
La Organización Mundial de la Salud actualizó sus directrices sobre prevención de la demencia e incorporó nuevos factores de riesgo modificables, entre ellos la mala calidad del sueño, la contaminación del aire y el aislamiento social. El organismo sostiene que hasta el 45 % de los casos podrían prevenirse o retrasarse mediante intervenciones sostenidas a lo largo de la vida.
La demencia se ha convertido en uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI. Actualmente, cerca de 10 millones de personas reciben cada año un diagnóstico de esta enfermedad neurodegenerativa, que afecta progresivamente la memoria, el pensamiento, el lenguaje, la orientación y la capacidad para realizar actividades cotidianas. Ante el acelerado envejecimiento de la población mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una nueva edición de sus directrices para la reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia, incorporando por primera vez factores como la mala calidad del sueño, la contaminación del aire y el aislamiento social como elementos prioritarios para la prevención.
La actualización fue elaborada por un panel internacional de 23 especialistas en neurología, psiquiatría, salud pública, psicología y epidemiología provenientes de Europa, Asia, América, África y Oceanía. La coordinación científica estuvo a cargo de la neuróloga Tarun Dua, responsable del programa de salud cerebral de la OMS, junto con la psicóloga argentina Dévora Kestel, directora del Departamento de Salud Mental del organismo. Según el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, la evidencia científica acumulada durante los últimos años demuestra que una parte importante de los casos de demencia puede prevenirse mediante intervenciones tempranas y sostenidas sobre factores modificables del estilo de vida y del entorno.
Las nuevas recomendaciones amplían significativamente el enfoque preventivo adoptado en 2019. Además de insistir en el control de la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y el sedentarismo, la OMS incorpora ahora tres elementos cuya influencia sobre la salud cerebral cuenta con evidencia científica cada vez más sólida: dormir adecuadamente, respirar aire limpio y mantener una vida social activa. Estas variables se suman a otros factores ya reconocidos, como la pérdida auditiva, la depresión y el bajo nivel educativo, conformando un conjunto de factores que explican aproximadamente el 45 % del riesgo total de desarrollar demencia.
Uno de los aspectos más novedosos de la guía es el reconocimiento del papel del sueño en la protección del cerebro. Diversos estudios han demostrado que durante el descanso nocturno el sistema nervioso activa mecanismos de eliminación de proteínas y sustancias de desecho que se acumulan durante el día. Dormir pocas horas o mantener un sueño fragmentado durante años puede favorecer la acumulación de proteínas como beta amiloide y tau, estrechamente relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. La OMS considera que mejorar la calidad del sueño constituye una estrategia preventiva de creciente importancia para preservar las funciones cognitivas durante el envejecimiento.
Por primera vez, la organización también incorpora la contaminación atmosférica entre los factores de riesgo modificables. La exposición prolongada a partículas finas (PM2.5), óxidos de nitrógeno y otros contaminantes ha sido asociada con procesos inflamatorios sistémicos, estrés oxidativo y daño vascular que pueden afectar el cerebro durante décadas. La evidencia científica sugiere que la contaminación no solo incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, sino que también acelera el deterioro cognitivo y aumenta la probabilidad de desarrollar distintos tipos de demencia, especialmente en poblaciones urbanas expuestas de forma crónica.
Otro de los cambios relevantes es la incorporación del aislamiento social y la soledad como factores de riesgo independientes. Mantener vínculos familiares, participar en actividades comunitarias, conservar amistades y estimular la interacción social favorece la llamada reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para compensar el deterioro asociado al envejecimiento. Por el contrario, la falta de contacto social sostenido puede acelerar la pérdida de funciones cognitivas y aumentar el riesgo de demencia, además de favorecer cuadros de depresión y ansiedad.
La OMS subraya que la mejor estrategia preventiva consiste en actuar sobre varios factores simultáneamente. Los expertos analizaron 44 estudios clínicos publicados entre 2012 y 2025 y concluyeron que las intervenciones multidominio ofrecen mejores resultados que abordar un único factor de riesgo. Una combinación de alimentación saludable, actividad física regular, estimulación cognitiva, participación social y control adecuado de enfermedades crónicas mostró una mayor capacidad para reducir el deterioro cognitivo que cualquiera de estas medidas aplicada de manera aislada.
La alimentación también ocupa un lugar central en las nuevas recomendaciones. La guía aconseja priorizar frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, pescado y grasas saludables, mientras recomienda reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, grasas saturadas, azúcares y sal. Asimismo, la OMS aclara que no existe evidencia suficiente para recomendar suplementos de vitaminas B, vitamina E, omega-3 o multivitamínicos como método preventivo en personas que no presentan deficiencias nutricionales diagnosticadas.
El impacto económico y social de la demencia continúa creciendo de forma acelerada. La OMS estima que el costo mundial supera actualmente 1,3 billones de dólares anuales, una cifra que incluye gastos sanitarios, atención especializada y el enorme volumen de cuidados informales prestados por familiares. Con el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento poblacional, los especialistas advierten que la prevención será una herramienta indispensable para reducir la carga que esta enfermedad representa para los sistemas de salud y las economías nacionales.
Los expertos coinciden en que la demencia no depende exclusivamente de factores genéticos o del envejecimiento. La evidencia acumulada durante los últimos años demuestra que muchas de las decisiones adoptadas a lo largo de la vida —como realizar actividad física, dormir bien, evitar el tabaquismo, controlar la presión arterial, proteger la audición, mantener relaciones sociales y reducir la exposición a la contaminación ambiental— pueden influir significativamente en la salud cerebral. La nueva guía de la OMS refuerza un mensaje claro: aunque todavía no existe una cura para la mayoría de las demencias, una parte importante de los casos puede prevenirse o retrasarse mediante hábitos saludables sostenidos desde edades tempranas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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