
Los especialistas que analizan el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea coinciden en identificar al agronegocio y a la industria como los grandes «vencedores» del tratado, aunque advierten que los beneficios concretos solo se sentirán plenamente en la próxima década y bajo las limitaciones impuestas por los mecanismos de protección europeos. El efecto práctico del tratado solo debe sentirse a partir de la próxima década, con reducciones tarifarias graduales y posibles trabas a las exportaciones del bloque sudamericano. Esta gradualidad es una característica esencial del acuerdo que el público general no siempre comprende: el tratado no abre el mercado europeo de un día para otro, sino que establece un cronograma de desgravación progresiva que se extiende a lo largo de hasta quince años para algunos productos. La paciencia estratégica es, por tanto, una condición necesaria para aprovechar plenamente el acuerdo.
El principal punto de negociación en el momento actual son las salvaguardias creadas por la Unión Europea para evitar un aumento excesivo de las importaciones agrícolas provenientes del Mercosur. Según Josemar Franco, gerente de comercio internacional de la consultora BMJ, el mecanismo busca responder a la resistencia de los productores europeos, sobre todo de Francia, preocupados por la competitividad del agro brasileño. «Nosotros tenemos un agronegocio bastante competitivo y que asusta a los productores europeos; por eso, la mayor resistencia siempre fue del agronegocio francés y del agro europeo», explicó el especialista. Esta competitividad del agro del Mercosur, que es su mayor fortaleza, es paradójicamente la que genera la mayor resistencia en Europa y la que motivó los mecanismos de salvaguardia que limitan su acceso al mercado europeo.
Los sectores que concentrarán los mayores beneficios del acuerdo están claramente identificados por los analistas. Los mayores ganancias para Brasil deben concentrarse en el agronegocio, especialmente en productos como soja y sus derivados, café, carnes, pescados y celulosa. Estos son también los sectores que más generan resistencia dentro de Europa, por amenazar la competitividad del productor local. Esta coincidencia entre los sectores más beneficiados del Mercosur y los que más resistencia generan en Europa es la tensión central del acuerdo, y la que explica tanto los mecanismos de salvaguardia como la persistente oposición de Francia y otros países europeos. El acuerdo es, en esencia, un equilibrio delicado entre la apertura del mercado europeo a los productos competitivos del Mercosur y la protección de los productores europeos que temen esa competencia.
La validación bilateral del acuerdo es un aspecto técnico de enorme importancia práctica que permite acelerar su implementación. El proceso podrá tener validación bilateral, lo que permitirá que Brasil y la Unión Europea implementen el tratado antes de la ratificación por todos los países del Mercosur. Esta característica del acuerdo —que permite su aplicación provisional sin esperar la ratificación de todos los parlamentos— es la que posibilitó que el capítulo comercial entrara en vigor el 1.° de mayo de 2026, apenas unos meses después de la firma. La validación bilateral es un mecanismo pragmático que reconoce la dificultad de coordinar la ratificación simultánea de múltiples parlamentos y que prioriza la materialización de los beneficios comerciales del acuerdo. Esta flexibilidad institucional es una de las innovaciones del acuerdo que permitió superar el obstáculo histórico de la ratificación múltiple, que había frustrado acuerdos comerciales anteriores.
A pesar del optimismo con la aprobación del texto, los especialistas mantienen una visión equilibrada sobre los plazos y las limitaciones del acuerdo. Los beneficios deben sentirse apenas en el mediano y largo plazo, y aún bajo las limitaciones impuestas por los mecanismos de protección al sector agrícola europeo. Esta visión realista contrasta con la euforia que rodeó la firma del acuerdo y aporta una perspectiva necesaria sobre lo que el tratado realmente significa para las economías del bloque. El acuerdo Mercosur-UE no es una varita mágica que transformará la economía del bloque de un día para otro, sino un instrumento de largo plazo cuyos beneficios se materializarán gradualmente a lo largo de la próxima década, y cuyo aprovechamiento dependerá de la capacidad de los productores del bloque para cumplir con las exigentes condiciones de acceso al mercado europeo. Para el Mercosur, la lección es clara: el acuerdo abre una oportunidad histórica, pero convertir esa oportunidad en prosperidad concreta requerirá preparación, inversión y paciencia estratégica.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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