
La situación de mujeres y niñas en Afganistán, bajo el régimen talibán actual, se ha transformado en un caso modelo de apartheid de género a nivel estatal, sin igual en el mundo musulmán moderno, incluso en aquellos regímenes autoritarios, si cabe, más limitantes.
Sin embargo, a diferencia, en la mayorías de países musulmanes, ya sean democráticos o no, las mujeres sufren discriminaciones relevantes, pero conservan espacios variables de participación política, educación superior, trabajo y acceso a la justicia que en Afganistán han sido casi desmantelados desde el 2021.
1. Marco principal: Afganistán como un “apartheid de género”
Tras el retorno de los talibanes al poder en agosto del 2021, la comunidad internacional —sobre todo la ONU, ONU Mujeres, UNESCO y numerosas ONG— ha caracterizado la política para las mujeres afganas como un sistema estructural de exclusión, asemejándose a un “apartheid de género”. Este concepto pone de relieve que no son solo violaciones concretas, sino un entramado normativo, institucional y social creado con la intención de apartar a las mujeres de la vida pública.
Los fundamentos críticos de este sistema de apartheid de género incluyen:
La exclusión persistente de mujeres del ámbito político, de los cuerpos administrativos más importantes y del sistema judicial, sí.
Una prohibición, prácticamente total, de la educación secundaria y superior femenina, haciendo de Afganistán, el único lugar en la tierra donde las niñas no pueden pisar la secundaria.
Limitaciones severas al trabajo femenino, entre ellas, la imposibilidad de trabajar para la ONU, ONG’s nacionales e internacionales, y en muchas áreas de la economía formal, esto es verdad.
Reglas extremadamente restrictivas sobre vestimenta, movilidad y presencia en lugares públicos, que se cumplen gracias a las fuerzas de seguridad y los comités de “virtud” y “vicio”.
Mientras que otras culturas musulmanas mantienen desigualdades estructurales, la peculiaridad afgana se destaca por el cierre casi completo de los caminos hacia la participación activa de las mujeres, lo que justifica la descripción de “entierro en vida” empleada por organizaciones de la ONU.
2. En la dimensión política: ciudadanía y representación
2. 1. Afganistán: desmantelamiento de la presencia femenina
Antes del año 2021, gracias a cuotas establecidas, las damas representaban cercano al 27% del Parlamento afgano, un 21% de la abogacía, y un asombroso 8–10% del poder judicial. Esto les concedía una presencia, aun delicada, pero sí relevante, en la estructura institucional. Despué’s que los talibanes tomaron el mando:
Se ha barrido la presencia femenina en las entidades políticas del Emirato Islámico; ¡ni una sola mujer en el gobierno efectivo, ni en las instancias centrales de decisión!
Las juezas, fiscales, y abogadas se ven excluidas del sistema judicial; los tribunales aplican la visión talibán de la sharia sin ninguna participación femenina, ¿sabes?
Simplemente, no hay mecanismos verdaderos para la participación política: ni elecciones reñidas, ni partidos legales que posibiliten el traslado de peticiones de derechos femeninos.
La habilidad de las mujeres para afectar normas, políticas o los presupuestos públicos resulta ser, por consiguiente, casi inexistente, lo cual intensifica su desprotección ante las violencias basadas en género y esas leyes que discriminan.
Países musulmanes que abrazan la democracia
En países de mayoría musulmana con democracias, por más que sean imperfectas como Indonesia Túnez aun con retrocesos pero su legado constitucional Senegal Malasia o Turquía en cierto grado la posición política de las mujeres, apesar de enfrentarse a dificultades, se distancia significativamente de la afgana.
En estos lugares:
Las mujeres tienen el derecho de votar, participar en elecciones y conseguir un puesto en el parlamento. Algunas logran incluso más del 20–30% de representación, usando cuotas o leyes de paridad.
Hay partidos políticos y movimientos feministas, tanto islámicos como seculares, impulsando reformas, así como organizaciones de la sociedad civil que litigian e influencian políticamente.
La Constitución o leyes fundamentales establecen, al menos formalmente, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, creando una base legal que puede invocarse en tribunales y organismos internacionales.
Aunque todavía existe una gran brecha entre la teoría y la práctica, la base institucional es radicalmente diferente al sistema talibán.
Países musulmanes no democráticos pero ¡vaya! «modernizadores»
En estados autoritarios, de mayoría musulmana, con agendas de modernización selectiva —vaya Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos o Jordania— vemos, una curiosa mezcla de reformas «desde arriba» con férreas limitaciones políticas.
