Más de $4.200 millones en recursos de inversión social fueron gestionados durante 2025 para desarrollar proyectos de agua, energía, productividad y formación comunitaria en La Guajira. Las iniciativas alcanzaron a más de 3.900 personas de 34 comunidades de Riohacha, Maicao, Manaure y Uribia, en un departamento que continúa enfrentando importantes brechas de acceso a servicios básicos y oportunidades económicas.
La información fue divulgada por ACDesarrollo, organización que acompaña proyectos de inversión social de empresas del sector energético. De acuerdo con la entidad, durante 2025 fueron gestionados más de $4.200 millones de pesos colombianos para iniciativas destinadas a responder a necesidades identificadas directamente en las comunidades de La Guajira.
Los proyectos se concentraron principalmente en acceso al agua, eficiencia energética, desarrollo productivo y formación comunitaria. La estrategia buscó que la inversión empresarial no se limitara a aportes económicos, sino que pudiera convertirse en soluciones concretas adaptadas a las condiciones sociales, ambientales y económicas de cada territorio.
La Guajira enfrenta una situación particularmente compleja. El departamento posee un enorme potencial para la generación de energía eólica y solar y tiene importancia estratégica para el sector energético colombiano, pero al mismo tiempo mantiene brechas históricas en agua potable, infraestructura, servicios básicos y generación de ingresos.
Según los datos citados por El Universal, La Guajira registró en 2025 una pobreza monetaria del 60,2 %, uno de los niveles más elevados de Colombia. El contraste entre su importancia dentro de la transición energética nacional y las condiciones socioeconómicas de una parte importante de su población constituye uno de los grandes desafíos del territorio.
Uno de los proyectos destacados se desarrolla en La Estrella, municipio de Maicao, donde fue implementado un sistema de generación de agua atmosférica alimentado con energía solar. La tecnología permite obtener agua a partir de la humedad presente en el ambiente y utilizar energía renovable para alimentar el sistema.
La iniciativa adquiere especial relevancia en una región donde el acceso al agua continúa siendo una de las principales necesidades de las comunidades rurales e indígenas. La combinación de tecnología solar y generación de agua busca ofrecer una alternativa adaptada a las condiciones ambientales de La Guajira.
El proyecto también muestra cómo las soluciones tecnológicas pueden ser incorporadas a programas de inversión social cuando se diseñan teniendo en cuenta las características específicas de cada comunidad. En este caso, agua y energía renovable fueron integradas en una misma solución.
Otro de los programas desarrollados fue Pescadores de Futuro, implementado en El Pájaro, corregimiento de Manaure. La iniciativa benefició a diez asociaciones de pescadores artesanales, que sustituyeron motores de gasolina de dos tiempos por equipos de cuatro tiempos que utilizan gas licuado de petróleo (GLP).
De acuerdo con los datos técnicos divulgados por los responsables del proyecto, el cambio tecnológico permitió reducir en más del 96 % las emisiones de CO₂ de las embarcaciones participantes. Además, la reducción del consumo de combustible generó una mejora económica estimada en $504 millones anuales para el conjunto de pescadores beneficiados.
El proyecto combina así dos objetivos: reducir el impacto ambiental de la actividad pesquera y disminuir los costos de operación de los trabajadores. Para comunidades que dependen directamente de la pesca artesanal, el ahorro en combustible puede representar una mejora significativa en la rentabilidad de la actividad.
La inversión también incluyó programas de formación y fortalecimiento comunitario. En Manaure, la estrategia denominada “El Líder de Cambio ¡Soy Yo!” permitió formar a líderes y lideresas Wayuu en gestión comunitaria y participación ciudadana, con el objetivo de fortalecer las capacidades locales y mejorar los mecanismos de diálogo entre comunidades y empresas.
Otro componente está relacionado con el fortalecimiento de emprendimientos. Mediante la metodología C.R.E.C.E., ACDesarrollo acompaña iniciativas productivas desde la etapa de diagnóstico hasta su consolidación, buscando generar oportunidades económicas e inclusión social.
La lógica del modelo consiste en conectar la inversión empresarial con las necesidades territoriales, mientras las comunidades participan en la construcción y apropiación de las soluciones. De acuerdo con ACDesarrollo, este proceso busca que los proyectos tengan continuidad y puedan mantenerse una vez concluida la intervención inicial.
La experiencia de La Guajira adquiere importancia porque el departamento se encuentra en el centro de la transición energética de Colombia. El territorio posee uno de los mayores potenciales eólicos del país y concentra proyectos relacionados con energías renovables, pero enfrenta al mismo tiempo importantes desafíos sociales.
