
En un momento en que el Mercosur celebra el primer mes de vigencia de su mayor acuerdo de la historia — el tratado con la Unión Europea — investigadores argentinos publicaron esta semana un análisis que plantea la siguiente frontera inevitable de la política comercial del bloque: la convergencia con el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP). El economista Nelson Illescas, coautor junto a Paloma Ochoa y Marcelo Regúnaga del informe «Mercosur-CPTPP: una convergencia necesaria», publicado en la web del Grupo de Países Productores del Sur (GPS) en mayo de 2026, argumenta que el Mercosur tiene un activo diferencial escaso en el mundo actual: es la principal reserva de agua y de proteínas del planeta, dispone de minerales críticos para la transición energética y opera en una zona sin conflictos armados. En un mundo donde la seguridad de abastecimiento es prioridad, puede posicionarse como proveedor estratégico confiable. Sin embargo, el Mercosur sigue operando en esa región sin acuerdos preferenciales con la mayoría de sus socios más dinámicos: paga aranceles más altos que sus competidores directos, tiene más dificultades de acceso y resigna oportunidades de expansión comercial y de inversiones.
El CPTPP reúne hoy a doce economías — Australia, Canadá, Chile, Japón, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam, Malasia, Brunéi y el Reino Unido — y representa casi el 15% del comercio mundial. Para el Mercosur, que ya tiene al Mercosur negociando con Canadá y con Singapur individualmente, la convergencia con el CPTPP representa el salto lógico siguiente: en lugar de negociar uno por uno con los doce miembros del acuerdo transpacífico, el bloque podría explorar un acuerdo marco con el CPTPP como conjunto que simplificaría y aceleraría el proceso de inserción en la región de mayor dinamismo económico del siglo XXI. Los autores del informe proponen una hoja de ruta concreta para esa convergencia que contempla tres fases: primero, el reconocimiento formal de la compatibilidad entre el Mercosur y el CPTPP como marcos de integración; segundo, la negociación de un acuerdo de acceso preferencial Mercosur-CPTPP en áreas donde existe mayor complementariedad; y tercero, la exploración de una eventual membresía plena del Mercosur al CPTPP en el largo plazo.
La tensión entre esta propuesta de convergencia Mercosur-CPTPP y las normas internas del bloque es exactamente la misma que ya existe con el proceso de adhesión uruguayo al acuerdo transpacífico. Si Uruguay puede adherirse individualmente al CPTPP mientras es miembro del Mercosur, la pregunta lógica que el informe del GPS plantea es si el bloque no debería avanzar hacia esa convergencia de manera colectiva en lugar de permitir que sus miembros lo hagan de manera fragmentada e individual. La convergencia colectiva Mercosur-CPTPP tendría una dimensión política y económica que ninguna adhesión individual de Uruguay, Argentina o Brasil podría igualar: 300 millones de consumidores del Mercosur accediendo simultáneamente al mercado de 600 millones de personas del CPTPP bajo condiciones preferenciales negociadas colectivamente es una propuesta incomparablemente más poderosa que cualquier adhesión individual.
El contexto político que hace más viable hoy la propuesta de convergencia Mercosur-CPTPP que hace cinco años es el mismo que está acelerando todas las negociaciones comerciales del bloque: el proteccionismo de Trump, que ha forzado tanto a los países del Mercosur como a los del CPTPP a buscar alianzas alternativas que reduzcan su dependencia del mercado norteamericano. Australia, Nueva Zelanda, Japón, México y Canadá — todos miembros del CPTPP — han intensificado su búsqueda de socios comerciales alternativos a Washington en los últimos dos años, y el Mercosur — con su potencia en alimentos, minerales y energía — es exactamente el tipo de socio que esos países necesitan. La convergencia que Illescas, Ochoa y Regúnaga proponen en su informe no es solo deseable en términos económicos: es políticamente más factible en este momento que en cualquier otro momento de la historia de los dos bloques.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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