
En China crece una particular forma de entretenimiento: centros especializados permiten a los visitantes experimentar huracanes, lluvias torrenciales e inundaciones mediante simuladores diseñados para reproducir condiciones extremas. La propuesta, que algunos ya describen como “turismo de desastre”, combina entretenimiento con entrenamiento para situaciones de emergencia y ha generado un debate sobre hasta qué punto es apropiado convertir experiencias inspiradas en tragedias reales en una actividad recreativa.
Uno de los principales centros es la Base Lvxing, considerada por el South China Morning Post como el primer centro de simulación inmersiva de desastres naturales de China. Desde finales de 2024, el establecimiento ya recibió más de 160.000 visitantes, una cifra que muestra el interés que despertaron este tipo de experiencias, especialmente entre los jóvenes.
Los visitantes pueden elegir diferentes niveles de experiencia. El ingreso más sencillo cuesta 899 yuanes, unos R$ 695, y permite enfrentarse a simulaciones de tifones, lluvias intensas e inundaciones. Los paquetes más completos llegan a 5.000 yuanes, cerca de R$ 3.800, e incluyen entrenamiento de supervivencia en la naturaleza y ejercicios de rescate acuático para familias.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran la intensidad de algunas de las pruebas. Los participantes pueden enfrentarse a vientos simulados de hasta 165 km/h y atravesar escenarios con grandes cantidades de agua y olas artificiales. Los centros cuentan con equipos de seguridad, además de proporcionar elementos como cascos y ropa térmica.
La propuesta no se limita, por lo tanto, a observar una representación de un desastre. Los participantes ingresan físicamente a los escenarios y deben reaccionar ante condiciones diseñadas para reproducir situaciones que podrían encontrarse durante una emergencia real.
Ese componente práctico es uno de los argumentos utilizados por quienes defienden la actividad. Los simuladores pueden servir para enseñar habilidades básicas de supervivencia y preparar a las personas para responder con mayor rapidez ante una emergencia, especialmente en un país expuesto a diferentes fenómenos naturales.
Pero la popularidad también abrió una discusión ética. Algunos usuarios de las redes sociales cuestionan que el sufrimiento provocado por inundaciones y otros desastres pueda convertirse en una forma de entretenimiento. La crítica apunta especialmente a las personas que perdieron sus viviendas o familiares en catástrofes reales y pueden considerar ofensivo que situaciones similares sean recreadas con fines comerciales.
Otros tienen una opinión diferente y consideran que experimentar estos escenarios de manera controlada puede tener un valor educativo. Desde esa perspectiva, la actividad no necesariamente busca burlarse de las víctimas, sino utilizar la tecnología para enseñar cómo reaccionar cuando ocurre una emergencia.
La diferencia entre ambos puntos de vista está en la intención y en la forma en que se presenta la experiencia. Un simulador utilizado para capacitación en seguridad tiene una finalidad claramente preventiva; cuando se comercializa como una aventura extrema, la frontera entre entrenamiento y entretenimiento se vuelve más difusa.
El fenómeno también refleja una tendencia más amplia en China hacia experiencias inmersivas. La tecnología permite recrear ambientes que antes solo podían conocerse mediante películas, parques temáticos o ejercicios profesionales. En este caso, el objetivo es llevar esa inmersión hasta situaciones de peligro que normalmente nadie querría experimentar en la vida real.
Los operadores de estos centros tienen además una ventaja fundamental: pueden reproducir condiciones peligrosas dentro de un entorno controlado. Los participantes experimentan viento, agua y movimientos intensos sin quedar expuestos directamente a los riesgos imprevisibles de un huracán o una inundación real.
La seguridad, sin embargo, continúa siendo un elemento central. Una simulación que incluye agua, fuertes corrientes y vientos de gran intensidad puede producir accidentes si no existe supervisión adecuada. Por eso, los centros incorporan personal especializado y equipos de protección para reducir los riesgos.
La experiencia más costosa incluye precisamente entrenamiento de supervivencia y rescate acuático. Esto introduce un componente que puede ir más allá del ocio y acercarse a la capacitación práctica.
La posibilidad de aprender a actuar durante una inundación podría ser especialmente relevante en sociedades donde los fenómenos meteorológicos extremos forman parte de los riesgos habituales. Saber cómo desplazarse, cómo reaccionar ante una corriente de agua o cómo ayudar a otra persona puede ser mucho más útil que simplemente conocer las recomendaciones de emergencia de manera teórica.
El crecimiento de estas experiencias también plantea una pregunta sobre la relación entre turismo y tragedias. En distintas partes del mundo existen recorridos vinculados con guerras, catástrofes, lugares de accidentes históricos y otros acontecimientos traumáticos. El llamado “turismo oscuro” ya había generado debates similares sobre la manera de visitar y comercializar lugares relacionados con la muerte.
Los simuladores chinos llevan esa discusión a otro nivel porque no muestran únicamente un desastre ocurrido en el pasado: recrean físicamente la experiencia para que el visitante la viva en primera persona.
Para algunos usuarios, precisamente esa intensidad constituye el atractivo principal. La experiencia permite enfrentarse a una situación extrema sin asumir las consecuencias que tendría encontrarse realmente en medio de un tifón o una inundación.
El fenómeno también puede tener una dimensión familiar. Los paquetes más completos incluyen actividades para padres e hijos, lo que permite que los menores conozcan de manera práctica determinados procedimientos de emergencia. Sin embargo, la edad y las condiciones físicas de los participantes deben ser consideradas antes de someterse a experiencias de alta intensidad.
El éxito de la Base Lvxing muestra que existe un mercado dispuesto a pagar por este tipo de experiencias. Más de 160.000 visitantes desde finales de 2024 representan una demanda considerable para un concepto que todavía resulta novedoso incluso dentro de la industria del entretenimiento.
El desafío para estos centros será mantener el equilibrio entre espectacularidad y responsabilidad. Cuanto más realista sea la experiencia, mayor será su capacidad para enseñar, pero también aumentará la necesidad de establecer límites claros para evitar accidentes y situaciones que puedan resultar psicológicamente incómodas para los participantes.
La discusión probablemente continuará a medida que este tipo de propuestas se expandan. La tecnología permite recrear prácticamente cualquier escenario, pero la capacidad técnica para simular una tragedia no significa necesariamente que todo deba convertirse en entretenimiento.
Al mismo tiempo, utilizar simulaciones para enseñar a reaccionar ante emergencias puede convertirse en una herramienta útil para la prevención. La diferencia estará en cómo se diseñan los programas, qué objetivos tienen y cómo se comunica la experiencia al público.
China está convirtiendo fenómenos naturales extremos en una experiencia que mezcla turismo, entretenimiento y capacitación. Los simuladores de huracanes e inundaciones ofrecen una forma de experimentar el peligro sin enfrentar sus consecuencias reales, pero también abren un debate sobre los límites de comercializar situaciones asociadas con tragedias humanas. Mientras algunos visitantes buscan la adrenalina, otros encuentran en estos centros una oportunidad para aprender técnicas de supervivencia. El crecimiento del fenómeno demuestra que ambas motivaciones pueden coexistir, aunque el desafío será evitar que la búsqueda de realismo termine banalizando el sufrimiento de quienes han vivido verdaderos desastres.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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