
Luis Raúl Menocchio, conocido como “El Gusano” y apodado “el hombre de las mil caras”, volvió a quedar bajo la lupa de la Justicia, esta vez por una investigación que lo señala como presunto líder de una organización dedicada al narcotráfico mientras permanece detenido en el penal de Rawson. A sus 64 años, el hombre que durante décadas construyó identidades falsas, se sometió a cirugías para modificar su rostro y fue condenado por homicidios vuelve a aparecer en una causa criminal, agregando un nuevo capítulo a una trayectoria que comenzó con estafas y piratería del asfalto y terminó vinculada a algunos de los crímenes más resonantes de la región.
Menocchio nació en Misiones dentro de una familia de buena posición económica y durante su juventud llevó una vida asociada al lujo y a la noche de Posadas. Autos costosos, ropa de diseñador y contactos con personas influyentes formaban parte de la imagen que cultivó antes de ingresar definitivamente al mundo del delito. Las primeras denuncias conocidas estuvieron relacionadas con estafas y negocios irregulares.
Su recorrido criminal adquirió una dimensión internacional cuando se instaló en Paraguay. Allí participó en negocios vinculados con empresas de televisión por cable y posteriormente quedó involucrado en operaciones financieras que terminaron en denuncias por estafa. También fue relacionado con actividades de distribución de drogas y con una empresa de transporte de caudales cuyos vehículos sufrieron una serie de asaltos.
Pero fue un doble homicidio ocurrido en Paraguay el que marcó uno de los primeros grandes capítulos de su historia criminal. Eduardo Fidel Maciel y Graciela Méndez fueron asesinados en 2004 y sus cuerpos aparecieron dentro de tambores de 200 litros sellados con cemento. Menocchio era una de las últimas personas que había estado con ellos antes de su desaparición y se convirtió en el principal sospechoso.
Ante la presión de los investigadores, Menocchio abandonó Paraguay y regresó a la Argentina. Fue entonces cuando comenzó una de las características más llamativas de su trayectoria: modificó quirúrgicamente su rostro, cambió su apariencia y adoptó documentación falsa a nombre de Hugo Jara. También llegó a alterarse las huellas digitales para dificultar su identificación.
Con esa nueva identidad consiguió acercarse a personas de alto poder adquisitivo. Se presentó como empresario, chef y hombre de negocios, dependiendo de la situación. Una de sus víctimas fue el productor cinematográfico Claudio Nozzi, con quien estableció una relación de confianza y llegó a compartir viajes en su yate.
Nozzi desapareció en 2005. Días después, su cuerpo fue encontrado en el río Paraná con cadenas y anclas colocadas en las piernas para impedir que saliera a la superficie. La investigación terminó vinculando a Menocchio con el crimen y permitió descubrir que el supuesto Hugo Jara era en realidad el prófugo buscado por las autoridades.
Menocchio permaneció varios años detenido por ese caso, pero posteriormente recuperó la libertad debido a cuestionamientos sobre las pruebas. Lejos de desaparecer del radar policial, volvió a quedar relacionado con nuevos hechos violentos.
En enero de 2011 se produjo uno de los episodios que finalmente tendría consecuencias judiciales definitivas. Manuel Roseo, un poderoso propietario de tierras chaqueño, y su cuñada fueron asesinados en su campo de Castelli. La investigación estableció que Menocchio había mantenido contactos con Roseo y que existía un interés económico relacionado con sus tierras.
Ese caso terminó con una condena a prisión perpetua. La Justicia argentina consideró probado que Menocchio participó en el doble homicidio y que detrás del crimen existía un interés económico. Desde entonces permanece detenido en la Unidad Penitenciaria Federal N.º 6 de Rawson.
Ahora, años después de aquella condena, su nombre vuelve a aparecer en una investigación por narcotráfico. Según la información publicada por el diario argentino Clarín, los investigadores sospechan que Menocchio habría continuado ejerciendo influencia criminal desde el interior del penal y que podría estar vinculado con una estructura dedicada a la distribución de drogas.
La acusación es particularmente llamativa porque plantea que la cárcel no habría impedido que el condenado mantuviera contactos y capacidad de organización fuera del establecimiento penitenciario. La investigación intenta determinar qué papel habría tenido Menocchio y quiénes serían los integrantes de la estructura que presuntamente operaba en el exterior.
