
Las grandes firmas automotrices alemanas son las principales beneficiarias de la eliminación progresiva de barreras, que se extenderá 15 años para vehículos de combustión y 18 para eléctricos.
Si hay un sector que ha impulsado más que ningún otro la voluntad política alemana de cerrar el acuerdo Mercosur–UE, ese es el automotriz. Las grandes marcas germanas —BMW, Volkswagen y Mercedes-Benz— han pagado durante décadas un arancel del 35% para ingresar sus vehículos al mercado brasileño, que es el mayor de América Latina y uno de los más dinámicos del hemisferio sur. Con la entrada en vigor del acuerdo hoy, ese arancel comienza su cuenta regresiva hacia cero: la eliminación será progresiva a lo largo de 15 años para los vehículos de combustión interna y de 18 años para los eléctricos, con reducciones escalonadas que ya tienen calendarios definidos. La primera rebaja se aplica desde hoy mismo, aunque las tasas definitivas de cero arancel no se alcanzarán hasta el horizonte 2040–2044. Aun así, la dirección del cambio es clara y ha sido suficiente para que los ejecutivos de las automotrices alemanas celebren el 1.º de mayo como una fecha de liberación comercial.
El impacto para la industria automotriz europea va más allá del acceso al mercado brasileño. El acuerdo también elimina o reduce los aranceles sobre maquinaria industrial —actualmente entre 14% y 20%— y productos farmacéuticos —hasta 14%—, sectores donde Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos tienen posiciones de liderazgo global. La Comisión Europea estima que la suma de estos ahorros arancelarios representa los citados 4.000 millones de euros anuales para el conjunto de los exportadores europeos. Para contextualizarlo: esa cifra equivale a ocho veces el ahorro que el acuerdo CETA con Canadá genera para los exportadores europeos, lo que da una medida de la dimensión del mercado latinoamericano que hoy se abre de manera decisiva. España proyecta un incremento del 37% en sus exportaciones al Mercosur y la creación de 22.000 nuevos empleos vinculados al comercio con la región.
Del lado del Mercosur, el sector automotriz tiene una perspectiva más compleja. Brasil y Argentina cuentan con industrias automotrices nacionales —en parte con capital europeo— que temen la intensificación de la competencia de los fabricantes del Viejo Continente. Sin embargo, los analistas señalan que las eliminaciones arancelarias progresivas —a 15 y 18 años— dan tiempo suficiente para que la industria local se adapte y modernice. Además, el acuerdo abre para las terminales instaladas en el Mercosur el acceso a componentes y maquinaria europeos con costes reducidos, lo que podría mejorar su competitividad global. Las filiales de VW, Fiat, Renault y Mercedes presentes en Brasil y Argentina tienen, por tanto, un doble interés en el éxito del acuerdo: como receptoras de tecnología y componentes europeos más baratos, y como potenciales exportadoras hacia la UE bajo las nuevas condiciones arancelarias.
Un dato que pocos conocen ilustra el impacto potencial de la liberalización: el sector servicios también se abre por primera vez de manera significativa. El acuerdo permite a las empresas europeas de servicios financieros, telecomunicaciones, transporte y tecnología acceder a las licitaciones públicas del Mercosur «en igualdad de condiciones con las empresas locales», según la Comisión Europea. Esto es revolucionario para mercados que históricamente han protegido con fuerza su sector de contratación pública. Para las pymes europeas —que representan más del 99% del tejido empresarial comunitario—, el acuerdo también incluye disposiciones específicas: procedimientos aduaneros simplificados, acceso a información sobre reglas de origen y mecanismos de resolución de disputas más accesibles que los tradicionales arbitrajes internacionales. El mundo empresarial ya tiene su nueva hoja de ruta. Ahora falta ejecutarla.
En paralelo, la entrada en vigor del acuerdo activa la primera cláusula del capítulo de derechos de propiedad intelectual y de indicaciones geográficas. Desde hoy, la UE protege en el Mercosur un total de 344 indicaciones geográficas —59 de ellas españolas, entre ellas el Jerez, el Cava, el Rioja, el Ribera del Duero, el Jamón de Jabugo y el aceite de oliva de Priego de Córdoba—, lo que impide que productores locales vendan con esas denominaciones productos que no provengan de las regiones de origen certificadas. Esta protección, que en muchos mercados del Mercosur no existía o era débil, representa un avance significativo para los productores europeos de alimentos y bebidas de alta calidad que venían sufriendo la competencia de imitaciones locales vendidas bajo nombres parecidos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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