato a la presidencia, Iván Duque Márquez, obviando todo temática acerca de sus propuestas para afrontar los problemas del país para centrarse únicamente en temas ligeros como su gusto musical, sus hobbies, y otras fruslerías, no se había visto una entrevista que permitiera ese abordaje de las características físicas íntimas de un candidato a la presidencia. Claro, aquí no hubo manera de culpar a los periodistas de superficialidad, aquí el que, creyéndose muy gracioso, desvió el tema de la intención de voto, al presunto encanto que podría producir entre algunas mujeres y que le garantizaría su voto fue el señor de la Espriella quien, en un arranque narcisista y machista, relacionó con las dimensiones de su falo.
Pruebas sobran de las mentiras del rábula estrella que quiere llegar a la presidencia. Esa mezcla terrorífica de payaso como Milei o Trump y un déspota corrupto como Bukele, con una dosis de insidia y maldad pura como Uribe, Videla o Pinochet.
El payaso que se transforma ante los ojos de todos en un troll misógino que cree que con sus alardes de, ahora también, filósofo, puede hacernos olvidar que dijo sin la menor presión y ante una pregunta relacionada, por entonces, con sus relaciones con mafiosos y paramilitares, a quienes no solo defendía, representaba sino que también estafaba, respondió malhumorado y altanero, tratando de humillar al periodista que , por entonces, lo entrevistaba y que no lograba situarse dentro de su lógica retorcida, que el derecho no tiene nada que ver con la ética.
Hace pocos días atacó a la periodista de Caracol Malú con agresividad que nos indigna a todos, arrogante y belicoso, la pordebajeó, la humilló, la trató de ignorante y bruta, solo para negar que hubiera dicho alguna vez tal cosa. Que lo que dijo fue otra cosa, pero que nuestros oídos lo malinterpretaron y que la entrevistadora de esta ocasión le hacia esa pregunta con quien sabe que ocultas y perniciosas intenciones.
Pero ya estamos habituados a sus volteretas: El ahora ex ateo, el que nunca vivió de la teta del estado, el pretendido genio de los negocios, cantante lírico, faro de la moda y del buen gusto, el fino sujeto que niega su ascendente caribeño y colombiano, dice ahora una cosa para desdecirse iracundo minutos después.
El tipo cuyo único argumento para conquistar el voto femenino es el tamaño de su miembro, el filósofo de pacotilla del derecho que quiere hacer malabarismo con los conceptos, mientras ultraja a una periodista y, al hacerlo, nos ultraja a todos.
El ateo al que solo le falta acudir al templo de Satanás en Quimbaya (Quindío) para recibir la maldición del mismísimo demonio y llevar su show, su bochinche, su presuntamente monstruoso apéndice a bailar como un fauno corroncho en las calles de Riosucio.
Aberrardo, el cantante lírico, el italiano aristócrata varado en estas tierras, el pretendidamente sofisticado europeo que reniega de la cultura del país por el que dice estar firme, el defensor de canallas y ratas de todos los pelambres, el ladrón que roba a ladrón, el rockstar, el icono de la moda, se pretende ahora el nuevo negro del WhatsApp…
Ahora resulta que “bromeaba” con Malú y también con la joven periodista a la que le mostró una fotografía en la que pretendía señalar el tamaño de su miembro. Bromeaba de seguro cuando le dijo al país que el derecho nada tenía que ver con la ética, igualmente cuando se presentó como ateo.
El bufón de la Espriella es todo un cuenta-chistes. Pero ni siquiera para eso es bueno. Sus “bromas” son inoportunas, faltas de gracia e incluso ultrajantes. Su estilo es arrogante, misógino, aporofóbico y superficial. Sus propuestas son un collage de lugares comunes y eslóganes vacíos que promueven la profundización del modelo neoliberal que tanto daño nos ha causado.
Es un populista de derecha que ha construido una imagen de macho cabrío, hombre autoritario y autócrata, un “mano dura” que asumirá un rol que hará inocuos los otros poderes públicos. El legislará, ejecutará y juzgará según su parecer. Es un émulo barato de Bukele, mezclado con Pinochet y Videla, un sujeto con graves falencias éticas que busca desesperadamente la bendición de su compatriota Trump. Un Noboa criollo.
Vaya qué pobreza, qué precariedad conceptual y moral, que falta de respeto por las mujeres y, en general, por todos. Y aun así hay quienes lo excusan, lo apapachan, lo admiran, lo siguen, le acolitan y van a votar por él.
No Abelardo. No somos idiotas. Todos los indicios apuntan a que aquí el único idiota eres tú. Tampoco eres un tigre, bien dicen por ahí, que el tigre no es como lo pintan. El tigre no se luce ni es tigre por el tamaño de su miembro, aunque, a decir verdad, tampoco lo hace el burro. Sólo lo hace el adolescente casi cincuentón, narcisista y machista Abelardo.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

