
Desde hace varios meses la relación con el vecino país del Ecuador ha venido en franco deterioro, en un giro por completo inesperado el 21 de enero pasado el presidente del Ecuador, el señor Daniel Noboa, impuso aranceles del 30% a los productos que su país importa desde Colombia.
Días después y, en respuesta a la reacción del gobierno colombiano de imponer aranceles similares a los productos ecuatorianos (Aceites de palma y de arroz, químicos, productos pesqueros, plásticos, manufacturas del metal, entre otros) y, además, suspender la venta de energía eléctrica a ese país, el gobierno ecuatoriano impuso un colosal arancel del 900% al uso de sus oleoductos para transportar el crudo colombiano extraído en el sur de Colombia en las regiones de Putumayo y Nariño.
Todo ello se presentaba en el contexto de una crisis regional por las intervenciones del gobierno americano en contra de Venezuela y de Colombia, sus ataques a los países que conforman el BRICS y a gobiernos de línea diferente a su tendencia ultraderechista, que llevó a que en varias oportunidades y sin ningún fundamento el señor Trump acusara a Petro de ser cabecilla y benefactor del narcotráfico, incluirlo en la lista Clinton y suspender la ayuda que le prestaba a las autoridades colombianas en la lucha contra ese flagelo transnacional.
Adicionalmente en el vecino país el señor Noboa era objeto de fuertes críticas no solo por sus decisiones al mando de esa nación, sino también por sospechas de fraude en las elecciones que lo refrendaron en el poder y acusaciones de vínculos con la exportación de alcaloide a través de cargamentos de banano de su empresa familiar.
Luego de esa sorprendente escalada que Noboa intentó justificar valiéndose del discurso calumnioso de Trump en contra de Petro, repetido como una letanía por la oposición ultraderechista en Colombia, al decir que Colombia no estaba haciendo, según él, lo suficiente para combatir el crimen transnacional, Petro anunció su intención de promover un diálogo sensato y respetuoso con el gobierno derechista del Ecuador con el objeto de construir una política común de combate al narcotráfico.
El mensaje conciliador del presidente Petro no obtuvo respuesta eficaz por parte del gobierno ecuatoriano, por el contrario, y en franca contravía al clamor de los empresarios y ciudadanía de ambos países que exigían un desescalamiento de la crisis, aunque desde el 6 de febrero pasado una comisión binacional busca fórmulas para que se dé tal relajación de las tensiones fronterizas y restablecer los intercambios comerciales, la crisis siguió en crescendo.
En Colombia se han alzado voces como la de la senadora Esmeralda Hernández del Pacto Histórico, quien afirmó que “si el presidente Noboa decide agredir económicamente a Colombia, la respuesta debe ser categórica y de defensa del interés nacional”. Por parte de la oposición la narrativa no podía ser otra que aprovechar que estamos ad portas de las elecciones presidenciales para denostar y denigrar de la gestión del gobierno Petro, reiterar sus absurdas acusaciones, de las que ya se desdijo hasta el propio gobierno de los EEUU, de los presuntos vínculos de Petro con el narcotráfico y apoyar, óigase bien, la agresión arancelaria de Noboa en contra de nuestro país. Algo similar a lo que la ultraderecha española ha venido haciendo ante los ataques de Netanyahu en contra de España.
El 9 de abril pasado el señor Noboa anunció con bombos y platillos que los aranceles a los productos colombianos serían, a partir del 1 de mayo de 2026, del 100%, lo que en la práctica significa la anulación del comercio binacional. En una declaración que revela las verdaderas ocultas intenciones detrás de esta crisis artificial y una descarada intervención en los asuntos internos de Colombia anunció que seguramente la crisis concluiría una vez que Colombia eligiera un gobierno que se comprometiera con la seguridad de la frontera binacional, en clara alusión a la promesa de los candidatos ultraderechistas que compiten contra Iván Cepeda, candidato progresista, por la presidencia de nuestro país.
Aunque inicialmente y al calor de la medida y de la indignación que la misma generó al interior del gobierno colombiano, la ministra de Comercio de Colombia, Diana Marcela Morales Rojas, anunció que, en forma correspondiente, los aranceles a productos provenientes de Ecuador pasarían del 30% al 100%., el presidente Gustavo Petro, durante el Consejo de ministros del 13 de abril de 2026, ordenó no incrementar los aranceles al 100% y, por el contrario, reducirlos al 0%, al tiempo que dispuso crear un subsidio para que esos productos, que también se producen en Colombia, sean más baratos.
En su intervención el mandatario manifestó lo siguiente: “No hay aranceles del 100 %, ministra de Comercio. No somos tan ignorantes. Todo lo que sea necesario para Colombia tiene arancel 0 % y puede ingresar. Todo lo que se produce en Colombia y antes se importaba de Ecuador, ahora se produce localmente”. El mandatario continuó “ministra de Agricultura, debe haber un subsidio para que ese producto sea más barato, porque actualmente resulta más costoso” y agregó: “Todo aquello que se produce en Colombia y no pueda exportarse a Ecuador debido al arancel, debe exportarse a Venezuela, donde lo están requiriendo”.
En una clara alusión a la nacionalidad de Noboa, sujeto nacido en los EEUU, Petro afirmó que el objetivo de avanzar en la reintegración de la Gran Colombia no se puede alcanzar ni es del interés de personas que residen en Miami. En el marco de su contundente intervención Petro aseveró que “ese es el poder de este pueblo: la unión, no la división. Hay extranjeros que buscan dividir a Ecuador y Colombia, para que entremos en conflicto. No vamos a caer en esa trampa, porque si nos dividimos, perderemos la fuerza que Bolívar anunció y que sigue vigente hoy.”
Continuó Petro manifestando que esas medidas arancelarias, aparte de promover el contrabando y a las fuerzas oscuras detrás de ese delito, afectan duramente a la ciudadanía y al emprendimiento formal y legal en ambos países y fortalecen la economía informal y reducen las oportunidades laborales en departamentos como Nariño, donde la economía depende en gran parte del intercambio binacional. Pero también, dichas medidas afectarían la seguridad en la región, en clara contravía a los presuntos objetivos del señor Noboa.
Vaya mundo contrastante el nuestro: Mientras en el sur se producen escalamientos pasionales e irreflexivos, en Colombia, país con una larga historia de conflictos y violencia, se lucha por un desescalamiento que no es correspondido.
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.
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