Una pequeña rana que vive en un puñado de lagunas de la estepa neuquina se encuentra entre las especies que requieren especial atención para evitar su desaparición. La ranita patagónica, Atelognathus patagonicus, es endémica de Neuquén y su distribución extremadamente reducida convierte a cada ambiente donde sobrevive en un espacio de enorme importancia para la conservación de la biodiversidad argentina.
La especie habita principalmente ambientes acuáticos asociados a lagunas de origen basáltico del centro-oeste de la provincia, dentro del área del Parque Nacional Laguna Blanca y sectores próximos. Su característica más extraordinaria es precisamente su distribución: no existe de manera natural en ninguna otra región del mundo. El Sistema de Información de Biodiversidad de la Administración de Parques Nacionales registra a la especie como endémica y señala que se encuentra en peligro de extinción.
Su tamaño es reducido: los ejemplares adultos pueden alcanzar aproximadamente 50 milímetros. Tiene un hocico puntiagudo, piel lisa y patas posteriores con los dedos completamente palmados, adaptaciones relacionadas con su vida estrechamente vinculada al agua. Su presencia suele pasar inadvertida porque permanece entre las plantas acuáticas, las piedras y los sectores poco profundos de las lagunas.
Una especie que ya perdió su principal población
La historia de conservación de esta rana está marcada por una fuerte reducción de su territorio. La población que antiguamente habitaba la propia Laguna Blanca, el mayor cuerpo de agua del sistema, desapareció después de la introducción de peces exóticos, particularmente percas. Investigaciones científicas relacionaron la desaparición de esa población con la presencia de estos peces depredadores.
El problema es especialmente grave porque las pequeñas lagunas donde todavía persiste la especie constituyen poblaciones aisladas. Estudios de conservación señalan que la ranita aparece en lagunas donde no hay percas y donde existe una importante vegetación acuática, condiciones fundamentales para sus diferentes etapas de desarrollo.
La introducción de peces no es la única amenaza. El ganado también puede modificar los ambientes donde vive la especie, especialmente cuando ingresa a las lagunas para beber o alimentarse. El pisoteo deteriora la vegetación de las orillas, remueve el suelo y puede afectar los sectores utilizados por renacuajos y ejemplares juveniles.
A esto se suman otros factores identificados por investigadores, entre ellos las sequías prolongadas y los cambios ambientales asociados al clima. La reducción del agua disponible puede disminuir la calidad y extensión de los hábitats donde sobreviven las pequeñas poblaciones.
El Parque Nacional Laguna Blanca es fundamental
El Parque Nacional Laguna Blanca, creado en 1940 y formalizado posteriormente, protege unas 11.250 hectáreas de estepa patagónica. La laguna que da nombre al parque ocupa alrededor de 1.700 hectáreas y forma parte de un ecosistema de gran importancia para aves acuáticas y otras especies. El área también posee reconocimiento internacional como sitio Ramsar por la importancia de sus humedales.
Sin embargo, la protección no depende únicamente de conservar la superficie del parque. Para la ranita resulta esencial mantener en buenas condiciones las pequeñas lagunas y sus alrededores, porque son precisamente esos ambientes los que conservan las poblaciones remanentes.
Investigadores han recomendado medidas como impedir nuevas introducciones de peces, controlar el acceso del ganado, proteger la vegetación de las costas y mantener un seguimiento permanente de las poblaciones. En algunas lagunas ya se instalaron cercos para impedir el ingreso de animales, y los estudios posteriores registraron recuperación de la vegetación costera y acuática.
Una recuperación que ya está en marcha
La desaparición de la población de Laguna Blanca no significa que la historia de la especie esté terminada. Desde hace años diferentes instituciones trabajan para recuperar sus poblaciones.
En 2023, la Administración de Parques Nacionales y la Fundación Temaikèn formalizaron un trabajo conjunto para intentar recuperar la especie y avanzar hacia su regreso a Laguna Blanca. En el proyecto también participan investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata y del CONICET.
La estrategia combina investigación, protección de los ambientes naturales y acciones de conservación fuera del hábitat. El objetivo es recuperar una población en el lugar donde históricamente existió una de las mayores concentraciones de ejemplares y, al mismo tiempo, garantizar la supervivencia de las poblaciones que todavía permanecen en otras lagunas.
¿Por qué proteger una rana tan pequeña?
La importancia de la ranita patagónica va mucho más allá de su tamaño. Una especie que solamente existe en un territorio reducido puede desaparecer del planeta si desaparecen las condiciones particulares de ese ambiente.
Su situación también demuestra que la conservación de la biodiversidad no consiste únicamente en proteger grandes animales o paisajes espectaculares. Una pequeña laguna, aparentemente aislada en medio de la estepa, puede ser el último refugio de una especie que evolucionó exclusivamente en ese lugar.
Además, los anfibios son considerados importantes indicadores de las condiciones ambientales porque dependen estrechamente de la calidad de los ecosistemas terrestres y acuáticos. El seguimiento de sus poblaciones puede proporcionar información sobre modificaciones en los ambientes donde viven.
La ranita patagónica representa así uno de los tesoros biológicos más singulares de la Patagonia argentina. Su futuro depende de algo que parece sencillo, pero que requiere un esfuerzo permanente: mantener libres de especies invasoras sus lagunas, proteger la vegetación y las costas, controlar las actividades que deterioran el hábitat y continuar investigando dónde y cómo sobrevive.
En Neuquén, la conservación de esta diminuta especie también significa proteger una parte irremplazable del patrimonio natural argentino. Si desapareciera, no existiría otro lugar del planeta donde pudiera encontrarse de manera natural.
Foto: Gobierno de Neuquén / Parque Nacional Laguna Blanca
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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