La investigación sobre los 189,5 kilos de oro retenidos el 22 de julio en el aeropuerto internacional de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, permite separar por primera vez los hechos comprobados de las versiones que circularon en torno a un supuesto faltante de 22 kilos. La evidencia documental disponible hasta el 9 de agosto de 2026 no demuestra que hayan desaparecido 22 kilos de oro: el acta de apertura de las cuatro maletas elaborada por el Ministerio Público registra aproximadamente 189,5 kilos distribuidos en 77 lingotes, mientras que la Declaración de Mercancía de Exportación presentada ante la Aduana consigna 189,42 kilos y una pureza de 83,15 %. La diferencia entre ambos registros es de apenas unos 80 gramos, no de 22 kilos. La confusión nació de un pesaje inicial de las maletas cerradas, cuyo peso aproximado era de 22 kilos, y posteriormente fue amplificada por declaraciones oficiales que inicialmente dejaron abierta la posibilidad de que hubiera “algunos kilos encima”. Lo que sí permanece bajo investigación es mucho más importante: la documentación utilizada para intentar sacar el oro hacia Dubái presentó irregularidades, el formulario del Senarecom no pudo ser validado, el DEX no figuraba en el sistema aduanero y la empresa Emporio Dorado SRL, que aparece como propietaria de la carga, presenta características que han despertado nuevas preguntas sobre su verdadera actividad y sus responsables.
El origen de la historia de los 22 kilos
La versión sobre los supuestos kilos desaparecidos no apareció de la nada. Durante las primeras horas de la investigación, las autoridades bolivianas todavía estaban reconstruyendo qué había ocurrido con las cuatro maletas interceptadas en Viru Viru.
El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, reconoció el 23 de julio que se había recibido un reporte según el cual la cantidad de oro podía ser superior a la inicialmente informada. En ese momento dijo que se hablaba de “algunos kilos” por encima de los 189,5 kilos y que el dato todavía estaba sujeto a investigación.
Esa declaración alimentó las sospechas. Posteriormente comenzaron a circular fotografías y videos del pesaje de las cuatro maletas. Como el peso obtenido era superior al que aparecía en la documentación de los lingotes, algunas versiones interpretaron la diferencia como una posible pérdida o sustracción de oro.
Pero había un problema fundamental: las maletas todavía estaban cerradas y precintadas.
El director departamental de la FELCC de Santa Cruz, Jhonny Coca, explicó posteriormente que las cuatro maletas, sin el oro, pesaban aproximadamente 22 kilos en conjunto, cerca de cinco kilos cada una. Por esa razón, cuando se realizó el pesaje del equipaje cerrado, la cifra incluía necesariamente las valijas, envases, envoltorios y demás elementos de transporte.
Ese dato cambia completamente la interpretación de las imágenes.
Lo que realmente dicen los documentos
El documento más importante para resolver la controversia es el acta de desprecintado y apertura realizada el 22 de julio por el Ministerio Público.
El procedimiento contó con la participación del fiscal Gómer Padilla, representantes de la Fiscalía Departamental de Santa Cruz, la Policía Boliviana, la Aduana Nacional y el Senarecom.
El resultado fue claro: las cuatro maletas contenían 77 lingotes de oro, cuyo peso fue establecido en aproximadamente 189,5 kilogramos.
Existe además un segundo documento independiente: la Declaración de Mercancía de Exportación presentada por Emporio Dorado SRL ante la Aduana Nacional.
Ese documento registra exactamente 189,42 kilos de oro, distribuidos en 77 lingotes, con una pureza declarada del 83,15 %.
Por lo tanto, existen dos referencias oficiales que coinciden prácticamente por completo:
Documento de exportación: 189,42 kg.
Acta fiscal de apertura: aproximadamente 189,5 kg.
La diferencia es de alrededor de 80 gramos, una variación perfectamente compatible con diferencias de medición, embalaje y condiciones de pesaje. No existe, en los documentos conocidos, una diferencia de 22 kilos de oro.
Entonces, ¿de dónde salieron los 22 kilos?
Aquí está uno de los puntos más importantes de la investigación.
Los 22 kilos no corresponden a oro faltante. Corresponden aproximadamente al peso de las cuatro maletas y sus elementos de embalaje cuando fueron pesadas cerradas.
