
Buenos Aires se convirtió esta semana en el centro de una de las principales reuniones internacionales contra el narcotráfico y el crimen organizado. Argentina y Estados Unidos son coanfitriones de la 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC), organizada por la DEA junto con el Ministerio de Seguridad Nacional argentino. El encuentro comenzó el martes 18 y se extenderá hasta este jueves 20 de agosto, con representantes de más de 100 países.
La reunión se desarrolla con fuertes medidas de seguridad y a puertas cerradas, por lo que buena parte de la información sobre la agenda y los participantes se mantiene bajo reserva. La conferencia reúne a entre 400 y 600 integrantes de fuerzas de seguridad y delegaciones internacionales, además de representantes de organismos policiales vinculados con la lucha contra el crimen organizado.
El lema elegido para esta edición es “Justicia a través de la fortaleza y la unidad” y refleja el objetivo central de la conferencia: mejorar la cooperación entre los organismos de seguridad de distintos países para enfrentar organizaciones criminales que operan más allá de las fronteras. Entre los asuntos que forman parte de las discusiones aparecen el narcotráfico, el lavado internacional de dinero, el intercambio de inteligencia y el narcoterrorismo.
La elección de Buenos Aires como sede tiene además una lectura política. La organización conjunta representa un nuevo paso en el acercamiento entre el Gobierno de Javier Milei y la administración de Donald Trump, especialmente en materia de seguridad y defensa. La relación bilateral se ha profundizado durante los últimos meses y la cooperación con agencias estadounidenses ocupa un lugar destacado en la política exterior argentina.
Entre las figuras estadounidenses presentes se encuentra Terrance Cole, director de la DEA, mientras que por Argentina la conferencia está encabezada por la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva. El Gobierno argentino considera que la realización del encuentro constituye un reconocimiento internacional a su trabajo contra los delitos complejos.
La conferencia también adquiere importancia por el escenario regional. Las organizaciones dedicadas al narcotráfico han ampliado sus operaciones hacia diferentes países y combinan tráfico de drogas, lavado de activos, corrupción, contrabando y utilización de estructuras financieras internacionales. Esa dimensión transnacional obliga a las agencias a compartir información y coordinar investigaciones que difícilmente pueden resolverse desde un solo territorio.
Uno de los puntos centrales es precisamente el intercambio de inteligencia. Las organizaciones criminales pueden mover dinero, personas y cargamentos a través de varios países antes de que una investigación consiga identificar toda la estructura. Por eso, el objetivo de las reuniones internacionales no es únicamente coordinar operativos, sino también conectar bases de datos, información financiera y mecanismos de investigación.
El lavado de dinero ocupa un lugar especialmente sensible. Las ganancias obtenidas mediante el tráfico de drogas necesitan ingresar posteriormente a la economía formal para ser utilizadas o reinvertidas. Empresas, cuentas bancarias, operaciones inmobiliarias, sociedades y mecanismos financieros pueden convertirse en instrumentos para ocultar el origen del dinero.
La lucha contra esas estructuras requiere una coordinación que va más allá de las fuerzas policiales. Los organismos de inteligencia financiera, las fiscalías, las autoridades aduaneras y las agencias especializadas en drogas deben trabajar conjuntamente para seguir el recorrido del dinero y no solamente decomisar los cargamentos.
Argentina busca además consolidar su papel dentro de los mecanismos internacionales de cooperación. La elección de Buenos Aires como sede permite al Gobierno mostrar las capacidades de sus fuerzas de seguridad y, al mismo tiempo, fortalecer los vínculos con agencias de otros países.
La organización comenzó a gestarse a finales de 2025, cuando una delegación de la DEA encabezada por Terry Cole mantuvo reuniones con las autoridades argentinas. En ese momento se acordó avanzar con la realización de la conferencia número 40 en Buenos Aires.
El encuentro llega en un momento en el que Argentina ha incrementado significativamente sus operaciones contra el narcotráfico. Según información publicada durante la apertura de la conferencia, las incautaciones de cocaína aumentaron fuertemente desde 2024, reflejando también el creciente papel del país dentro de las rutas regionales de tránsito de drogas.
La ubicación geográfica argentina resulta relevante en ese escenario. El país comparte extensas fronteras con Bolivia y Paraguay, dos territorios vinculados a importantes rutas regionales de producción y tránsito de drogas. Brasil también representa un mercado y corredor fundamental para las organizaciones criminales que operan en Sudamérica.
El desafío para Argentina no consiste únicamente en impedir que las drogas ingresen al territorio. También debe controlar las rutas financieras, las estructuras logísticas y las conexiones internacionales que permiten que las organizaciones criminales funcionen como empresas transnacionales.
