
El presidente Abelardo de la Espriella oficializó la nueva cúpula de las Fuerzas Militares de Colombia y designó al mayor general Erick Rodríguez Aparicio como comandante general, en una renovación que tendrá como principal objetivo recuperar el control territorial y fortalecer la ofensiva contra las organizaciones criminales y los grupos armados que operan en distintas regiones del país. El anuncio fue realizado este jueves 20 de agosto desde Barranquilla, en un acto en el que el mandatario presentó a los oficiales que ocuparán los principales puestos de mando.
La designación de Rodríguez tiene además un componente político y profesional particular. El oficial regresa al servicio activo después de haber sido retirado durante el gobierno de Gustavo Petro, cuando ocupaba un puesto de alto nivel dentro de las Fuerzas Militares. Su retorno había sido anticipado en los últimos días y finalmente quedó confirmado con su nombramiento como máximo jefe militar del país.
Rodríguez Aparicio cuenta con una extensa trayectoria operacional. Durante su carrera estuvo al frente de distintas unidades y desempeñó responsabilidades relacionadas con operaciones conjuntas y conducción de tropas. Antes de su salida había ocupado cargos como segundo comandante del Ejército y subjefe de Operaciones Conjuntas de las Fuerzas Militares.
Su regreso se produce en un momento en que la seguridad es uno de los principales ejes del nuevo Gobierno colombiano. De la Espriella afirmó que su administración pretende recuperar la presencia efectiva del Estado en las zonas donde grupos armados y estructuras criminales han aumentado su influencia.
El mandatario fue contundente al presentar a los nuevos comandantes y sostuvo que las Fuerzas Militares tendrán respaldo del Ejecutivo para enfrentar a las organizaciones criminales. Su estrategia apunta especialmente a recuperar territorios donde existen problemas relacionados con narcotráfico, secuestro, extorsión, minería ilegal y presencia de grupos armados.
Junto con Rodríguez, el mayor general Carlos Carrasquilla Gómez fue designado jefe del Estado Mayor Conjunto, una posición clave para coordinar las operaciones de las distintas fuerzas. La estructura busca mejorar la articulación entre Ejército, Armada y Fuerza Aérea y concentrar la planificación militar en objetivos comunes.
En el Ejército Nacional, el nuevo comandante será el mayor general José Bertulfo Soto Sánchez, acompañado por el brigadier general Rodolfo Morales Franco como segundo comandante. Ambos tendrán la responsabilidad de dirigir buena parte de las operaciones terrestres que se desarrollarán en las regiones más afectadas por la violencia.
La renovación también alcanza a la Fuerza Aérea Colombiana. El mayor general Juan Martínez Ossa asumirá como comandante, mientras que el mayor general Juan Mosquera Dueñas ocupará la posición de segundo comandante. El Gobierno decidió además recuperar oficialmente la denominación de Fuerza Aérea Colombiana, en lugar del nombre Fuerza Aeroespacial Colombiana utilizado durante el período anterior.
En la Armada Nacional, el vicealmirante Javier Jaimes Pinilla fue designado comandante, con el mayor general Rafael Olaya Quintero como segundo comandante. La nueva conducción deberá afrontar, entre otros desafíos, el control de las costas, la lucha contra el narcotráfico marítimo y la protección de las fronteras y espacios estratégicos del país.
El Gobierno también designó al general Óscar Leonel Murillo como responsable de la Escuela Superior de Guerra, una institución fundamental para la formación y preparación de los oficiales que posteriormente ocuparán posiciones de mando dentro de las Fuerzas Militares.
El nombramiento de Rodríguez es uno de los aspectos que más atención generó debido a su salida durante la administración anterior. En junio de 2026, el propio oficial confirmó que había sido notificado de su retiro del servicio activo. En aquel momento ocupaba un cargo relacionado con las operaciones conjuntas.
Su regreso había sido señalado previamente como una posibilidad dentro de la reorganización militar impulsada por De la Espriella. El nuevo presidente había planteado durante su campaña la necesidad de reincorporar a oficiales que, según su interpretación, habían sido apartados injustamente durante el Gobierno anterior.
La nueva cúpula representa, por lo tanto, algo más que un simple cambio administrativo. Es una señal de la orientación que De la Espriella pretende imprimir a la política de seguridad durante su mandato.
El presidente sostiene que el Estado debe recuperar el control de las regiones donde las organizaciones armadas han conseguido establecer estructuras de poder. Para ello, su Gobierno pretende aumentar la presencia militar y policial y combinar operaciones de seguridad con acciones destinadas a recuperar la autoridad estatal.
El desafío es particularmente complejo porque Colombia enfrenta un escenario de fragmentación de los grupos armados, con diferentes organizaciones que operan en territorios específicos y mantienen disputas por rutas del narcotráfico, economías ilegales y control de comunidades.
La estrategia militar tendrá que responder, por lo tanto, a amenazas diferentes según la región. En algunas zonas el problema principal está relacionado con el narcotráfico; en otras, con el control territorial de grupos armados, la extorsión o la minería ilegal.
Rodríguez asumirá el mando en ese contexto y tendrá que coordinar una estructura militar de gran tamaño, con operaciones simultáneas en diferentes puntos del territorio nacional.
El Gobierno también pretende fortalecer la inteligencia militar y la coordinación entre las distintas fuerzas. La identificación de las estructuras criminales, sus fuentes de financiación y sus redes logísticas será fundamental para evitar que las operaciones se limiten a capturar o abatir integrantes sin afectar realmente la capacidad de las organizaciones.
La nueva conducción militar tendrá además que enfrentar un desafío institucional: mantener la disciplina y la profesionalización de las Fuerzas Militares mientras aumenta la presión política para mostrar resultados rápidos en materia de seguridad.
De la Espriella presentó su nueva cúpula con un mensaje particularmente fuerte. El mandatario aseguró que no habrá tregua para las organizaciones criminales y que su Gobierno buscará recuperar la seguridad desde las regiones hasta las ciudades y barrios.
El mensaje anticipa una política de seguridad más ofensiva que la desarrollada durante buena parte del Gobierno anterior. La diferencia no estará únicamente en el número de operaciones, sino también en la prioridad política que el nuevo Ejecutivo otorgue a la recuperación territorial.
Para Rodríguez, uno de los principales retos será convertir esa orientación política en una estrategia militar capaz de producir resultados sostenibles. Recuperar un territorio no significa solamente ingresar con tropas, sino mantener posteriormente la presencia estatal y evitar que los grupos armados vuelvan a ocupar el espacio dejado por las fuerzas de seguridad.
La nueva cúpula militar comienza así su gestión con una misión claramente definida: recuperar el control territorial y aumentar la presión contra las organizaciones criminales. El general Erick Rodríguez será quien encabece esa estrategia desde el Comando General de las Fuerzas Militares, acompañado por un equipo de oficiales con experiencia en operaciones y conducción institucional.
El regreso de Rodríguez también convierte su nombramiento en uno de los primeros símbolos de la nueva política de defensa de De la Espriella. Su trayectoria, su salida durante el Gobierno anterior y ahora su reincorporación colocan al oficial en una posición especialmente relevante dentro del nuevo esquema de seguridad colombiano.
La verdadera prueba comenzará ahora, cuando las nuevas autoridades tengan que transformar los anuncios en resultados concretos sobre el terreno. La reducción de la presencia de grupos armados, el control de las rutas del narcotráfico y la recuperación de zonas afectadas por la violencia serán algunos de los principales indicadores para medir la eficacia de la nueva conducción militar.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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