La propia FELCC explicó que no era posible abrir las maletas inmediatamente durante el primer procedimiento porque estaban precintadas. Por eso el peso inicial incluía tanto el contenido como los equipajes.
Después de la apertura y el inventario, se pudo pesar y documentar específicamente el metal.
La Caja N.º 2, por ejemplo, contenía 38 barras de oro con aproximadamente 56,1 kilos, además de un dispositivo GPS. El acta describe diferentes formatos de lingotes, incluidos barras rectangulares largas, barras medianas, piezas redondas y una barra pequeña.
Por tanto, la hipótesis de que “desaparecieron 22 kilos” no está respaldada por la documentación oficial conocida.
VERDAD: hubo 189,5 kilos de oro
Este punto puede considerarse establecido.
La Aduana Nacional informó oficialmente sobre el hallazgo de aproximadamente 189 kilos de oro en Viru Viru y señaló que había actuado conforme a la normativa vigente.
El acta fiscal establece aproximadamente 189,5 kilos.
La documentación de exportación establece 189,42 kilos.
La FELCC volvió a confirmar posteriormente que el cargamento realmente retenido pesaba aproximadamente 189,5 kilos.
Por tanto, la afirmación de que el cargamento retenido tenía alrededor de 189,5 kilos está ampliamente respaldada.
ESPECULACIÓN: que 22 kilos de oro fueron robados
Hasta ahora, no existe evidencia documental pública que demuestre que 22 kilos de oro hayan sido sustraídos después del decomiso.
La afirmación surgió de la interpretación de un pesaje inicial y de la incertidumbre existente durante las primeras horas de la investigación.
La posterior apertura de las maletas y el inventario oficial contradicen esa hipótesis.
Esto no significa que todas las preguntas del caso hayan sido resueltas. Significa algo más preciso: la hipótesis concreta de que desaparecieron 22 kilos después de la incautación no está demostrada por las pruebas conocidas.
Pero existe una investigación mucho más seria que la del supuesto faltante
Paradójicamente, la controversia de los 22 kilos puede haber desviado la atención de una cuestión mucho más importante.
¿Por qué un cargamento de 77 lingotes de oro, valorado en aproximadamente 25 millones de dólares, intentaba salir de Bolivia hacia Dubái utilizando documentación que presentaba irregularidades?
La alerta se produjo cuando funcionarios detectaron problemas al verificar la documentación.
El código QR asociado al formulario del Senarecom no pudo ser validado. Además, el formulario DEX no figuraba en el sistema aduanero SUMA.
Eso fue lo que provocó la intervención que terminó frustrando la salida del cargamento.
Por tanto, el caso no nació de una denuncia de robo de oro dentro del aeropuerto. Nació de una irregularidad documental vinculada a un intento de exportación.
La empresa que aparece detrás del cargamento
Aquí aparece otro elemento que merece especial atención.
Los documentos identifican a Emporio Dorado SRL como la empresa propietaria o exportadora declarada de los 77 lingotes.
La empresa destinataria que figura en la documentación es Infinity Tradelink, con sede en Dubái, Emiratos Árabes Unidos. La FELCC informó que ambos nombres aparecían en los documentos y que se investigaba quiénes estaban realmente detrás de la compañía destinataria.
Emporio Dorado, además, fue constituida en junio de 2026, apenas unas semanas antes del operativo de Viru Viru, según información publicada por medios bolivianos que accedieron a sus registros.
Ese hecho, por sí solo, no demuestra que la empresa sea ilegal. Una empresa nueva puede realizar operaciones perfectamente legítimas.
Pero adquiere relevancia cuando se combina con otros elementos del expediente: una operación de casi 190 kilos de oro, destino internacional, documentación cuestionada y una empresa recién constituida.
Por eso la Fiscalía investiga quiénes son los verdaderos responsables y cuál era la procedencia del metal.
La dirección de Emporio Dorado también generó sospechas
Una investigación posterior de Agencia de Noticias Fides encontró que la dirección registrada para Emporio Dorado en La Paz no correspondía a una oficina identificable de la empresa.
