
El presidente Santiago Peña aseguró que el acuerdo traerá «una etapa de enormes oportunidades» para su país, mientras Uruguay consolida su rol como hub de servicios financieros y logísticos en la región.
En el debate sobre el acuerdo Mercosur–UE, las miradas suelen concentrarse en Brasil —por su tamaño— y en Argentina —por la complejidad de su economía—. Pero Paraguay y Uruguay, los dos socios más pequeños del bloque, tienen mucho en juego y perspectivas propias que merecen un análisis diferenciado. Paraguay fue, paradójicamente, el último en ratificar el acuerdo internamente —su presidente Santiago Peña promulgó la ley el 30 de marzo de 2026, apenas cinco semanas antes de la entrada en vigor— pero su entusiasmo no es menor. «Nuestros productos van a ingresar a uno de los mercados más grandes del mundo y facilitamos la llegada de tecnología, maquinaria e insumos europeos a menores costos», escribió Peña al anunciar la promulgación. En un país con una economía basada en gran medida en la agricultura —soja, carne, maíz— y con un sector ganadero de alta productividad, el acceso al mercado europeo abre perspectivas de diversificación que hasta ahora estaban limitadas por los altos aranceles.
Paraguay obtiene del acuerdo beneficios específicos que no tienen sus vecinos más grandes. El país recibe una cuota propia de azúcar de 10.000 toneladas anuales con arancel cero en el mercado europeo —cuota diferenciada de la asignada a Brasil—, lo que fortalece su industria azucarera. Además, el acuerdo reconoce la importancia del sector eléctrico paraguayo: Paraguay es uno de los mayores exportadores de energía eléctrica del mundo gracias a las centrales hidroeléctricas de Itaipú —compartida con Brasil— y Yacyretá —compartida con Argentina—. El nuevo marco podría facilitar inversiones europeas en infraestructura de transmisión y en industrias electrointensivas que aprovechen la energía limpia y barata del país. El gobierno de Peña apuesta además al acuerdo como motor de atracción de inversión directa en manufacturas ligeras y en el sector de tecnología agrícola. «Sabemos que este es el camino, integrar estrategias para atraer inversiones, impulsar la competitividad y generar más empleo para todos los paraguayos», afirmó Peña.
Uruguay presenta un perfil diferente. Con una economía más diversificada y un sector servicios más desarrollado que sus vecinos, Montevideo tiene el potencial de convertirse en el hub de servicios financieros, logísticos y tecnológicos del bloque dentro del nuevo marco comercial. Las empresas europeas que busquen establecerse en el Mercosur encontrarán en Uruguay un ambiente regulatorio estable, un sistema judicial confiable, y —gracias al acuerdo— acceso fluido a los mercados de Argentina, Brasil y Paraguay. El sector tecnológico uruguayo, ya notablemente desarrollado para el tamaño del país —con empresas como Genexus con proyección regional e internacional—, podrá beneficiarse del capítulo de servicios digitales del acuerdo, que incluye reglas para el comercio electrónico transfronterizo y la protección de datos. La central sindical PIT-CNT celebra hoy el Día del Trabajador con un acto masivo bajo el lema «Por más presupuesto para la educación», recordando que el crecimiento económico debe ir acompañado de inversión social para que sus beneficios lleguen a toda la población.
Ambos países comparten un desafío: la distribución de las cuotas agrícolas asignadas al Mercosur como bloque. El acuerdo establece cuotas colectivas —por ejemplo, las 99.000 toneladas de carne bovina o las 180.000 toneladas de aves de corral— sin especificar cómo se reparten entre los cuatro países miembros. La Unión Europea dejó en manos del Mercosur la tarea de negociar internamente esa distribución, aclarando que «la UE espera que el Mercosur se coordine y negocie internamente la distribución de esos cupos». Para el primer año de implementación, el esquema adoptado es el de «first come, first served» —primero en llegar, primero en servirse—, lo que podría favorecer a los exportadores más grandes y mejor organizados. Paraguay y Uruguay deberán negociar con habilidad para asegurarse una porción justa de los beneficios. Es la primera gran prueba de gobernanza interna del Mercosur en la era del libre comercio con Europa.
Una dimensión que se pierde en los debates técnicos sobre aranceles es la dimensión política del acuerdo para Paraguay y Uruguay. Ambos países, democracias consolidadas en una región que no está exenta de tensiones institucionales, ven en el acuerdo un ancla de sus compromisos con el Estado de derecho, el multilateralismo y los valores occidentales. El texto incluye una cláusula democrática según la cual el incumplimiento de compromisos en materia de derechos humanos y principios democráticos puede conducir a la suspensión del acuerdo. Esta cláusula tiene un valor simbólico enorme para países que quieren señalar al mundo —y a sus propios ciudadanos— que el camino hacia la prosperidad pasa por la institucionalidad y la apertura, no por el proteccionismo o el autoritarismo. En ese sentido, el 1.º de mayo de 2026 es también un día de afirmación política para los dos socios más pequeños del Mercosur.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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