
Malaui comenzó a utilizar un sistema de almacenamiento de energía en baterías de gran escala para reducir la vulnerabilidad de su red eléctrica frente a fenómenos climáticos extremos y aprovechar mejor las fuentes renovables. La instalación, ubicada en Kanengo, en la ciudad de Lilongüe, tiene una capacidad de 20 megavatios y 40 megavatios hora y constituye el primer sistema autónomo de almacenamiento de este tipo instalado a escala de red en el país.
El proyecto responde a un problema que Malaui arrastra desde hace años. Una parte importante de su generación eléctrica depende de la energía hidroeléctrica, por lo que las sequías pueden reducir el caudal de los ríos y afectar directamente la producción de electricidad. Al mismo tiempo, las inundaciones y los ciclones pueden dañar las líneas de transmisión y otras instalaciones esenciales.
Los ciclones Anna y Freddy dejaron una muestra especialmente dura de esa vulnerabilidad. Los daños provocaron interrupciones prolongadas del suministro que afectaron a hogares, hospitales, escuelas y empresas. Para mantener funcionando algunos servicios esenciales, el país tuvo que recurrir a generadores diésel, una alternativa más costosa y contaminante.
La nueva instalación funciona de una manera diferente a una central eléctrica tradicional. Las baterías no producen electricidad: almacenan energía cuando existe disponibilidad y la entregan rápidamente cuando aumenta la demanda o disminuye la generación. Esa capacidad permite ayudar a mantener estable la frecuencia y el voltaje de la red.
El sistema fue desarrollado por la Corporación de Suministro Eléctrico de Malaui, con apoyo de la Alianza Energética Global para las Personas y el Planeta. La inversión recibió una subvención inicial de US$20 millones, mientras que la instalación forma parte de una estrategia más amplia para modernizar el sistema eléctrico y aumentar la participación de las energías renovables.
Uno de los resultados esperados es especialmente relevante: el almacenamiento podría permitir liberar alrededor de 100 megavatios de capacidad renovable que actualmente se encuentra limitada. En otras palabras, la batería no solo funciona como respaldo ante cortes, sino que también permite aprovechar electricidad que de otra manera no podría incorporarse plenamente a la red.
Esto adquiere importancia a medida que Malaui incorpora nuevas fuentes de energía solar y otras alternativas renovables. Una red eléctrica necesita equilibrar constantemente la generación y el consumo, y las baterías pueden cubrir rápidamente las diferencias que aparecen cuando una fuente variable deja de producir al nivel esperado.
El sistema también puede reducir la necesidad de utilizar generadores alimentados con diésel durante los momentos de mayor demanda. Para un país que enfrenta restricciones económicas y elevados costos energéticos, sustituir parte de esa generación de emergencia puede representar un ahorro importante.
La electricidad estable tiene además consecuencias directas sobre la economía. Los cortes frecuentes obligan a las industrias a detener máquinas y procesos productivos, mientras que los pequeños comercios pueden perder horas de trabajo o productos que necesitan refrigeración.
La agricultura también depende cada vez más de un suministro eléctrico confiable. El riego, el procesamiento de productos agrícolas y las instalaciones de almacenamiento en frío requieren energía constante, especialmente en un país donde el sector agropecuario ocupa un lugar central en la economía y el empleo.
Para los hogares, una red más estable significa menos interrupciones y mayor previsibilidad en actividades cotidianas. Para los hospitales y centros educativos, el impacto puede ser todavía más importante, porque una interrupción prolongada puede afectar equipos médicos, sistemas de comunicación, iluminación y otros servicios esenciales.
El Gobierno malauí también vincula el proyecto con su objetivo de elevar el acceso a la electricidad hasta el 70% de la población para 2030. El almacenamiento por sí solo no permite alcanzar esa meta, pero puede ayudar a que una red ampliada funcione con mayor estabilidad y pueda incorporar nuevas fuentes de generación.
La apuesta tiene además una dimensión regional. Malaui ya está conectado eléctricamente con Mozambique y trabaja en nuevas interconexiones con Zambia y Tanzania. Una red nacional más estable facilita la participación en el mercado eléctrico del África Meridional y aumenta las posibilidades de intercambiar energía con los países vecinos.
La integración regional puede resultar especialmente útil durante períodos de escasez. Si un país tiene dificultades temporales para producir electricidad, una red interconectada permite recibir energía de otro mercado que tenga excedentes disponibles. De esta manera, la infraestructura de almacenamiento puede contribuir no solo a la seguridad energética nacional, sino también a una mayor coordinación regional.
El proyecto incorpora asimismo un componente de formación profesional. En la Universidad de Mzuzu funcionará un Centro de Excelencia en Sistemas de Almacenamiento de Baterías para África Meridional, destinado a capacitar ingenieros y especialistas en operación de baterías, modelado de redes e integración de sistemas.
Ese aspecto puede ser tan importante como la propia infraestructura. La expansión de las baterías requiere técnicos capaces de instalar, administrar y mantener estos sistemas durante toda su vida útil. Para los países africanos que buscan modernizar sus redes, desarrollar conocimiento local puede reducir la dependencia de especialistas extranjeros y facilitar nuevos proyectos.
La experiencia de Malaui también puede servir como referencia para otras naciones del continente que enfrentan problemas similares. Una red vulnerable al clima necesita algo más que nuevas centrales eléctricas: necesita capacidad para almacenar energía y responder rápidamente cuando la generación o la infraestructura sufren interrupciones.
El cambio climático hace que ese desafío sea cada vez más relevante. Las sequías prolongadas pueden reducir la generación hidroeléctrica, mientras que las tormentas intensas pueden afectar líneas, subestaciones y otras instalaciones. El almacenamiento ofrece una herramienta para amortiguar parte de esos impactos.
La instalación de Kanengo también puede favorecer nuevas inversiones. Una red con mayor estabilidad resulta más atractiva para empresas que necesitan un suministro eléctrico confiable para mantener sus operaciones. La reducción de los cortes puede mejorar las condiciones para industrias, pequeñas empresas y nuevos proyectos productivos.
La apuesta de Malaui combina así tres objetivos: mejorar la seguridad energética, aprovechar mejor las energías renovables y reducir la exposición de la economía a los efectos del clima. La batería no elimina los problemas estructurales de la red, pero puede convertirse en una pieza importante para hacerla más flexible.
El desafío ahora será comprobar cómo funciona el sistema en condiciones reales y hasta qué punto consigue reducir los cortes y la utilización de generadores diésel. También será necesario ampliar progresivamente la infraestructura si el país quiere que el almacenamiento tenga un impacto significativo sobre toda su red.
Malaui ya contempla nuevas instalaciones de almacenamiento. La experiencia del proyecto de Kanengo permitirá obtener información técnica y económica que puede servir para definir las siguientes inversiones y determinar dónde resulta más conveniente instalar nuevas baterías.
El proyecto representa un cambio importante en la manera de enfrentar la fragilidad energética de Malaui. En lugar de depender exclusivamente de nuevas centrales o de costosos generadores de emergencia, el país comienza a incorporar almacenamiento como una herramienta estratégica para administrar mejor la electricidad disponible.
Si la experiencia consigue los resultados esperados, las baterías podrían convertirse en una parte fundamental de la transformación energética del país y, al mismo tiempo, en un modelo para otras naciones africanas que necesitan prepararse para una combinación cada vez más compleja de crecimiento de la demanda, transición hacia energías limpias y fenómenos climáticos extremos.
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