Un estudio realizado en Finlandia encontró una asociación entre un mayor consumo habitual de café y una composición corporal que, en determinados indicadores, resulta más favorable: quienes declaraban beber más café presentaban menos grasa total y visceral y una mayor masa muscular esquelética, aun cuando su índice de masa corporal era similar al de quienes consumían menos. El hallazgo vuelve a poner al café en el centro de la investigación nutricional, aunque los propios investigadores advierten que los resultados no demuestran que la bebida sea la causa de esos cambios.
La investigación fue publicada en julio de 2026 en el European Journal of Nutrition y utilizó información de 2.264 participantes de la Northern Finland Birth Cohort 1966, todos evaluados a los 46 años. El grupo estaba compuesto por aproximadamente 47% de hombres. Los investigadores analizaron el consumo habitual de café junto con mediciones corporales, parámetros metabólicos, hormonas sexuales y un amplio conjunto de metabolitos presentes en la sangre.
Para estudiar el consumo, los participantes informaron cuántas tazas de café bebían diariamente. Fueron clasificados en cuatro grupos: quienes no consumían café, quienes tomaban entre una y dos tazas, los consumidores de tres a cuatro tazas y quienes declaraban cinco o más tazas al día. La mayoría de los participantes consumía café filtrado. El estudio, sin embargo, no registró con precisión el tamaño de cada taza ni la cantidad de azúcar, leche u otros ingredientes añadidos.
Menos grasa, más músculo y el mismo IMC
Uno de los resultados más llamativos fue que los participantes con mayor consumo habitual presentaban menor cantidad de grasa corporal total y visceral y mayor masa muscular esquelética, mientras que el IMC no mostraba diferencias equivalentes entre los grupos. Esto es relevante porque el índice de masa corporal no distingue entre grasa y músculo: dos personas pueden tener exactamente el mismo IMC y, sin embargo, presentar composiciones corporales diferentes.
La grasa visceral merece especial atención porque se encuentra alrededor de los órganos internos y está relacionada con alteraciones metabólicas. Por eso, observar diferencias en este componente puede aportar información que el peso corporal por sí solo no consigue mostrar.
Pero existe una cuestión fundamental: el estudio encontró una asociación, no una relación de causa y efecto. En otras palabras, los datos muestran que el consumo de café y determinadas características corporales aparecen relacionados dentro de esta población, pero no permiten afirmar que beber café haya provocado directamente la reducción de grasa o el aumento de músculo. Los autores señalan expresamente que serán necesarios estudios longitudinales y ensayos de intervención para determinar la causalidad.
¿Qué ocurre con el metabolismo?
Los investigadores también encontraron diferencias en los llamados aminoácidos de cadena ramificada o BCAA. Tanto en hombres como en mujeres, un mayor consumo de café se relacionó con concentraciones más bajas de estos compuestos en la sangre. Los BCAA —leucina, isoleucina y valina— participan en el metabolismo energético y muscular, pero niveles elevados en determinados contextos se han relacionado con resistencia a la insulina y riesgo metabólico.
En los hombres aparecieron además asociaciones con un perfil de glucosa e insulina más favorable. El análisis encontró relaciones entre mayor consumo de café y determinados indicadores vinculados con la sensibilidad a la insulina. Esto no significa que el café sea un tratamiento para la diabetes, pero proporciona una nueva pista para investigar cómo los componentes de la bebida podrían relacionarse con el metabolismo.
El estudio también analizó hormonas sexuales. En los hombres, un mayor consumo se asoció con niveles más elevados de testosterona total y testosterona biodisponible, además de mayores concentraciones de SHBG, una proteína que transporta hormonas sexuales. Al mismo tiempo, se observaron asociaciones inversas con la testosterona libre y el índice de andrógenos libres. En las mujeres, las asociaciones hormonales fueron más limitadas y también estuvieron relacionadas principalmente con SHBG y testosterona libre.
