
Una banda de más de 20 delincuentes encapuchados dinamitó dos bancos, retuvo rehenes y bloqueó accesos a la ciudad en una operación de precisión militar que desnuda la vulnerabilidad del sistema financiero paraguayo en la frontera con Brasil.
Santa Rita, Alto Paraná / Prensa Mercosur — En la madrugada del martes 16 de junio de 2026, entre la 1:00 y la 1:30, la ciudad de Santa Rita vivió unos de los episodios de violencia criminal más escalofriantes de su historia reciente. Más de 20 personas equipadas con explosivos y armas largas perpetraron un ataque simultaneo contra cuatro entidades financieras ubicadas sobre la Ruta PY06: los bancos Familiar, GNB, Ueno Bank y la casa de cambios Santa Rita Cambios, movilizadas en al menos cinco vehículos.
La operación fue ejecutada con precisión de comando militar. El ataque duró aproximadamente 20 minutos, durante los cuales los delincuentes detonaron los bancos GNB y Familiar, irrumpieron en Ueno Bank y en Santa Rita Cambios, mientras integrantes del mismo grupo mantenían retenidos a los policías. Los criminales, según testimonios recogidos por el Diario HOY, tenían acento brasileño, aunque otros sonaban como paraguayos, lo que sugiere una banda de composición mixta.
Una familia al borde del abismo
Entre las víctimas colaterales del ataque se encontró Clarisse Fariña, cuya vivienda está adosada directamente a una de las entidades bancarias explosionadas. La mujer relató a Telefuturo los minutos de terror que vivió junto a su familia: «Nos salvamos de milagro», confesó. Según narró, cuando escuchó la primera explosión tomó a su familia y buscó refugio en el baño de la vivienda. «Nuestra pieza justo está pegada a la bóveda, cuando escuchamos las primeras explosiones fuimos al baño y ahí ya explotó todo», señaló. Al calmarse la situación, su marido salió a verificar los daños, y fue detenido por la Policía al encontrarlo dentro de las instalaciones bancarias, aunque fue liberado posteriormente al comprobarse que era vecino del lugar.
Policías reducidos, rehenes y una huida de película
El comisario José Vega, director de la Policía Nacional en el departamento de Alto Paraná, relató que los delincuentes sorprendieron a cuatro agentes policiales de la Comisaría 18 de Santa Rita que se encontraban realizando cobertura de seguridad en la zona céntrica, a bordo de una patrullera. Uno de los uniformados fue tomado como rehén y despojado de su arma reglamentaria. Los delincuentes rodearon la patrullera, redujeron a un agente y a guardias de seguridad, se apoderaron de sus armas y luego incendiaron dos vehículos utilizados en el operativo.
Respecto al monto robado, las autoridades aún no cuentan con una cifra confirmada. Se presume que los delincuentes se llevaron dinero de GNB y Familiar, ya que en estos lugares concretaron la detonación. En Ueno Bank, en cambio, solo lograron desarmar al guardia de seguridad. Y en Santa Rita Cambios, un artefacto explosivo fue colocado frente a la bóveda, pero no llegó a concretarse la detonación, según Vega, probablemente por el enfrentamiento con los efectivos policiales.

En la huida, la banda desplegó tácticas profesionales de evasión: arrojó clavos miguelitos a lo largo del trayecto e incendió vehículos en las entradas y salidas de la ciudad para impedir cualquier persecución. Expertos en explosivos del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional se encuentran en el sitio para desactivar la bomba que no lograron detonar los asaltantes. El caso quedó bajo la responsabilidad de la fiscala Rocío González.
UN PATRÓN QUE SE REPITE: LA ANATOMÍA DEL CRIMEN COMANDO EN PARAGUAY
El ataque a Santa Rita no es un hecho aislado. Es la expresión más reciente de un fenómeno criminal que lleva más de una década golpeando al Paraguay, con especial virulencia en los departamentos del este del país. El subjefe de Crimen Organizado de la Policía Nacional, comisario Pedro Lesme, confirmó que los ataques con explosivos a entidades financieras no son hechos aislados y que existen antecedentes desde 2019 con el mismo esquema operativo. «Siempre es el mismo modus operandi y el mismo esquema», afirmó.
Estos ataques siguen un guion que combina el uso de explosivos, la colocación de clavos miguelitos, el bloqueo de rutas y la neutralización de fuerzas policiales locales. En muchos casos, los asaltantes sitiaron ciudades enteras para ejecutar sus planes con total control.
Una cronología de terror:
En septiembre de 2014, un grupo de 25 hombres armados tomó la ciudad de San Cristóbal, en Alto Paraná, secuestró a cuatro policías, robó patrulleras y detonó bombas en una casa de cambios y dos bancos. Aquel ataque es considerado el primer gran precedente del modelo «comando» en la región. En 2018, en lo que se denominó el «Robo del Siglo«, aproximadamente 60 bandidos armados salieron de la parte trasera de un camión de carga en la oficina principal de Prosegur en Ciudad del Este, se dividieron en equipos de 12 hombres con 10 soldados y dos francotiradores por escuadrón y aseguraron el perímetro del edificio, logrando bloquear la entrada de la policía a toda la cuadra.
