
Yiyang Zhuge pasó de ser una joven académica prácticamente desconocida fuera de China a convertirse en una de las figuras intelectuales más comentadas en internet después de una entrevista con el cineasta Christopher Nolan. Su particular manera de abordar la política, la filosofía clásica y el futuro de las civilizaciones despertó el interés de académicos, empresarios tecnológicos y figuras influyentes de Estados Unidos. Pero detrás de la viralidad hay una trayectoria construida durante años entre China y Estados Unidos, con estudios de filosofía política, traducciones de grandes autores y una intensa actividad como divulgadora.
La escena que la hizo mundialmente conocida ocurrió durante una conversación con Nolan, quien se encontraba promocionando The Odyssey. En lugar de concentrarse en el cine o en los detalles de la película, Zhuge llevó la conversación hacia Homero, el heroísmo, la tradición occidental y el posible ocaso de las civilizaciones. Una de sus preguntas —si Nolan se consideraba un “bardo de una civilización al atardecer”— terminó convirtiéndose en el fragmento más difundido de la entrevista y generó millones de reproducciones en redes sociales.
La repercusión fue inmediata. Muchos espectadores quedaron sorprendidos por el nivel de la conversación y por la manera en que una joven filósofa china planteaba cuestiones que normalmente aparecen en seminarios universitarios o debates especializados. Otros interpretaron sus preguntas como una crítica directa a la situación cultural de Estados Unidos y de Occidente. Zhuge, sin embargo, sostiene que su intención no era emitir un juicio concreto sobre Estados Unidos, sino recuperar una tradición filosófica mucho más antigua relacionada con la decadencia de las civilizaciones.
Su formación ayuda a entender ese enfoque. Zhuge es doctoranda en Filosofía Política en Boston College y también ha ejercido como docente en Brandeis University. Sus áreas de investigación incluyen el pensamiento político clásico y las tradiciones filosóficas alemana y francesa. Su recorrido académico combina, además, una fuerte formación en los clásicos grecolatinos con el estudio de la política contemporánea.
Uno de sus trabajos más destacados fue la traducción al chino de Moralia, de Plutarco. La obra, publicada en 2025, representó un puente entre la filosofía clásica occidental y los lectores chinos. Su interés no consiste simplemente en traducir textos antiguos, sino en recuperar las ideas políticas, morales y culturales que atraviesan esas obras y ponerlas nuevamente en circulación.
También ha trabajado intensamente con la obra de Hannah Arendt, una de las pensadoras políticas más influyentes del siglo XX. Zhuge tradujo al chino varios de sus textos y desarrolló introducciones y estudios destinados a acercar esas ideas al público chino. Su actividad como traductora se suma a sus trabajos sobre Plutarco y otros autores de la tradición occidental.
Su mirada sobre Occidente es particularmente crítica, aunque no encaja fácilmente en las categorías políticas habituales. Zhuge sostiene que China recibió distintas versiones del pensamiento occidental a lo largo de los últimos dos siglos: primero las ideas asociadas con la Ilustración, posteriormente el marxismo y, más recientemente, el pensamiento posmoderno. Su argumento es que esa sucesión produjo una visión incompleta de lo que realmente constituye la tradición occidental.
Esa interpretación la acercó intelectualmente a una corriente conocida como straussianismo, vinculada con el pensamiento de Leo Strauss y con una lectura más profunda de los clásicos políticos. Esa corriente también tuvo influencia sobre determinados sectores del conservadurismo estadounidense y sobre algunas figuras del mundo tecnológico, entre ellas Peter Thiel. Por esa razón, la aparición de Zhuge en el debate estadounidense rápidamente adquirió una dimensión política que ella misma intenta evitar.
Su relación con el mundo tecnológico también creció a partir de su enorme presencia digital. En China utiliza el nombre Zhong Shu y conduce el podcast Monologues of a Committed Observer, dedicado principalmente a filosofía política, historia de las ideas y análisis de conceptos políticos. El programa acumuló cientos de miles de seguidores y convirtió a Zhuge en una figura conocida mucho antes de que su entrevista con Nolan llegara al público occidental.