El reto consiste precisamente en conseguir que el desarrollo energético genere beneficios concretos para las comunidades que viven en los territorios donde se desarrollan los proyectos. La generación de energía, por sí sola, no resuelve las dificultades relacionadas con agua potable, empleo, productividad o infraestructura.
En ese sentido, los proyectos de inversión social vinculados al sector energético pueden desempeñar un papel complementario. Agua, energía limpia, productividad y capacitación forman una combinación que puede contribuir a mejorar las condiciones de vida si las iniciativas cuentan con continuidad, seguimiento y participación comunitaria.
La propia Gobernación de La Guajira ha identificado la transición energética y las energías renovables como elementos estratégicos para el desarrollo del departamento. Los planes territoriales incluyen objetivos relacionados con energías sostenibles, reducción de emisiones, acceso energético y generación de nuevas oportunidades económicas.
El agua continúa siendo uno de los principales desafíos. El Gobierno colombiano también ha impulsado programas de mayor escala para ampliar el acceso al agua potable en La Guajira, incluyendo proyectos de desalinización y sistemas de abastecimiento. En 2026 se han anunciado inversiones nacionales superiores a $532.000 millones para proyectos de agua potable en el departamento.
En materia energética, el Gobierno nacional también ha destinado recursos importantes para ampliar las comunidades energéticas y soluciones solares en La Guajira. Una estrategia anunciada en 2026 contempla $350.000 millones para comunidades energéticas y proyectos solares, con prioridad para territorios como Uribia.
Estos programas públicos y las iniciativas de inversión social empresarial muestran que La Guajira atraviesa un proceso en el que energía, agua y desarrollo territorial están cada vez más vinculados. El desafío consiste en que las inversiones produzcan resultados permanentes y lleguen efectivamente a las comunidades más alejadas.
Para las comunidades Wayuu, además, cualquier proyecto requiere considerar las características culturales y territoriales propias de la población indígena. La participación comunitaria y el diálogo previo son fundamentales para evitar que las inversiones sean percibidas únicamente como intervenciones externas.
Los resultados divulgados por ACDesarrollo muestran algunos ejemplos concretos de esa búsqueda. Más de 3.900 personas de 34 comunidades fueron alcanzadas por los proyectos gestionados durante 2025, con iniciativas que abarcaron desde agua y energía hasta pesca, emprendimiento y formación.
Sin embargo, las dimensiones de las necesidades de La Guajira hacen que estos proyectos representen solamente una parte de la respuesta necesaria. Las brechas de pobreza, agua, infraestructura y servicios básicos requieren políticas públicas de largo plazo, además de inversiones privadas y programas comunitarios.
El desafío también consiste en garantizar que los proyectos tengan sostenibilidad técnica y económica. Una solución de agua necesita mantenimiento; una instalación energética requiere repuestos y asistencia técnica; un emprendimiento necesita acceso a mercados; y una capacitación debe traducirse en oportunidades reales.
Por eso, el impacto de los más de $4.200 millones gestionados durante 2025 deberá medirse no solamente por el número de proyectos ejecutados, sino también por su capacidad para continuar funcionando y generar beneficios después de la etapa inicial de inversión.
La Guajira se encuentra así ante una paradoja: es uno de los territorios con mayor potencial energético de Colombia y, al mismo tiempo, uno de los que enfrenta mayores necesidades sociales. La manera en que se logre conectar la transición energética con el desarrollo local será determinante para el futuro del departamento.
Los proyectos de agua atmosférica con energía solar, la modernización de motores pesqueros, la capacitación de líderes Wayuu y el fortalecimiento de emprendimientos muestran diferentes caminos posibles. Cada uno responde a una necesidad distinta, pero todos parten de una misma premisa: la inversión debe traducirse en beneficios concretos para las comunidades.
La experiencia también plantea una discusión más amplia para Colombia: cómo garantizar que la expansión de las energías renovables no solamente contribuya a reducir emisiones y aumentar la generación eléctrica, sino que también produzca empleo, infraestructura, servicios y oportunidades económicas en las regiones donde se desarrolla.
En La Guajira, esa discusión adquiere una dimensión especial. El futuro energético del país y el futuro social del departamento están cada vez más conectados, y el éxito de la transición dependerá también de la capacidad para cerrar las brechas históricas que afectan a sus comunidades.
La inversión social puede ser una herramienta importante dentro de ese proceso, pero deberá complementarse con políticas públicas, infraestructura, educación, servicios básicos y participación comunitaria. Solo así los recursos destinados al territorio podrán transformarse en cambios sostenibles.
La Guajira continúa enfrentando grandes desafíos, pero también cuenta con oportunidades excepcionales. Agua, energías renovables y desarrollo productivo pueden convertirse en pilares de una nueva etapa si las inversiones logran integrar tecnología, sostenibilidad y las necesidades reales de las comunidades.
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