El 2 de abril de 2024, un grupo armado asaltó un cajero del Banco Nacional de Fomento en Yatytay, Itapúa, irrumpió en la comisaría local, encerró a los tres agentes de guardia y utilizó una patrullera en la huida. Solo semanas más tarde, el 27 de abril, el BNF de Natalio fue destruido, y los asaltantes se llevaron G. 300 millones y US$ 100.000.
El 21 de noviembre de 2024, alrededor de diez hombres protagonizaron un asalto tipo comando en la sucursal de Bancop en Naranjal, Alto Paraná, en el que el grupo necesitó apenas cinco minutos para llevarse unos G. 2.800 millones. Y en febrero de 2026, unas 25 personas sitiaron el banco Sudameris de Naranjal portando armas de fuego de grueso calibre: mientras un grupo aseguraba el perímetro, otros colocaban artefactos explosivos y dinamita en gel. La potente detonación destruyó la bóveda y parte de la estructura edilicia del local.
Santa Rita representa así el séptimo gran ataque con explosivos en menos de dos años, y el segundo en el distrito de Alto Paraná en solo cuatro meses.
EL PCC Y EL CRIMEN ORGANIZADO: LA SOMBRA BRASILEÑA SOBRE PARAGUAY
Detrás de esta ola de asaltos se encuentra el fenómeno más preocupante del crimen transnacional en el Cono Sur: la penetración del Primer Comando de la Capital (PCC) en territorio paraguayo. Un grupo compuesto por cerca de 20 criminales, la mayoría miembros del Primer Comando Capital de Brasil, ha estado robando bancos, cajeros automáticos y vehículos blindados en los departamentos orientales de Paraguay.
Según datos de inteligencia de la Policía Nacional, el PCC en Paraguay se organiza en diferentes células por áreas de trabajo: el tráfico de drogas, el tráfico de armas, los asaltos a entidades financieras y transportadoras de caudales, y un ejército de sicarios.
El imperio criminal del PCC incluye el tráfico de cocaína, el secuestro por rescates, robos a cajeros automáticos y asaltos a gran escala a negocios y bancos. El PCC, que surgió en las cárceles de São Paulo en los años 90, se ha convertido en la organización criminal más poderosa de Sudamérica, con más de 35.000 miembros. Su presencia en Paraguay se explica por factores estructurales: el crimen organizado de Brasil ha tenido presencia durante varios años en la región fronteriza de Paraguay, atraído por la débil aplicación de la ley, la corrupción institucional y la abundancia de marihuana.
Un dato geopolítico de primer orden: el 5 de junio de 2026, apenas 11 días antes del ataque a Santa Rita, Estados Unidos designó oficialmente al PCC y al Comando Vermelho como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO), siendo las primeras organizaciones brasileñas en ser incluidas en esa lista. La designación, aunque simbólicamente poderosa, no frena la capacidad operativa de estas organizaciones en territorio paraguayo.
En cuanto al avance del PCC en Paraguay, las autoridades exhiben una postura ambivalente. El comisario Pedro Lesme, director de Crimen Organizado de la Policía Nacional, aseguró a fines de mayo de 2026 que Paraguay logró frenar el avance de estas organizaciones criminales, indicando que «los grandes líderes que vinieron a arraigarse para tener el dominio de las ciudades fueron detenidos». Sin embargo, los hechos en Santa Rita ponen en entredicho esa afirmación.
ALTO PARANÁ: EL EPICENTRO DE UNA CRISIS DE SEGURIDAD
Santa Rita es una ciudad de aproximadamente 27.000 habitantes, fundada en 1973 por inmigrantes del sur de Brasil, lo que explica la composición predominantemente brasileña de su población y la densidad de su actividad comercial y financiera. El comisario Vega señaló que a nivel departamental existen 62 bancos y otras entidades financieras, incluidas casas de cambios, una concentración que convierte a Alto Paraná en un blanco privilegiado para el crimen organizado.
La triple frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina es históricamente una zona de baja supervisión estatal, alta circulación de divisas y presencia de redes criminales transnacionales. Las autoridades paraguayas reconocen que las bandas coordinan y planifican sus robos con el apoyo de grupos criminales locales. El acento mixto —brasileño y paraguayo— registrado por los empleados retenidos en Ueno Bank durante el ataque de esta madrugada confirma esa hipótesis.
Las investigaciones están a cargo de la fiscala Rocío González, con el apoyo de agentes de la Comisaría 18.ª local, el Departamento de Investigación de Hechos Punibles y Criminalística. El monto total del dinero sustraído permanece sin confirmar a la hora de redactar esta nota.
Lo que sí queda claro es que Santa Rita acaba de convertirse en el más reciente eslabón de una cadena criminal que desafía al Estado paraguayo en su territorio más expuesto: la extensa y porosa frontera del este.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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