El presidente brasileño y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, activó este domingo una amplia movilización política en 26 de los 27 estados del país, en una jornada organizada por el Partido de los Trabajadores (PT) para reforzar su candidatura cuando faltan apenas tres semanas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 4 de octubre. Caminatas, caravanas, banderazos, mítines, actividades culturales y actos políticos llevaron a las calles a militantes y aliados del oficialismo.
La jornada fue denominada por el PT “Día 13 con Lula” y buscó demostrar capacidad de movilización territorial en un escenario electoral que se ha estrechado. La actividad se desarrolló en estados como São Paulo, Río de Janeiro, Bahía, Piauí, Amazonas y el Distrito Federal, mientras que la convocatoria general alcanzó prácticamente todo el territorio brasileño. En Brasilia participó la primera dama, Janja Lula da Silva, en una caminata junto al candidato petista al gobierno del Distrito Federal, Leandro Grass.
Uno de los principales actos se realizó en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, donde cientos de simpatizantes, muchos de ellos vestidos de rojo, participaron de una marcha acompañada por música y consignas de apoyo a Lula. En el discurso de los participantes aparecieron temas como la defensa de los derechos laborales, la soberanía sobre los recursos naturales y la necesidad de que Brasil mantenga capacidad de decisión sobre sus minerales críticos y sus reservas de petróleo.
La soberanía nacional se convirtió en uno de los argumentos centrales de la movilización oficialista. El tema adquirió mayor peso después de las tensiones comerciales con Estados Unidos y de los aranceles adicionales aplicados por la administración de Donald Trump a productos brasileños. Para sectores del PT, la disputa comercial se transformó en una oportunidad para presentar a Lula como defensor de la autonomía económica y política de Brasil frente a presiones externas.
En paralelo, el oficialismo intenta contener la pérdida de ventaja registrada en las encuestas. La encuesta Datafolha divulgada el 11 de septiembre ubica a Lula con 39% de las preferencias para la primera vuelta, frente al 35% de Flávio Bolsonaro, una diferencia de cuatro puntos dentro de un margen de error de dos puntos porcentuales. El dato adquiere especial importancia porque, en una eventual segunda vuelta, los dos aparecen técnicamente empatados: 46% para Lula y 44% para Bolsonaro.
La campaña se desarrolla, además, bajo una fuerte polarización. Flávio Bolsonaro, senador e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, se ha consolidado como el principal adversario de Lula y busca capitalizar el desgaste del oficialismo. La elección, por lo tanto, no se limita a una disputa entre dos candidatos, sino que vuelve a colocar frente a frente a los dos grandes bloques políticos que han dominado la escena brasileña durante los últimos años.
Pero el debate electoral ha adquirido una nueva dimensión a raíz del denominado caso Banco Master. La investigación sobre el gigantesco fraude financiero ha alcanzado a empresarios, políticos y autoridades judiciales y actualmente constituye uno de los principales focos de la campaña. El exbanquero Daniel Vorcaro permanece en prisión preventiva y la desclasificación de documentos judiciales ha expuesto relaciones con figuras de diferentes sectores del poder brasileño.
Entre los investigados aparece Flávio Bolsonaro. Según los documentos divulgados en el marco de la investigación, el senador habría solicitado a Vorcaro aproximadamente 134 millones de reales para financiar la película “Dark Horse”, sobre la vida de su padre, Jair Bolsonaro. La investigación señala que el banquero llegó a desembolsar alrededor de 61 millones de reales y que parte de esos fondos habría terminado en cuentas en Estados Unidos vinculadas a personas próximas a la familia Bolsonaro. Flávio Bolsonaro niega irregularidades y sostiene que se trataba de la búsqueda de financiación privada para un proyecto cinematográfico.
El escándalo ha desplazado buena parte de los temas que inicialmente debían dominar la campaña, entre ellos la seguridad pública, la economía y la soberanía. La magnitud del caso también ha provocado una crisis político-judicial que involucra al Supremo Tribunal Federal, al Banco Central, a la Fiscalía y a diferentes dirigentes políticos. El Supremo continúa desclasificando partes del expediente mientras aumenta la presión para determinar el alcance de las relaciones entre Vorcaro y autoridades de Brasilia.
Lula, por su parte, ha intentado mantener una posición de distancia frente a las controversias que alcanzan al Poder Judicial y ha reclamado que la investigación del Banco Master sea divulgada. En un acto reciente en Curitiba, el mandatario pidió que se esclarezcan las responsabilidades y sostuvo que ningún investigado debería quedar protegido por su posición política.
La movilización del domingo tiene así una doble lectura. Para el PT, constituye una demostración de fuerza de su estructura nacional y un intento de recuperar iniciativa en la calle frente a una oposición que también ha logrado movilizar a miles de simpatizantes. Para los analistas electorales, sin embargo, la capacidad de llenar espacios públicos no necesariamente se traduce de forma automática en votos, especialmente cuando una parte importante del electorado continúa evaluando su decisión en las últimas semanas de campaña.
El calendario juega ahora contra los dos principales candidatos. La primera vuelta será el 4 de octubre, y si ninguno alcanza la mayoría necesaria, Brasil deberá regresar a las urnas para una segunda vuelta. Según el escenario registrado por Datafolha, la elección se encamina hacia una disputa extremadamente cerrada, en la que pocos puntos porcentuales podrían determinar quién continúa en carrera y quién queda fuera.
Para Lula, la movilización nacional representa también un intento de recuperar el protagonismo político antes de entrar en la fase final de la campaña. Para Flávio Bolsonaro, el desafío será sostener el crecimiento electoral y convertir las acusaciones contra su adversario y las críticas al gobierno en votos suficientes para superar al presidente.
Brasil entra así en las últimas tres semanas antes de una elección que puede definir no solo quién ocupará el Palacio del Planalto, sino también el rumbo político de la mayor economía de Sudamérica. La movilización del PT mostró que Lula conserva una estructura nacional activa y capaz de llevar miles de simpatizantes a las calles; las encuestas, sin embargo, advierten que esa fuerza deberá convertirse en votos para evitar que la elección termine en un escenario de máxima incertidumbre.
Foto: Reuters / Tita Barros
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