ANF informó que realizó una visita al domicilio registrado y no encontró una oficina que funcionara como empresa minera o exportadora. Vecinos y comerciantes del sector dijeron desconocer la existencia de una compañía con ese nombre.
Otros medios bolivianos también reportaron que el domicilio registrado correspondía a una vivienda o inmueble residencial y que sus ocupantes desconocían la existencia de Emporio Dorado.
Aquí es importante separar nuevamente hecho y especulación.
Es un hecho que medios periodísticos no encontraron una oficina operativa en el domicilio registrado.
Es una especulación, todavía no demostrada judicialmente, afirmar que Emporio Dorado era una “empresa fantasma” creada específicamente para lavar o legalizar oro proveniente de minería ilegal.
Esa hipótesis puede formar parte de la investigación, pero no debe presentarse como una conclusión.
¿El oro provenía de minería ilegal?
Esta es probablemente la pregunta más importante que todavía no tiene respuesta.
No existe, hasta la información pública disponible, una prueba definitiva que establezca que los 189,5 kilos procedían de minería ilegal.
Sí existen elementos que justifican investigar esa posibilidad.
La empresa aparece recientemente constituida. La documentación de exportación presentó irregularidades. La procedencia exacta del oro todavía está bajo investigación y la Gobernación de La Paz incluso solicitó información para determinar si el metal provenía de ese departamento y, en ese caso, garantizar el pago de las regalías correspondientes.
Pero ninguno de esos elementos permite afirmar por sí mismo que el oro sea ilegal.
La conclusión correcta, periodísticamente, es: la procedencia del oro continúa siendo una de las principales incógnitas de la investigación.
¿Y qué relación tiene Brasil con el caso?
La presencia de un avión brasileño fue otro elemento que generó confusión.
La aeronave involucrada es un Gulfstream G100/Astra con matrícula PS-ZRZ, vinculado al empresario brasileño Valdir José Zorzo, propietario del Grupo Dallas.
La revista Veja informó que Zorzo no estaba a bordo y que el Grupo Dallas negó haber autorizado cualquier actividad ilegal. También negó que el avión hubiera quedado incautado y afirmó que la aeronave se encontraba posteriormente en territorio brasileño.
Esto significa que no debe afirmarse que el empresario brasileño sea propietario del oro ni que haya participado en el intento de exportación.
Lo comprobado es que su aeronave estuvo vinculada al vuelo en el que se pretendía transportar el cargamento.
La responsabilidad sobre el oro, según los documentos bolivianos conocidos, aparece vinculada a Emporio Dorado SRL, no al propietario del avión.
¿El avión fue utilizado deliberadamente para sacar el oro?
También aquí hay que tener cuidado.
La aeronave estaba destinada a realizar el vuelo y el oro debía ser transportado hacia Dubái. Eso está documentado.
Pero no está probado públicamente que el propietario del avión conociera el contenido de las maletas o hubiera participado en la operación.
El propio Grupo Dallas sostuvo que Zorzo no estaba a bordo y no autorizó ninguna práctica contraria a la ley, y afirmó que está colaborando con las autoridades.
Por lo tanto, convertir la presencia del avión en prueba de participación del empresario sería una conclusión que la investigación todavía no permite sostener.
Hay otro detalle: las maletas tenían GPS
El acta fiscal contiene un elemento particularmente llamativo.
Las cuatro maletas tenían dispositivos GPS, y el documento registra específicamente uno de ellos como un dispositivo de marca iPhone.
Esto no demuestra por sí mismo una operación criminal.
Sin embargo, transportar casi 190 kilos de oro en cuatro maletas y equiparlas con sistemas de localización demuestra que existía una preocupación específica por controlar el movimiento de la carga.
Será tarea de los investigadores determinar quién instaló los dispositivos, quién tenía acceso a ellos y para qué finalidad fueron colocados.
El oro ya no debería estar bajo control de los involucrados
Otro dato importante es que un juez dispuso que el metal fuera derivado al Banco Central de Bolivia.
La medida fue adoptada durante la audiencia de medidas cautelares y comunicada por el fiscal Gómer Padilla.
Esto es relevante porque reduce considerablemente la posibilidad de que el mismo cargamento pueda desaparecer físicamente mientras se desarrolla la investigación.
