
Falta exactamente un mes para la Cumbre de Presidentes que celebrará el 35.º aniversario del Mercosur en Asunción, y el bloque llega a ese evento histórico con una lista de reformas internas que sus propios funcionarios reconocen en privado como urgentes pero que ningún gobierno está dispuesto a liderar públicamente por el costo político que implica. Estas reformas no son las que aparecen en los comunicados oficiales — las que se reducen a «fortalecer la integración» y «avanzar en la modernización» — sino las que tocan intereses concretos, distribuyen beneficios de manera diferente a la actual y exigen que alguno de los cinco socios ceda algo que hoy le conviene mantener. Tres décadas y media de experiencia integracionista muestran que el Mercosur es perfectamente capaz de hacer declaraciones solemnes sobre reformas necesarias, y perfectamente incapaz de implementarlas si no hay un liderazgo político que asuma los costos de corto plazo de cambios que benefician al conjunto en el largo plazo. La pregunta que los próximos 30 días deben responder es si la Cumbre de julio será la excepción que demuestre que el bloque puede reformarse desde adentro, o la confirmación de que el Mercosur avanza externamente con velocidad récord mientras sus problemas internos se acumulan sin solución.
La primera reforma pendiente y más urgente es la del sistema de distribución de cuotas del acuerdo con la UE. Ha pasado más de un mes desde que el acuerdo entró en vigor y las cuotas de carne bovina, aviar y de otros productos sensibles siguen sin una distribución acordada entre los cuatro socios fundadores. El sistema transitorio de «primero llegado, primero servido» está beneficiando a los actores más grandes y mejor capitalizados — principalmente los frigoríficos brasileños — mientras los productores paraguayos y uruguayos ven cómo se les escapa la cuota antes de poder organizarse para presentar sus propios embarques. Cada día que pasa sin un acuerdo de distribución es un día en que la riqueza generada por el acuerdo con Europa se concentra más en un solo socio del bloque. Eso no solo es injusto en términos distributivos: es políticamente insostenible para los gobiernos de Paraguay y Uruguay, que necesitan mostrar a sus electores que el Mercosur les beneficia de manera tangible.
La segunda reforma pendiente es la del FOCEM 2. El bloque no puede llegar a la Cumbre de julio sin un principio de acuerdo sobre el presupuesto del fondo de solidaridad para el próximo decenio. Paraguay, que concluye esta semana la inauguración simbólica de la Costanera de Asunción como obra emblemática del FOCEM, tiene el argumento más potente a su disposición: mostrarle a Brasil el rostro humano de lo que ese fondo construyó en el país más pequeño del bloque. La tercera reforma es la más delicada políticamente: establecer reglas claras y equitativas sobre qué tipo de acuerdos bilaterales con terceros pueden firmar los miembros del Mercosur sin violar las normas de la unión aduanera. El caso Argentina-EEUU no puede seguir siendo tratado como un expediente técnico pendiente de dictamen del TPR: necesita una decisión política de los presidentes que establezca el principio que regirá para todos los miembros en el futuro.
La Cumbre de julio tiene el potencial de ser la más transformadora de la historia del Mercosur si sus convocantes tienen la valentía de abordar los temas difíciles además de celebrar los logros externos. Un bloque que a los 35 años solo sabe celebrar lo que logró con el mundo pero no puede ordenar lo que tiene pendiente con sus propios socios es un bloque que está construyendo sobre arena. La conversación más honesta que los cinco presidentes pueden tener en Asunción es la que ninguno de sus equipos de comunicación querrá que ocurra en público: la que reconozca que el Mercosur tiene problemas internos que necesitan decisiones difíciles, que esas decisiones tienen costos políticos reales para algunos de ellos, y que aun así vale la pena tomarlas porque el proyecto colectivo vale más que cualquier ventaja individual de corto plazo. Si esa conversación ocurre, aunque sea en privado, y si produce compromisos verificables, la Cumbre del 35.º aniversario habrá sido la mejor de la historia del bloque. Si no, será una gran fiesta con discursos hermosos y sin cambios reales.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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