La presencia de delegaciones de numerosos países permite justamente intercambiar experiencias sobre esos mecanismos. Cada país enfrenta modalidades diferentes de narcotráfico, pero muchas organizaciones utilizan estructuras similares para ocultar ganancias, transportar mercancías y evadir a las autoridades.
México también tiene una participación relevante. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, asistiría a la conferencia para presentar los resultados de la estrategia mexicana contra el crimen organizado.
La presencia mexicana tiene un significado particular debido a la relación históricamente compleja entre México y la DEA. Sheinbaum había explicado que inicialmente existían dudas sobre la participación, pero finalmente su gabinete decidió que Harfuch asistiera para mostrar internacionalmente los resultados de la estrategia de seguridad mexicana.
Esto convierte a la conferencia de Buenos Aires en algo más que una reunión técnica. También funciona como un espacio donde distintos gobiernos buscan mostrar sus propios modelos de combate al crimen organizado y definir hasta dónde están dispuestos a profundizar la cooperación internacional.
En el caso argentino, esa cooperación se encuentra estrechamente vinculada con el alineamiento de Milei con Washington. El Gobierno ha incrementado la colaboración con organismos estadounidenses en seguridad, defensa y lucha contra el narcotráfico, al mismo tiempo que busca fortalecer su relación económica y estratégica con Estados Unidos.
La cuestión del narcoterrorismo también ha ganado espacio en la agenda estadounidense. Washington considera que determinadas organizaciones criminales latinoamericanas representan una amenaza que supera el tráfico de drogas y se conecta con violencia armada, control territorial, financiamiento ilícito y capacidad de penetración institucional.
Por eso, la conferencia busca avanzar desde el intercambio de información hacia una cooperación operativa más profunda. El objetivo es que las agencias puedan identificar organizaciones, seguir sus movimientos financieros y coordinar acciones antes de que las estructuras criminales consoliden nuevas rutas.
El hermetismo que rodea al encuentro responde, en parte, a la naturaleza de los asuntos tratados. Revelar detalles operativos, mecanismos de inteligencia o procedimientos de cooperación podría afectar investigaciones actuales o futuras.
Eso explica que buena parte de la conferencia permanezca fuera del acceso de la prensa. No se trata de una cumbre política tradicional con una agenda pública detallada, sino de una reunión principalmente destinada a funcionarios y especialistas de seguridad que intercambian información sensible.
Para Argentina, la oportunidad también tiene un componente institucional. Ser anfitrión de una conferencia de esta magnitud permite presentar al país como un actor capaz de coordinar esfuerzos internacionales contra delitos complejos.
Pero el verdadero resultado de la reunión no se medirá por la cantidad de delegaciones presentes, sino por la capacidad de transformar los acuerdos en operaciones concretas, intercambio permanente de inteligencia y desarticulación de redes criminales.
La cooperación internacional resulta particularmente importante porque los grandes grupos dedicados al narcotráfico no respetan fronteras. Una organización puede producir o adquirir droga en un país, trasladarla por otro, almacenarla en un tercero, venderla en un cuarto y finalmente lavar las ganancias a través de empresas ubicadas en varios territorios.
Frente a esa estructura, las investigaciones aisladas tienen límites evidentes.
La conferencia de Buenos Aires intenta precisamente reducir esos límites mediante una coordinación más estrecha entre agencias. El desafío será convertir la cooperación diplomática y policial en resultados verificables contra las organizaciones que manejan las rutas de droga y sus recursos financieros.
La Argentina de Milei busca ocupar un lugar más activo en esa estrategia y utiliza la relación con Estados Unidos como uno de sus principales instrumentos. Para Washington, en tanto, Buenos Aires aparece como un socio regional dispuesto a profundizar la cooperación en seguridad.
La 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas coloca a Argentina en el centro de la agenda internacional contra el narcotráfico durante tres días. Bajo estrictas medidas de seguridad y con una agenda parcialmente reservada, más de 100 países intercambian información y estrategias para enfrentar el crimen organizado, el lavado de dinero y el narcoterrorismo. Para el Gobierno de Javier Milei, la cumbre representa además una demostración del nuevo nivel de cooperación con Estados Unidos. El resultado más importante, sin embargo, estará fuera de las cámaras: si la información compartida en Buenos Aires permite mejorar investigaciones, seguir el dinero y desarticular redes criminales que operan en varios países, la reunión habrá pasado de ser una cumbre internacional a convertirse en una herramienta concreta contra el narcotráfico.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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