Más de un mes después de los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio, el país continúa inmerso en una compleja emergencia humanitaria. Las labores de rescate y remoción de escombros siguen permitiendo la recuperación de nuevas víctimas, elevando el balance oficial a 5.278 personas fallecidas, 16.740 heridas y 6.462 rescatadas con vida. Además, 17.907 personas permanecen sin vivienda, mientras miles de familias continúan viviendo en refugios temporales a la espera de una solución habitacional. La magnitud del desastre ha convertido este evento en el terremoto más mortífero registrado en Venezuela desde el año 1812, dejando una profunda huella social y económica en el país.
Los dos sismos, de magnitudes 7,2 y 7,5, ocurrieron con apenas segundos de diferencia y tuvieron su mayor impacto en los estados de La Guaira, Miranda y Caracas, donde colapsaron edificios residenciales, hospitales, escuelas, carreteras y otras infraestructuras esenciales. Las autoridades informaron que desde entonces se han registrado más de 1.460 réplicas, situación que continúa dificultando las tareas de rescate y representa un riesgo permanente para los equipos de emergencia y la población afectada. En numerosas zonas, los especialistas trabajan con maquinaria pesada y tecnología de detección para localizar personas atrapadas bajo los escombros, aunque las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen con el paso de las semanas.
La crisis humanitaria continúa agravándose. Miles de familias perdieron sus hogares y dependen actualmente de albergues temporales, donde las organizaciones humanitarias concentran esfuerzos para garantizar el acceso a agua potable, alimentos, medicamentos y atención médica. Organismos internacionales alertan sobre el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas debido a la interrupción de los servicios de saneamiento, el hacinamiento en los refugios y las dificultades para restablecer completamente los sistemas de agua y electricidad. A ello se suma el impacto psicológico que enfrentan sobrevivientes, rescatistas y familiares de desaparecidos, muchos de los cuales continúan buscando a sus seres queridos entre las zonas devastadas.
Uno de los aspectos más dramáticos de la tragedia es el elevado número de personas cuyo paradero aún no ha podido establecerse. Aunque el Gobierno venezolano no publica una cifra oficial consolidada de desaparecidos, organismos internacionales y plataformas humanitarias sostienen que decenas de miles de personas continúan siendo buscadas, especialmente en el estado de La Guaira, donde se produjo el mayor colapso de edificios residenciales. Paralelamente, continúan las tareas de identificación de víctimas, ya que una parte de los cuerpos recuperados aún no ha podido ser plenamente identificada por las autoridades forenses.
Las consecuencias económicas también son de enorme magnitud. Un informe preliminar del Banco Mundial estima que los terremotos ocasionaron 19.600 millones de dólares en daños directos, principalmente en viviendas, infraestructura pública y edificios comerciales. Sin embargo, el costo total de la reconstrucción podría acercarse a los 50.000 millones de dólares si se incorporan obras de reconstrucción resiliente, demolición de estructuras inestables, remoción de escombros y mejoras en las normas de construcción antisísmica. Los expertos advierten que el proceso de recuperación demandará varios años y requerirá una importante cooperación financiera internacional para evitar un deterioro aún mayor de las condiciones sociales y económicas del país.
Mientras continúan las operaciones de emergencia, diversas organizaciones internacionales mantienen el envío de ayuda humanitaria y equipos especializados. El desafío inmediato consiste en atender a los miles de damnificados, recuperar los servicios esenciales y avanzar hacia una reconstrucción que reduzca la vulnerabilidad frente a futuros eventos sísmicos. La tragedia venezolana no solo deja miles de víctimas y enormes pérdidas materiales; también plantea el reto de reconstruir comunidades enteras y fortalecer la capacidad de respuesta ante desastres naturales en una de las regiones con mayor actividad sísmica del Caribe y del norte de Sudamérica.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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