El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció ante representantes de bancos que el Gobierno sigue con atención la evolución del dólar y las señales que está dando el mercado financiero. La preocupación aparece en un momento delicado para la administración de Javier Milei, con una mayor presión cambiaria, un riesgo país que aumentó alrededor de 20% en apenas tres semanas y un mercado que comenzó a mostrar más dudas sobre la capacidad del Gobierno para sostener la estabilidad financiera.
La situación cambiaria se convirtió nuevamente en uno de los principales focos de atención del equipo económico. El Banco Central debió intervenir para contener una escalada del dólar, mientras el mercado comenzó a exigir mayores rendimientos para mantener posiciones en activos argentinos. La combinación de ambas señales refleja un escenario menos cómodo que el observado meses atrás.
El problema no es únicamente el valor del dólar. El aumento del riesgo país encarece el financiamiento de Argentina y dificulta la estrategia del Gobierno para volver a los mercados internacionales de crédito. Cuando los inversores perciben un mayor riesgo, exigen una tasa más elevada para comprar deuda argentina, lo que aumenta el costo de conseguir nuevos fondos o refinanciar vencimientos.
El mercado también está observando con mayor atención la capacidad del Gobierno para mantener el equilibrio entre reservas, tasas de interés y liquidez. Una intervención demasiado fuerte del Banco Central puede ayudar a contener temporalmente el dólar, pero también puede reducir el margen disponible para acumular reservas.
En las últimas semanas, además, el Gobierno comenzó a adoptar medidas destinadas a absorber pesos del mercado y evitar que una cantidad excesiva de liquidez termine presionando sobre el dólar. El mecanismo incluye una participación más activa del Tesoro en las licitaciones de deuda y una política monetaria que busca mantener controlada la cantidad de pesos disponibles.
La estrategia tiene un costo potencial. Si las autoridades retiran demasiados pesos del sistema, pueden aumentar las tasas de interés y encarecer el crédito para empresas y consumidores. El Gobierno debe decidir, por lo tanto, cuánto está dispuesto a sacrificar de actividad económica para evitar una mayor volatilidad cambiaria.
Ese dilema adquiere mayor importancia en un año en el que la economía comienza a quedar cada vez más vinculada al escenario político y electoral. Los inversores no solamente observan las cuentas públicas y las reservas: también intentan anticipar qué ocurrirá con el programa económico si Milei enfrenta un escenario electoral menos favorable.
La preocupación por el futuro político aparece también en las decisiones del Tesoro. En los últimos días, el Gobierno concentró sus nuevas emisiones en instrumentos de plazos relativamente cortos y dejó de ofrecer títulos en pesos con vencimientos posteriores a 2027, una decisión interpretada por algunos analistas como una señal de cautela frente a la incertidumbre política.
Para el equipo económico, el objetivo inmediato es evitar que esa incertidumbre se transforme en una corrida cambiaria. El dólar es especialmente sensible a las expectativas: si empresas, inversores y ahorristas creen que la moneda argentina puede perder valor, aumenta la demanda de divisas y se vuelve más difícil mantener estable el tipo de cambio.
La situación también afecta al mercado de bonos. Cuando aumenta la demanda de dólares y cae el interés por los activos argentinos, los títulos públicos pierden valor y el riesgo país sube. Ese movimiento genera un círculo que puede complicar todavía más el acceso del Estado al financiamiento.
El riesgo país tiene una importancia particular para Caputo porque el Gobierno necesita reducir el costo financiero para poder refinanciar vencimientos y fortalecer su posición frente a los mercados internacionales. Un indicador elevado obliga a ofrecer mayores rendimientos y limita las alternativas de financiamiento.
En este contexto, la reunión de Caputo con banqueros adquiere especial relevancia. El mensaje del ministro apunta a transmitir que el Gobierno tiene herramientas para enfrentar una eventual presión sobre el dólar, pero al mismo tiempo deja en evidencia que el mercado es un factor que la administración no puede ignorar.
La estrategia oficial continúa apoyándose en el equilibrio fiscal como principal argumento de confianza. Milei y Caputo sostienen que el superávit fiscal permite reducir las necesidades de financiamiento del Estado y, a largo plazo, mejorar la capacidad de pago de la Argentina.
Pero los mercados no miran únicamente el resultado fiscal. También observan el nivel de reservas, la deuda, el comportamiento del peso, la liquidez, las tasas de interés y la capacidad política del Gobierno para sostener sus reformas.
