
TERREMOTO DE MAGNITUD 7,4 DEJA MUERTES, DAÑOS Y UNA GRAN MOVILIZACIÓN DE EMERGENCIA.
El terremoto ocurrido este 10 de agosto deja más de un centenar de víctimas, graves daños en el occidente colombiano y una enorme operación de búsqueda, rescate y atención de la emergencia.
Colombia enfrenta este lunes una de las emergencias sísmicas más importantes de las últimas décadas. A las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió con fuerza el occidente del país y fue sentido en gran parte del territorio nacional, dejando víctimas mortales, personas heridas, edificaciones colapsadas, afectaciones en carreteras, aeropuertos y servicios esenciales.
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) confirmó que el epicentro se localizó en San José del Palmar, Chocó, con una profundidad de 103 kilómetros. Según el organismo científico, se trata del evento sísmico de mayor magnitud registrado instrumentalmente en Colombia durante el siglo XXI.
Más de 12.000 personas, ubicadas en alrededor de 900 centros poblados, habían informado al SGC haber sentido el movimiento. Incluso fueron recibidos reportes desde Panamá y Venezuela.
Una intensidad capaz de producir daño severo.
Magnitud e intensidad no representan exactamente lo mismo.
La magnitud permite establecer la energía liberada por un terremoto, mientras que la intensidad describe los efectos que el movimiento produce sobre las personas, las edificaciones y el entorno en lugares determinados.
Para el terremoto de este 10 de agosto, el SGC estableció una intensidad máxima reportada de 7, correspondiente a “daño severo”.
Esto permite comprender por qué, pese a que el foco del terremoto estuvo localizado a más de 100 kilómetros de profundidad, sus consecuencias fueron significativas.
El propio Servicio Geológico explicó que la elevada magnitud permitió que una cantidad considerable de energía alcanzara la superficie y que el movimiento fuera percibido en una extensa región del país.
¿Por qué ocurrió?
El terremoto se produjo en una de las regiones tectónicamente más complejas de Colombia.
En el Pacífico colombiano ocurre un proceso conocido como subducción, mediante el cual la placa de Nazca se introduce progresivamente debajo de la placa Sudamericana.
La interacción entre estas enormes estructuras geológicas acumula energía que eventualmente puede liberarse en forma de movimientos sísmicos.
Colombia, por su ubicación geográfica y tectónica, es un país altamente expuesto a este tipo de fenómenos.
Más de 100 personas han perdido la vida.
El balance humano continúa cambiando conforme avanzan las operaciones de búsqueda y rescate.
Hacia el mediodía de este lunes, el Gobierno Nacional informó que la cifra había ascendido a 111 personas fallecidas y al menos 87 heridas, de acuerdo con el balance divulgado durante la jornada.
Las cifras deben considerarse preliminares, pues los equipos de emergencia continúan ingresando a edificaciones afectadas y recibiendo información procedente de municipios y zonas rurales.
La emergencia golpea particularmente al occidente colombiano:
Entre las regiones con graves afectaciones aparecen Risaralda, Valle del Cauca, Chocó y Caldas, además de daños registrados en otros departamentos.
En el Valle del Cauca, uno de los primeros balances departamentales reportó 27 personas fallecidas, mientras continuaba la consolidación de información proveniente de Cali y otros municipios.
Edificios destruidos y viviendas afectadas:
La dimensión de los daños materiales también comienza a conocerse.
El balance nacional divulgado durante las primeras horas posteriores al desastre señala más de 1.500 viviendas afectadas y decenas de edificaciones colapsadas.
Pereira y su área metropolitana se encuentran entre los territorios con mayores afectaciones. En Cali también se han reportado estructuras colapsadas y personas atrapadas, mientras los organismos especializados realizan inspecciones y operaciones de búsqueda.
El terremoto también ha provocado daños y restricciones en aeropuertos y corredores viales.
En el Valle del Cauca, la emergencia resulta particularmente sensible debido a las afectaciones sobre los corredores que conectan el interior del departamento con Buenaventura. Los deslizamientos y desprendimientos representan además una amenaza secundaria, especialmente sobre las zonas montañosas.
La situación obliga a inspeccionar edificios, puentes, túneles, hospitales, instituciones educativas y otras infraestructuras antes de permitir nuevamente su utilización.
Una secuencia de réplicas mantiene la alerta.
El terremoto principal no ha sido el único movimiento registrado durante la jornada.
El Servicio Geológico Colombiano confirmó que hasta las 12:00 del mediodía se habían registrado 18 réplicas asociadas al evento.
Estas se localizaron principalmente en San José del Palmar y Sipí, Chocó, con magnitudes comprendidas entre 1,4 y 4,8 y profundidades inferiores a 100 kilómetros.
El SGC ha advertido que las réplicas probablemente continuarán.
Después de un terremoto de gran magnitud es normal que las estructuras geológicas involucradas continúen reajustándose y liberando energía. Por esta razón, las réplicas pueden prolongarse durante días, semanas e incluso meses.