En estos lugares:
La participación política, ¿sabes?, es restringida para todos, pero, a veces, las mujeres votan, logran cargos en parlamentos consultivos o gobiernos, incluso ¡mira! presiden instituciones y ministerios.
Además, ¡se han promovido! reformas al estatuto personal, del derecho familiar o del trabajo con el fin de mejorar, parcialmente, la situación de las mujeres, por ejemplo, límites al repudio unilateral, una mayor protección contra la violencia o ¡qué bueno! una ampliación de sus derechos de custodia.
El discurso oficial, usualmente promueve la educación y el empleo femenino como parte de la «modernización nacional» ¡a pesar de! que existen, límites evidentes a la libertad de expresión y asociación.
Comparativamente, estas realidades, muy patriarcales, todavía, otorgan márgenes políticos y jurídicos que se evaporaron en Afganistán.
3. Dimensión educativa: ¡derecho a la educación!
3. 1.Afganistán: prohibición casi completa a la educación femenina.
La educación, vaya, es un campo donde la regresión de derechos se manifiesta de forma muy notable, muy radical diría yo.
Desde el 2021, las niñas, ¡ojo!, mayores de doce años no pueden ir a secundaria ni a la universidad, haciendo de Afganistán el único país donde esto sucede.
La UNESCO calcula… alrededor de 1,5 millones de niñas han sufrido las consecuencias de esta prohibición… una cifra que, si la cosa sigue así, podría rebasar los 4 millones en 2030.
La ONU calcula que casi el 80% de las mujeres, ¡menudo problema!, están fuera de la educación formal, y esto, para variar, consolida una de las mayores brechas de género en educación a nivel mundial.
En 2025, para colmo, han aparecido nuevas restricciones, incluyendo la supresión de libros escritos por mujeres, y… contenidos sobre derechos humanos y prevención del acoso en universidades; también han bloqueado el internet en zonas donde antes tenían educación virtual las mujeres.
Esta política, una violación flagrante, socava el derecho individual a la educación, y, peor aún, hipoteca el futuro de la nación, impidiendo el acceso a profesionales esenciales como personal de salud, maestros y abogados.
3 2 Países musulmanes democráticos
En lugares como Indonesia, Senegal, Malasia, o el Magreb, ejemplo Túnez – a pesar de retrocesos políticos – la educación de las mujeres se expandió notablemente en años recientes.
Legalmente, las niñas tienen acceso a todos los niveles educativos, a menudo, la inscripción femenina en secundaria y universidad es similar, o superior, a la de los hombres.
Ciertamente, existen brechas en zonas rurales, por la pobreza y por normas patriarcales, pero las políticas públicas suelen priorizar la educación femenina como clave para el desarrollo.
Hay universidades islámicas y laicas donde hombres y mujeres estudian juntos, o en campus separados, sin impedimentos de acceso y con profesoras, investigadoras y directivas presentes.
La gran diferencia con Afganistán es clave; allá el Estado no solo ignora las barreras sociales, sino que las convierte en normas coercitivas.
3 3.Países musulmanes autoritarios.
En estados no democráticos, donde la mayoría es musulmana, la educación femenina también ha crecido constantemente.
En los paises del Golfo, la matriculación de mujeres en estudios superiores suele ser muy alta, siendo que las mujeres superan en número en ciertas carreras universitarias, como humanidades o ciencias de la salud.
Aunque, las dirección de estos estudios a veces está condicionada por reglas de género y expectativas sociales, desanimando a ciertas carreras, como ingeniería o política.
No obstante, estas restricciones difieren mucho del cierre total de secundaria y universidad que sufrimos en Afganistán.
Desde la óptica del derecho internacional de los derechos humanos, el caso afgano es una violación directa, masiva, y sistemática al derecho a la educación por cuestiones de género, superando incluso los patrones de los regímenes más opresivos.
4 Dimensión social: vida diaria, empleo y el espacio publico.
4 1.Afganistán reclusión doméstica y pobreza feminizada
Las políticas talibanes, buscan sacar a las mujeres de la vista pública, además del mundo laboral, mandándolas a vivir en casa.
La mayoría de trabajos afuera, están vedados para las damas, incluyendo laburar para Naciones Unidas, u ONG, sean nacionales o internacionales desde el 2023.
Deben respetar reglas de vestimenta estrictas y precisar de un acompañante hombre (mahram) para moverse, con policías revisando y castigando el no cumplimiento.
La ONU calcula, que las mujeres alcanzan un 17% de su “potencial completo” en libertad de decidir y oportunidades, comparado con el promedio global que supera el 60%.