El café no es una fórmula para adelgazar
La difusión del estudio puede llevar a una conclusión equivocada: que aumentar el consumo de café automáticamente hará perder grasa o ganar músculo. La investigación no permite afirmar eso.
El diseño fue transversal, es decir, los investigadores observaron simultáneamente el consumo de café y las características de los participantes. Por tanto, no pueden determinar qué ocurrió primero ni descartar completamente otros factores relacionados con el estilo de vida.
Una persona que consume café con frecuencia podría, por ejemplo, tener hábitos de actividad física, alimentación, horarios laborales u otras características diferentes de una persona que no lo consume. Aunque los investigadores ajustaron sus análisis por factores como IMC, educación, tabaquismo, actividad física y consumo de alcohol, todavía pueden existir factores que influyan en las asociaciones observadas.
Además, la evidencia científica de 2026 no es completamente uniforme. Otro estudio finlandés, realizado en 528 adultos mayores con una edad promedio de 67,7 años y publicado también en 2026, no encontró diferencias estadísticamente significativas en las medidas de composición corporal entre distintos niveles de consumo de café. Esto muestra por qué los resultados deben interpretarse dentro de la población y metodología de cada investigación.
¿Por qué podría existir esta relación?
Los investigadores todavía no tienen una explicación definitiva. El café contiene cafeína, ácidos clorogénicos, trigonelina, diterpenos y otros compuestos bioactivos, por lo que sus posibles efectos no pueden atribuirse necesariamente a una sola sustancia.
La cafeína puede aumentar temporalmente el estado de alerta y modificar el gasto energético y la oxidación de grasas. También existen investigaciones que han estudiado su relación con el rendimiento físico. Sin embargo, pasar de estos mecanismos potenciales a afirmar que el café provoca una mayor masa muscular requiere evidencia experimental mucho más sólida.
Una revisión científica reciente sobre café y salud muscular llegó a una conclusión similar: existe plausibilidad biológica y numerosos estudios observacionales que relacionan el consumo con determinados indicadores musculares y metabólicos, pero los estudios de intervención en humanos siguen siendo insuficientes para establecer un beneficio muscular clínicamente demostrado.
¿Cuánto café es demasiado?
El estudio finlandés no establece una cantidad que deba consumir una persona para perder grasa o aumentar músculo. De hecho, los autores no presentan el café como una intervención para modificar la composición corporal.
La tolerancia a la cafeína también varía considerablemente. El propio artículo señala que cantidades de hasta aproximadamente 400 miligramos de cafeína al día no se asocian generalmente con efectos adversos manifiestos en adultos sanos, aunque la respuesta individual puede ser diferente y determinadas personas pueden presentar insomnio, ansiedad, palpitaciones u otros efectos con cantidades menores.
También importa cómo se prepara y consume la bebida. El estudio no pudo evaluar de forma detallada la cantidad de azúcar, leche u otros ingredientes añadidos. Por eso, no es correcto asumir que cualquier bebida comercial a base de café tendría las mismas características que el café utilizado habitualmente por los participantes.
El nuevo estudio aporta una pieza interesante al creciente conocimiento sobre el café y el metabolismo: quienes bebían más café en esta población finlandesa tendían a presentar menos grasa corporal y visceral y más masa muscular, además de determinadas diferencias metabólicas y hormonales. Pero la ciencia todavía no permite convertir esa asociación en una receta: no está demostrado que beber más café sea lo que produzca esos cambios.
La principal conclusión, por ahora, es más prudente y también más interesante: una bebida cotidiana como el café puede estar relacionada con procesos metabólicos mucho más complejos de lo que sugiere su papel habitual como estimulante. La próxima etapa de la investigación deberá determinar si existe realmente un efecto biológico directo y, en caso afirmativo, qué componentes del café serían responsables.
Foto: Mundo Boa Forma / imagen ilustrativa
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