Por eso, el desafío de las próximas semanas será mantener la confianza sin generar una presión excesiva sobre la economía real. Una política demasiado restrictiva puede contener el dólar, pero también puede afectar el crédito, el consumo y la actividad.
El escenario internacional agrega otra variable. Los movimientos de las tasas de interés estadounidenses y el comportamiento de los mercados emergentes pueden modificar rápidamente el flujo de capitales hacia países como Argentina.
La economía argentina, además, mantiene una característica estructural: la elevada preferencia de los ahorristas por el dólar. Cuando aparecen señales de incertidumbre, una parte de los inversores y familias busca proteger sus ahorros en moneda estadounidense, aumentando la demanda de divisas.
El Gobierno pretende evitar que esa conducta se transforme nuevamente en una dinámica de mayor tensión cambiaria. Para ello, necesita mantener suficientes dólares disponibles y, simultáneamente, convencer al mercado de que no existe una razón inmediata para una fuerte depreciación del peso.
Caputo enfrenta así una situación que combina economía y política. La estabilidad del dólar dejó de ser solamente un objetivo monetario y pasó a convertirse en una pieza central de la estrategia electoral de Milei. Una crisis cambiaria podría impactar rápidamente sobre los precios y el poder adquisitivo, justamente en un momento en que el oficialismo necesita mostrar resultados económicos.
La advertencia más importante para el Gobierno es que el mercado puede cambiar de percepción rápidamente. Una mejora en las reservas o una reducción del riesgo país puede fortalecer la confianza, pero una combinación de dólar ascendente, caída de bonos y aumento de tasas puede producir el efecto contrario.
Por ahora, la administración busca demostrar que dispone de herramientas suficientes para contener la volatilidad. El Banco Central puede intervenir, el Tesoro puede absorber pesos y el equipo económico puede modificar las tasas y las condiciones de las licitaciones, pero todas esas herramientas tienen consecuencias sobre otras variables.
El verdadero desafío será determinar cuál de esos costos está dispuesto a asumir el Gobierno para evitar una mayor presión sobre el dólar.
La situación también será observada por los bancos. Las entidades financieras necesitan estabilidad cambiaria para administrar sus carteras, otorgar crédito y mantener previsibilidad en sus operaciones. Una mayor volatilidad puede llevarlas a adoptar posiciones más conservadoras.
En consecuencia, la conversación entre Caputo y los banqueros tiene un componente que va más allá de una simple reunión informativa. El Gobierno necesita mantener alineado al sistema financiero mientras intenta convencer a los inversores de que el programa económico continúa bajo control.
La evolución del riesgo país será uno de los principales indicadores para saber si esa estrategia está funcionando. Si comienza a bajar nuevamente, el Gobierno podrá interpretar que recupera parte de la confianza perdida. Si continúa aumentando, la presión sobre el equipo económico será mayor.
También será determinante el comportamiento del dólar durante las próximas semanas. Una estabilidad sostenida permitiría al Gobierno concentrarse en otros objetivos económicos. Una aceleración de la cotización, en cambio, podría obligar al Banco Central a utilizar más reservas o endurecer las condiciones monetarias.
La preocupación de Caputo ante los banqueros muestra que el frente cambiario volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica argentina. El Gobierno de Milei todavía cuenta con herramientas para intervenir y contener la presión, pero el aumento del riesgo país y las dudas del mercado indican que la tranquilidad financiera no está garantizada. El desafío será sostener el dólar sin deteriorar demasiado la actividad económica y, al mismo tiempo, preservar la confianza de los inversores en un programa que empieza a enfrentar una etapa política cada vez más exigente.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
- ★Ecuador: acuerdo de Daniel Noboa con China Media Group genera cuestionamientos por la influencia de Beijing sobre la comunicación
- ★Perú: fuerte terremoto de magnitud 7,2 sacudió Ayacucho y dejó daños en viviendas, centros de salud y escuelas
- ★Colombia: Abelardo de la Espriella designó la nueva cúpula militar y puso al general Erick Rodríguez al frente de las Fuerzas Militares
- ★Perú: por qué Sudamérica está registrando grandes terremotos y qué explica la actividad sísmica de la región
- ★Brasil: greve dos bancários fecha agências por 24 horas; veja como ficam pagamentos, saques e depósitos