La paradoja es que su fama internacional llegó precisamente cuando ella no estaba intentando convertirse en una celebridad. Zhuge ha explicado que no tiene un interés particular en preservar la fama por sí misma y que su objetivo es disponer de suficiente libertad y tiempo para dedicarse al pensamiento. Esa actitud contribuyó, posiblemente, a que su aparición pública resultara diferente de la comunicación habitual de las figuras que buscan convertirse deliberadamente en fenómenos de internet.
El debate alrededor de su figura también mostró hasta qué punto una persona puede convertirse rápidamente en símbolo de una discusión política que va mucho más allá de su propia trayectoria. Algunos sectores estadounidenses la presentan como ejemplo de una China interesada en conservar los clásicos occidentales mientras Estados Unidos los abandona. Otros cuestionan esa interpretación y consideran que su pensamiento está siendo utilizado para alimentar determinadas posiciones políticas.
Zhuge rechaza precisamente esa necesidad de colocar a las personas en bandos. Su postura apunta a que clasificar rápidamente a alguien como progresista, conservador, occidentalista, antioccidental o propagandista termina simplificando debates intelectuales que deberían ser mucho más complejos. Su propia trayectoria —china de origen, formada académicamente en Estados Unidos y dedicada a traducir autores europeos y clásicos grecolatinos— dificulta cualquier clasificación sencilla.
El fenómeno también revela una transformación en la relación entre filosofía y cultura popular. Una conversación sobre Homero, la virtud, la guerra y el destino de las civilizaciones difícilmente habría alcanzado una audiencia masiva hace algunas décadas. Ahora, una pregunta filosófica formulada en una entrevista puede convertirse en un fenómeno global en cuestión de horas.
En el caso de Zhuge, esa viralidad también refleja el interés existente en Estados Unidos por el futuro de Occidente. La discusión sobre el declive cultural, la pérdida de influencia de las humanidades, la inteligencia artificial, la tecnología y el poder de China atraviesa actualmente distintos sectores de la sociedad estadounidense. Su figura quedó ubicada inesperadamente en el centro de todas esas conversaciones.
Lo más llamativo es que Zhuge no llegó a ese escenario desde la política partidaria ni desde una empresa tecnológica. Llegó desde los libros, la investigación académica y una conversación sobre los clásicos. Su éxito demuestra que todavía existe una audiencia interesada en preguntas que requieren tiempo para ser pensadas y que no necesariamente pueden reducirse a una consigna política.
Su creciente popularidad entre sectores intelectuales y tecnológicos de Estados Unidos también plantea una cuestión más profunda: por qué una joven intelectual formada en China y Estados Unidos consiguió captar la atención hablando de Plutarco, Homero, Arendt y el destino de las civilizaciones en un momento dominado por la inteligencia artificial y las grandes empresas tecnológicas.
La respuesta puede estar precisamente en esa combinación. Zhuge representa el cruce entre la tradición intelectual occidental, la mirada china sobre Occidente y la cultura tecnológica contemporánea. No intenta presentar una respuesta definitiva sobre quién está ganando o perdiendo en el enfrentamiento entre China y Estados Unidos; plantea preguntas sobre los valores, las ideas y las tradiciones que están detrás de esa competencia.
Y quizás allí esté la razón por la que su figura despertó tanta atención. En una época dominada por mensajes breves y posiciones cada vez más polarizadas, Yiyang Zhuge volvió a poner la filosofía en el centro de una conversación global. Su entrevista con Christopher Nolan fue el episodio que la hizo conocida en Occidente, pero su verdadera historia comenzó mucho antes y todavía está ligada a una tarea mucho más silenciosa: estudiar cómo las sociedades construyen sus ideas, qué ocurre cuando esas ideas pierden fuerza y qué pueden aprender unas civilizaciones de otras.
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