El problema ahora es determinar su origen, propiedad, legalidad, documentación, impuestos, regalías y eventual destino internacional.
Lo que sí está demostrado hasta ahora
La reconstrucción de los hechos permite establecer una línea bastante clara.
El 22 de julio de 2026, cuatro maletas con 77 lingotes fueron detectadas en el aeropuerto Viru Viru.
El cargamento estaba declarado en 189,42 kilos de oro, con una pureza declarada de 83,15 %.
El destino final era Dubái.
La empresa que aparecía como propietaria o exportadora era Emporio Dorado SRL y la destinataria era Infinity Tradelink, según los documentos citados por la FELCC.
La documentación presentó irregularidades: el formulario del Senarecom no pudo validarse y el DEX no aparecía en el sistema SUMA.
La Policía intervino y detuvo a un joven de 22 años vinculado al traslado de las maletas.
Posteriormente, el Ministerio Público abrió las maletas y verificó aproximadamente 189,5 kilos de oro.
Y la supuesta desaparición de 22 kilos quedó explicada por el peso de las maletas y sus materiales de embalaje.
Lo que todavía no está demostrado
Quedan varias preguntas abiertas.
Quién es el verdadero propietario económico del oro.
De dónde salió exactamente el metal.
Quién creó Emporio Dorado y con qué finalidad.
Quién elaboró o presentó la documentación irregular.
Quién era el verdadero beneficiario del envío a Dubái.
Qué relación comercial existía entre Emporio Dorado e Infinity Tradelink.
Si se pagaron o no las regalías, impuestos y obligaciones correspondientes.
Si existía una red dedicada a exportar oro mediante documentación irregular.
Y una pregunta especialmente sensible: si el oro procede de actividades mineras legales o de una cadena vinculada con minería ilegal.
Estas cuestiones continúan abiertas y no deben ser rellenadas con especulaciones.
El verdadero escándalo puede ser otro
La controversia de los 22 kilos resulta atractiva porque plantea una pregunta sencilla: “¿Dónde está el oro que falta?”.
Pero los documentos disponibles ofrecen una respuesta bastante clara: no hay evidencia de que falten 22 kilos de oro.
El verdadero problema es más complejo.
¿Cómo puede una empresa recién constituida intentar movilizar casi 190 kilos de oro, valorados en decenas de millones de dólares, hacia Dubái, utilizando documentos que las autoridades consideran irregulares?
Y, sobre todo, ¿quién estaba detrás de la operación?
Ahí está la investigación que realmente importa.
El caso también adquiere relevancia institucional porque el propio Gobierno ordenó revisar la actuación de los funcionarios involucrados y pidió información cronológica sobre el procedimiento, las detenciones y la cantidad real del metal. El fiscal general, Roger Mariaca, señaló que funcionarios públicos podían ser citados si existían elementos para investigar posibles responsabilidades.
Antes, ahora y después
Antes del operativo, el cargamento estaba destinado a abandonar Bolivia silenciosamente en un vuelo chárter.
Ahora, los 189,5 kilos permanecen bajo custodia estatal, mientras la Justicia y el Ministerio Público investigan la operación.
Después vendrá la etapa decisiva: establecer la propiedad real del oro, su origen, la legalidad de la cadena de comercialización y las responsabilidades por la documentación irregular.
Si la investigación demuestra que el oro procedía de minería ilegal o que existía una estructura organizada para introducirlo en el circuito formal y exportarlo, el caso podría adquirir una dimensión mucho mayor que la inicialmente conocida.
Si, por el contrario, se demuestra que el oro tenía procedencia legal pero fue acompañado de documentación irregular por razones administrativas o comerciales, el caso tendrá otra naturaleza.
Por ahora, la conclusión más responsable es clara: los 22 kilos supuestamente desaparecidos no están respaldados por la evidencia documental disponible; los 189,5 kilos sí están documentados. Lo que todavía no está esclarecido es quién estaba realmente detrás de esos 189,5 kilos y cuál era la verdadera ruta económica del oro que pretendía llegar a Dubái.
Esa es la diferencia entre una historia basada en una sospecha y una investigación basada en documentos. Y en este caso, la segunda historia resulta mucho más importante que la primera.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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