
El Mercosur enfrenta hoy uno de los debates jurídicos y políticos más delicados de su historia reciente, y su resolución podría redefinir las reglas fundamentales del bloque para las próximas décadas. El acuerdo comercial bilateral firmado entre Argentina y Estados Unidos —impulsado por el presidente Javier Milei como una demostración de alineamiento ideológico y estratégico con la administración Trump— ha generado profundas inquietudes en los socios del bloque, particularmente en Brasil, que considera que el pacto podría violar las normas básicas de coherencia arancelaria que son el fundamento mismo del Mercosur. El gobierno de Brasil está analizando el acuerdo comercial entre Estados Unidos y Argentina por la preocupación de que viole las normas del Mercosur, según informaron a la agencia Reuters fuentes con conocimiento directo del tema. Los diplomáticos brasileños están examinando minuciosamente el documento difundido por Washington para determinar el alcance del acuerdo. A primera vista, parecería que supera los límites establecidos para los acuerdos bilaterales por los miembros del bloque. Esta preocupación brasileña no es retórica ni meramente política: es una inquietud legal concreta basada en las normas fundacionales del Mercosur, que establecen que sus miembros no pueden negociar individualmente con terceros países en materias que corresponden al bloque como unidad aduanera. Perfil
El canciller argentino Pablo Quirno aseguró en conferencia de prensa que el Mercosur no impide a sus miembros celebrar este tipo de alianzas, y agregó que Milei podría aplicar partes del acuerdo por decreto, aunque el pacto comercial y de inversión en su conjunto requeriría la aprobación del Congreso Nacional. La posición argentina es una apuesta arriesgada que mezcla interpretaciones jurídicas convenientes con urgencias políticas domésticas. Decir que el Mercosur «no impide» este tipo de acuerdos es una posición que los demás socios del bloque no comparten y que la historia del propio Mercosur contradice con elocuencia. Fundado hace 35 años, el Mercosur se ha enfrentado históricamente a estas tensiones, ya que sus miembros han tratado de ampliar sus lazos comerciales de forma independiente, aunque ninguno llegó a firmar un acuerdo paralelo. Uruguay estuvo a punto de firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos en 2006, pero desistió por temor a ser expulsado del bloque. El precedente uruguayo es muy relevante para entender la dimensión del desafío que plantea el acuerdo argentino con Washington: si Uruguay, con su economía pequeña y su posición pragmática en política exterior, decidió en 2006 que el riesgo de ruptura con el Mercosur era demasiado alto para seguir adelante con un TLC con Estados Unidos, ¿por qué Argentina considera ahora que puede hacerlo sin consecuencias para la cohesión del bloque? PerfilPerfil
El Parlasur también reaccionó ante esta situación, demostrando una actividad institucional inusual y necesaria. En la CVII Sesión Ordinaria del Parlasur, otro punto relevante fue un acuerdo arancelario entre Argentina y los Estados Unidos, respecto al cual el Parlamento aprobó una declaración solicitando información al Grupo Mercado Común a fin de determinar si dicho acuerdo se ajusta a las normas del bloque regional. Cualquier acuerdo bilateral que un Estado Parte suscriba de forma individual podría generar asimetrías o contradicciones con las reglas del Mercosur. La decisión del Parlasur de pedir información antes de pronunciarse sobre el fondo del asunto es, como señalan los analistas institucionales, una muestra de madurez: no condena precipitadamente ni valida automáticamente; exige transparencia para luego pronunciarse con argumentos sólidos. Esta postura prudente contrasta con el apresuramiento con que tanto Argentina como algunos críticos del gobierno de Milei han abordado el tema en el espacio público. El Mercosur necesita exactamente ese tipo de cautela institucional para navegar momentos de tensión interna sin romper la arquitectura legal que le da coherencia y credibilidad como bloque. Prensa Mercosur
El tamaño y el alcance del acuerdo aún deben definirse, pero estará limitado por la pertenencia de Argentina al Mercosur, que impide a sus miembros firmar acuerdos amplios con otros países. Este año, el Mercosur permitió que sus miembros seleccionaran 50 productos para negociar con países no miembros que no estarían sujetos a los aranceles del bloque. Esta flexibilización acordada por el bloque —que permitió a Argentina avanzar con 50 productos en su negociación con Washington— es una concesión significativa que refleja la presión que ejerce la posición argentina dentro del bloque. El mecanismo de las 50 excepciones arancelarias es un parche que intenta conciliar la voluntad argentina de apertura unilateral con las reglas colectivas del Mercosur, pero que deja sin resolver la pregunta de fondo: ¿puede un miembro del bloque negociar individualmente acuerdos comerciales amplios con potencias externas sin erosionar la unión aduanera? Para reforzar el poder de intermediación del bloque comercial sudamericano, sus reglas restringen el alcance de los acuerdos comerciales que pueden firmar sus integrantes con terceros países. Prensa MercosurPerfil
La postura del gobierno argentino frente al Mercosur es, sin embargo, parte de un proyecto político más amplio que Milei ha articulado con consistencia. En la cumbre del bloque, Milei exigió «motosierra» en el Mercosur, afirmando que precisa de «una reforma institucional integral que reduzca el costo económico del Mercosur». Señaló: «Nuestros países poseen un conjunto de activos estratégicos extraordinarios, energía, minerales críticos y alimentos. Siempre han estado ahí, y al menos en el caso argentino, no hemos sido capaces de convertirlos en riqueza. Lo que necesitamos es dejar de poner obstáculos internos y permitir que ese potencial se despliegue de una vez». Estas palabras reflejan una visión del Mercosur radicalmente diferente a la de los demás socios: Milei lo ve como una estructura burocrática que frena la velocidad comercial que Argentina necesita, mientras que Brasil, Uruguay y Paraguay lo ven como la plataforma institucional que les da poder de negociación colectiva en el mundo. Esta tensión de visiones sobre lo que es y debe ser el Mercosur es el conflicto más profundo que el bloque tiene que resolver en los próximos años, y su resolución —o no resolución— determinará si el Mercosur del siglo XXI será más o menos que la suma de sus partes individuales. Matices del Vino
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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