Su principal peligro se encuentra en las edificaciones que quedaron debilitadas por el movimiento principal, pues nuevos movimientos pueden ocasionar desprendimientos o colapsos adicionales.
Los cuerpos de seguridad y emergencia: una carrera contra el tiempo
Mientras la población intenta dimensionar lo ocurrido, cientos de integrantes de los organismos de seguridad, socorro y atención de emergencias se encuentran trabajando sobre el terreno.
Bomberos, Policía Nacional, Fuerzas Militares, Defensa Civil Colombiana, organismos de gestión del riesgo, equipos especializados de búsqueda y rescate, personal sanitario, paramédicos y voluntarios participan en diferentes componentes de la respuesta.
Su trabajo comprende mucho más que retirar escombros.
En una emergencia de esta dimensión es necesario asegurar las zonas afectadas, establecer perímetros de seguridad, controlar accesos, facilitar corredores para ambulancias, apoyar evacuaciones, localizar personas desaparecidas, realizar búsquedas entre estructuras inestables, trasladar heridos y garantizar que los equipos especializados puedan trabajar sin interferencias.
La Policía Nacional cumple además una función fundamental en el mantenimiento de la seguridad y el control territorial, particularmente en sectores evacuados donde viviendas, establecimientos comerciales y bienes quedan temporalmente desprotegidos.
Las Fuerzas Militares, por su parte, cuentan con capacidades logísticas, de transporte, comunicaciones y atención de desastres que pueden ser utilizadas para apoyar a las autoridades civiles y facilitar el acceso hacia lugares de difícil comunicación.
La Defensa Civil Colombiana, sustentada en una extensa red nacional de voluntarios, desempeña históricamente funciones relacionadas con atención de emergencias, gestión del riesgo y acción humanitaria.
A ellos se suman bomberos, equipos médicos, organismos departamentales y municipales de gestión del riesgo y diferentes grupos especializados.
Entrar cuando los demás necesitan salir.
Existe una dimensión profundamente humana detrás de estas instituciones.
Quien lleva un uniforme también sintió el terremoto.
También tiene una familia.
También experimenta miedo.
Sin embargo, mientras miles de ciudadanos buscaron lugares seguros durante las primeras horas de la emergencia, los integrantes de los organismos de respuesta tuvieron que dirigirse precisamente hacia los sitios donde existía mayor peligro.
Cada estructura colapsada representa una operación extremadamente delicada. Los rescatistas trabajan en ambientes inestables mientras continúan produciéndose réplicas, con la posibilidad permanente de nuevos desprendimientos.
Por eso, detrás de cada rescate existe preparación, coordinación y también una enorme decisión humana de ponerse al servicio de otra persona.
La ciudadanía también forma parte de la respuesta.
Una emergencia de esta dimensión tampoco puede enfrentarse únicamente desde las instituciones.
La sociedad civil desempeña un papel fundamental.
Facilitar el tránsito de ambulancias y vehículos de emergencia, ofrecer información a las autoridades, apoyar responsablemente a vecinos vulnerables, donar mediante canales oficialmente establecidos y respetar los perímetros de seguridad son acciones que pueden contribuir significativamente.
Pero ayudar también significa actuar responsablemente.
Ingresar a edificios afectados sin capacitación, acercarse a zonas de rescate para observar, bloquear calles o compartir rumores puede dificultar las operaciones e incluso producir nuevas víctimas.
En una emergencia, la información también puede salvar vidas.
Por ello, las autoridades insisten en consultar los reportes del Servicio Geológico Colombiano y los organismos oficiales encargados de gestionar la emergencia.
Colombia después de las 7:34 de la mañana
Todavía resulta imposible establecer la dimensión definitiva de la tragedia.
Las cifras continuarán cambiando. Habrá estructuras que deberán ser inspeccionadas, familias que aún esperan información y comunidades que necesitarán asistencia durante semanas o meses.
Pero el terremoto de este 10 de agosto ya deja una reflexión inevitable.
En cuestión de segundos, aquello que consideramos permanente puede cambiar.
Una vivienda, una carretera, un edificio o incluso la rutina cotidiana pueden desaparecer o transformarse abruptamente.
Frente a esa vulnerabilidad aparece también otra realidad: nuestra capacidad colectiva de responder.
Hoy Colombia observa edificios destruidos y familias profundamente golpeadas, pero también observa bomberos entrando entre los escombros, policías protegiendo sectores evacuados, rescatistas buscando sobrevivientes, profesionales sanitarios atendiendo heridos y ciudadanos intentando ayudar a otros.
El terremoto podrá ser recordado por una cifra: 7,4.
Pero detrás de esa magnitud existen cientos de historias que ningún sismógrafo puede registrar.
Historias de pérdida, supervivencia, servicio y solidaridad.
Porque cuando la tierra demuestra su fuerza, la respuesta más poderosa que puede ofrecer una sociedad sigue siendo profundamente humana:
proteger la vida y sostener a quien lo necesita.
“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.”Mateo 24:7–8 (RVR1960)
ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