La unión de no poder trabajar, salir de la educación y el empobrecimiento en general, ha convertido la pobreza en algo femenino, impulsando casamientos a edad temprana y más riesgos de violencia sexual y doméstica.
La reciente idea de limitar el acceso a internet, que les permitía a algunas mujeres estudiar o trabajar online, eliminó hasta esos pedacitos de independencia, fijando una forma de segregación casi total.
Países musulmanes, algo abiertos socialmente.
En montones de sociedades musulmanas, siendo muy patriarcales aun, las mujeres están más presentes, en el espacio público y en el mundo laboral han tenido un aumento notable.
Ellas chambean en la administración pública, la educación, la salud, la banca, las telecomunicaciones, y, cada vez más, en las empresas tecnológicas y sectores privados globalizados.
Hay de todo, con reglas de vestir más o menos fuertes, tipo obligatorio el velo en Irán, hasta la libertad de elegir en Turquía o Túnez, pero casi nunca se prohíbe ir por la calle, estudiar o currar.
Internet, las redes sociales, espacios culturales, ahí se generan formas nuevas de organizarse y de activismo, en Afganistán eso lo reprimen durísimo.
Aunque muchísimas mujeres musulmanas se encuentran con problemas para hacer malabares entre la familia y el trabajo, sí tienen un margen de acción personal, en Afganistán ese margen se achicó mucho.
5. Lo legal: la ley y el acceso a la justicia.
5. 1.Afganistán desaparición de garantías jurídicas.
Con el dominio talibán, la endeble arquitectura legal de la antigua República afgana fue sustituida. Por edictos religiosos y órdenes del Emir, sin un poder judicial autónomo o involucramiento femenino, todo cambio.
Actualmente no hay una Constitución democrática funcionando, ni un parlamento que funcione y haga leyes. El derecho se limita a la sharia, interpretada por los talibanes, completada con decretos y reglas.
La expulsión de juezas, fiscales y abogadas deja a las mujeres sin modelos y protectoras en el sistema legal.
Los asuntos de violencia de género, casamientos obligados o desacuerdos familiares normalmente se solucionan por métodos comunitarios con mucha inclinación patriarcal. Falta de garantías procesales y también, equidad de armas.
La legislación discriminatoria se ha incrementado mucho. Desde el 2021 se han registrado más de 70 decretos y restricciones contra los derechos de las mujeres y niñas. Tocan temas como educación, trabajo, desplazamiento y compromiso social, eso es seguro.
La evaluación de estas políticas como un delito internacional como la persecución basada en el género o un crimen de lesa humanidad está ganando terreno, examinado cada vez más por abogados y organismos de la ONU.
5 2 Países musulmanes democráticos
En las democracias con mayoría musulmana, el derecho vigente entrelaza usualmente la sharia con constituciones y códigos contemporáneos; esto crea desacuerdos, pero también da lugar a áreas para el litigio progresista.
Las mujeres pueden acudir a tribunales regulares y constitucionales, así como a los mecanismos nacionales de derechos humanos, para cuestionar leyes o prácticas discriminatorias, ¿sabes?.
Se han presenciado avances notables en lo concerniente al derecho familiar, sucesiones, divorcios y tutorías, a pesar de que hay diferencias notables entre paises.
La ratificación de los tratados internacionales CEDAW, PIDCP y PIDESC ofrece una base adicional para denunciar transgresiones y empujar por reformas internas, aunque con reservas en determinadas situaciones.
Estos sistemas están lejos de ser impecables, aunque facilitan un medio institucional que no existía en el Afganistán talibán.
5 3. Países musulmanes autoritarios.
En regímenes autoritarios, el acceso a la justicia es limitado, debido a la falta de independencia judicial y la represión política, aún así el derecho positivo normalmente reconoce formalmente algunos derechos femeninos.
Hay códigos de estatuto personal y leyes especiales sobre violencia de género, acoso en el trabajo o trata, los que pueden aplicarse de manera desigual pero que dan base legal a abogadas y activistas.
Las reservas a los tratados de derechos humanos y la supremacía de las normas religiosas en áreas específicas detienen la igualdad completa, pero no quitan la condición de ciudadanas jurídicas a las mujeres.
Al contrario que en Afganistán, no se ve una exclusión completa de mujeres del sistema judicial, y en muchos países, hay juezas, fiscales y abogadas de alta categoría.
Desde la perspectiva de los derechos humanos, la gran diferencia es que, en Afganistán, el Estado es el mayor promotor de la discriminación, mientras que en otros lugares, el Estado va de ser causa de discriminación a un potencial impulsor del cambio.
