
Hay momentos históricos en los que el mundo parece debatirse entre dos maneras muy distintas de entender el poder. Estados Unidos, especialmente bajo la lógica geopolítica inaugurada por Donald Trump y asumida ya por buena parte del «establishment» norteamericano, parece concebir el planeta como un gigantesco sistema dw hardware ( juego duro) : aranceles, sanciones, presión militar, cadenas de suministro, control energético y supremacía tecnológica. Con un software bastante burdo. Acero, chips, superaviones y dólar dominador.
China, en cambio, avanza con otra lógica mucho más sutil y milenaria. Menos hardware visible y más software taoista. Menos “shock and awe” ( conmoción y pavor) y más puertos, , corredores logísticos, abaratamiendo de productos innovadores industriales, fibra óptica y acuerdos culturales. Mientras Washington amenaza con «rayos y centellas» cual martillo de «Thor-Trump»…Pekín ofrece aplicaciones de largo recorrido y «paciencia sibilina de Fumanchú»
Y ahí, en medio de esta transición silenciosa hacia un mundo bipolar (también psicologicamente), aparece un actor secundario, revelador e inesperado: el espacio, el bloque, iberoamericano.
El reciente viaje institucional de FUNIBER a China (como muestra sirva este excelente botón académico) y el impulso del VII Foro de la Iberofonía en Pekín ( junto a la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing (BFSU), la Fundación Cátedra China, Ueasi y el CICG.) no son simplemente encuentros académicos o fotografías diplomáticas entre sonrisas ceremoniales y té verde. Son algo más profundo: el intento de conectar dos espacios civilizatorios que empiezan a descubrir que pueden necesitarse mutuamente.
China observa el mundo iberófono —900 millones de hispanohablantes y lusófonopaelantes— como una plataforma cultural y geopolítica extraordinariamente útil para equilibrar una globalización excesivamente anglosajona. Y el mundo iberoamericano comienza lentamente a comprender que quizá exista vida estratégica más allá del eje Washington-Londres-Bruselas.
Porque Pekín y la Nueva Ruta de la Seda no es solo comercio. Es el wifi geopolítico del siglo XXI: una gigantesca red donde circulan mercancías, sí, pero también datos, inteligencia artificial, universidades, infraestructuras y dependencia tecnológica.
Occidente aún sigue viendo a China, en parte, como una enorme fábrica disciplinada. Pero China ya no piensa como una nave industrial con mano de obra barata y disciplinada para solaz de Occidente. Piensa como civilización cohesionada, innovadora, largoplacista y tecnológica.
Y ahí reside la gran diferencia.
Europa inventó buena parte del capitalismo moderno… pero parece cada vez más cansada psicológicamente de él. Parasitando con demagogia populista la economías productiva de un llamado «Viejo Mundo» que es un anciano continente que vive atrapado entre reglamentos, nostalgias ,museos y debates existenciales sobre si la inteligencia artificial puede traumatizar emocionalmente a una tostadora del burócrata de turno.
China, mientras tanto mezcla,e integra con su secular armonía, budismo, confucianismo (orden y jerarquía)n, taoísmo (adaptación) comunismo( lo colectivo por encima del individualismo)capitalismo ( con un CEO supremo que es el Partido Comunista encarnado y sublimado en el hierático ,hermético y hermenéutico Xi).
Ítem mas: asumen la inteligencia artificial con una naturalidad que provoca auténticos cortocircuitos mentales en muchos analistas occidentales.
Porque Pekín no entiende la ideología como una religión moral absoluta. La entiende como herramienta. Si el mercado funciona, se usa. Si el Estado debe intervenir, interviene. Si el comunismo soviético ( impulsor del comunismo en China y colaboradores en inicio del Maoismo) se anquilosaba y fracasaba recuperan
Deng Xiaoping y se abran al capitalismo de Estado con el consabido pragmatidmo integrador de «gato negro por el blanco, si caza ratones.
Y Si la inteligencia artificial acelera disruptivamente el desarrollo, se adapta y adopta.
Muy confuciano. Muy taoísta. Muy chino.
De la legitimidad imperial genética ( el gran imperio del Centro Chino se heredados) de las dinastías antiguas , a las del Partido de Xi Jinping – y general que se mueva no solo no sale en la foto , le condenan a muerte supletoria por la gracia del Jinping a cadena perpetua.
Mientras Occidente se pregunta si debe frenar la tecnología por miedo a perder el alma, China parece preguntarse cómo usarla para reforzar la civilización.
Y quizá por eso se adapta tan bien a las nuevas realidades disruptivas. Su cultura lleva siglos entrenando precisamente lo que hoy exige la economía tecnológica: disciplina, aprendizaje masivo, pensamiento estratégico y sacrificio presente por beneficio futuro. Los exámenes imperiales chinos fueron, en cierto modo, una especie del Silicon Valley del año 1200. (Inventaron la seda , el papel, la pólvora, las velas de junco…)
En este contexto, el acercamiento entre China y el espacio iberoamericano resulta especialmente interesante. Porque nuestro ambito geocultural posee algo que China aún necesita para completar su software global. Proximidad cultural con «otro Occidente «, creatividad social, mestizaje civilizatorio y acceso natural a Europa, África y América Latina al mismo tiempo. «Mararia» muchos muchos pájaros con un «geotiro»
Y ahí Mercosur y en eata otra orilla mi «Españita plural y diversa» Portugal y la propia U. E. podrían desempeñar un papel mucho más «geoastuto» del que a veces imaginan sus propias burocracias yu populistas de medios pelo.
Quizá nuestro futuro no consista en elegir entre Washington o Pekín como quien escoge operador telefónico geoeconómico. Quizá la verdadera oportunidad consista en construir espacios de equilibrio, cooperación y autonomía en las directrices.
Porque en esta no tan silenciosa partida entre el hardware de Trump y el software de Xi, tal vez el mundo iberoamericano empiece por fin a sospechar que la quieren usar de nuevo de «titere».
Sin embargo también podemos diseñar , y actualizar nuestro propio software y sistema operativo.
En el bloque Iberoamericano hardware nos sobra.
Javier Pertierra Antón – Director de la Prensa Mercosur en Europa.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JAVIER PERTIERRA
Javier Antón Pertierra, un destacado jurista y comunicador español con una trayectoria diversificada:
Periodismo y Comunicación: Es el Director para la Unión Europea de Prensa Mercosur y presentador del podcast "Enlace Iberoamericano", donde analiza temas de actualidad internacional, tecnología (como IA y Blockchain) y política.
Perfil Jurídico: Es abogado especialista en Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs) y asesor jurídico.
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