Por ahora, esta nueva acusación debe diferenciarse de las condenas que ya pesan sobre él. Ser señalado como presunto jefe de una organización narco no equivale a una nueva condena, y serán los investigadores y posteriormente la Justicia quienes deberán establecer si existen pruebas suficientes para demostrar su participación.
La trayectoria anterior explica por qué el nuevo expediente genera especial atención. Menocchio ya había demostrado una notable capacidad para utilizar identidades falsas, establecer relaciones con personas de distintos sectores y desplazarse entre Argentina y Paraguay mientras intentaba dificultar el trabajo de los investigadores.
Su apodo de “hombre de las mil caras” no nació solamente de una exageración periodística. Las cirugías estéticas, el cambio de identidad y la documentación falsa fueron recursos concretos utilizados para ocultar quién era. Esa estrategia le permitió durante años presentarse ante diferentes personas bajo nombres y perfiles completamente distintos.
El caso también tiene una dimensión fronteriza. Parte de su trayectoria criminal se desarrolló en Paraguay y otra parte en Argentina, lo que obligó a las autoridades de ambos países a intercambiar información y seguir sus movimientos durante años.
En Paraguay, los asesinatos de Maciel y Méndez quedaron sin un juicio definitivo contra Menocchio debido a las circunstancias procesales y a su permanencia bajo jurisdicción argentina. Si alguna vez recuperara la libertad, todavía debería enfrentar las consecuencias judiciales vinculadas con aquellos hechos en el país vecino.
La nueva investigación sobre narcotráfico abre ahora otra interrogante: cómo una persona condenada a prisión perpetua pudo, presuntamente, mantener contactos suficientes como para ser considerada parte de una organización criminal.
La respuesta dependerá de las pruebas que logren reunir los investigadores. Comunicaciones telefónicas, movimientos de dinero, contactos con personas del exterior y operaciones vinculadas con el tráfico de drogas pueden resultar determinantes para establecer si existió realmente una estructura dirigida desde el penal.
También será necesario determinar si Menocchio tenía un papel operativo o si simplemente aparece mencionado por personas investigadas. La diferencia es fundamental para establecer una eventual responsabilidad penal.
Lo que sí está documentado es que su historia criminal se extiende durante varias décadas y atraviesa diferentes modalidades delictivas. De las estafas y los negocios fraudulentos pasó a los robos, luego a los homicidios y ahora aparece nuevamente vinculado, según la acusación investigada, con el narcotráfico.
El recorrido resulta particularmente llamativo porque comenzó en un entorno de privilegio económico. Menocchio no necesitó inicialmente recurrir al delito para acceder a dinero o contactos. Su familia tenía recursos y relaciones, pero su vida terminó tomando un camino completamente diferente.
El personaje que alguna vez se presentó como un playboy de la alta sociedad terminó convertido en uno de los criminales más conocidos de la región.
Su historia también demuestra la importancia de las identidades falsas en el delito organizado. Durante años pudo utilizar diferentes nombres y modificar su apariencia para dificultar el reconocimiento. Esa capacidad de adaptación le permitió relacionarse con empresarios, productores, comerciantes y otras personas que desconocían su verdadera identidad.
La investigación actual deberá determinar si esa capacidad de establecer vínculos y operar mediante terceros volvió a aparecer dentro del penal de Rawson.
Mientras tanto, Menocchio continúa cumpliendo su condena y enfrenta una nueva acusación que podría agregar otro capítulo a su extenso expediente.
La historia del “hombre de las mil caras” parece todavía lejos de terminar. El nuevo expediente por narcotráfico no modifica las condenas que ya recibió, pero vuelve a poner bajo investigación la capacidad de un criminal condenado por homicidios para mantener presuntos vínculos con el exterior desde una cárcel de máxima seguridad. Después de décadas marcadas por identidades falsas, estafas, asesinatos y fugas de la Justicia, ahora los investigadores intentan determinar si Menocchio consiguió construir desde prisión una nueva estructura criminal y cuál habría sido realmente su papel dentro de ella.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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