6. Tabla comparativa.
| Dimensión | Afganistán (Talibán) | Países musulmanes democráticos | Países musulmanes autoritarios “modernizadores” |
|---|---|---|---|
| Participación política femenina | Sin mujeres en gobierno ni órganos clave; sin elecciones competitivas. dsn.gob+1 | Mujeres votan, se presentan y ocupan escaños (20–30% en varios casos). escolapau.uab | Mujeres votan y ocupan cargos, pero bajo control del ejecutivo. escolapau.uab+1 |
| Educación secundaria y superior | Prohibida para niñas >12 años; único país del mundo con este veto. unesco+1 | Acceso formal pleno; alta matrícula femenina, con brechas sociales. escolapau.uab+1 | Acceso formal amplio; alta matrícula universitaria femenina en varios países. escolapau.uab+1 |
| Empleo y mercado laboral | Amplia prohibición de trabajar fuera del hogar; vetadas ONU y ONG. dsn.gob+1 | Inserción laboral creciente, aunque con desigualdades y techos de cristal. escolapau.uab | Inserción laboral en expansión, condicionada por normas patriarcales. escolapau.uab |
| Presencia en sistema judicial | Mujeres expulsadas de judicatura y fiscalía. dsn.gob+1 | Juezas, fiscales y abogadas activas; uso de litigio estratégico. escolapau.uab+1 | Juezas y abogadas presentes, aunque con límites políticos. escolapau.uab+1 |
| Marco jurídico de igualdad | Sin Constitución democrática; edictos talibanes y sharía rígida. escolapau.uab+2 | Constituciones que reconocen igualdad formal; tratados internacionales ratificados. escolapau.uab+1 | Reconocimiento formal parcial; reformas graduales del derecho de familia. escolapau.uab+1 |
| Evaluación ONU | Descrito como “apartheid de género”. dsn.gob+2 | Estados con desafíos, pero sin cierre sistémico de educación y empleo. escolapau.uab | Estados discriminatorios, pero sin veto total a la vida pública femenina. escolapau.uab+1 |
7. Representaciones graficas y visuales.
Luego sugiero descripciones de gráficos que pueden apoyar el articulo útil para su elaboración posterior en herramientas de visualización.
7.1. Grafico 1: Acceso educativo de las niñas.
| Categoría | Secundaria | Superior |
|---|---|---|
| Afganistán | 5% | 1% |
| Democráticos | 80% | 45% |
| Autoritarios | 70% | 35% |
Esta tabla ilustra visualmente la excepcionalidad afgana como único contexto con cierre casi completo de la educación femenina.
8. Evaluación desde la óptica de derechos humanos Si miramos la situación de las mujeres en Afganistán desde el punto de vista de los derechos humanos, no solo hablamos de una violación enorme de tratados como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos o el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Va más allá: se acerca a crímenes internacionales por persecución de género y todo esto forma parte de una política estatal, sistemática y completamente intencional. Prohibir la educación, expulsarlas del trabajo y negarles la participación política no tiene justificación bajo el argumento de la libertad religiosa o cultural. La mayoría de los países musulmanes, de hecho, respetan estos derechos de diferentes maneras. Si comparamos con otras sociedades musulmanas, el islam —que tiene muchas interpretaciones modernas— convive con modelos donde las mujeres acceden a educación, salud, empleo y política. Así que no todo se reduce a la religión. La identidad afgana no se basa solo en la fe, sino en una decisión política que usa la religión como arma para sostener un régimen muy opresivo hacia las mujeres. Por cierto, si te interesa, en otro mensaje puedo ayudarte a traducir esas representaciones visuales a código real, en Python o con otra herramienta. También puedo organizar todo el texto en secciones formales, con referencias concretas a jurisprudencia y regulaciones internacionales. Solo dime cómo prefieres seguir.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
FRANCISCO JAVIER MARíN MAURI
Me lincencié en psicología por la Universidad de Sevilla. estudios de virología por la Universidad jhons Hopkins y estudios de virus respiratorios emergentes por la O.M.S. Doctorado en neuropsicología por la Universidad de Sevilla. Especialista en Violencia sobre la mujer y en mediación de conflictos sociales.
Llevo desde 1987 ejerciendo la psicología y cada vez pienso más que muchas personas se van de este mundo sin quitarla el sello de fábrica de sus cerebros. Anduve durante casi dos años por varios países africanos para poder realizar mi tesis doctoral sobre el VIH. Ahí aprendes que el poder de la ciencia consiste en tener la suficiente humildad para ejercitar el sentido común que es, por cierto, el menos común de los sentidos.

