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Con tono firme y un llamado directo al corazón del poder ejecutivo, el Procurador General de la Nación, Gregorio Eljach Pacheco, se pronunció este domingo frente a la creciente ola de violencia que sacude al país. Lo hizo sin rodeos, con la claridad de quien sabe que el tiempo apremia: “A los criminales hay que confrontarlos y derrotarlos. El Estado no puede quedarse impotente”.
El pronunciamiento llega en un momento especialmente crítico. En las últimas semanas, Colombia ha sido testigo de asesinatos sistemáticos contra soldados, policías y civiles, crímenes atribuidos a organizaciones terroristas que, lejos de cesar, parecen envalentonarse con cada golpe. La reciente noticia del secuestro de un niño de apenas once años ha causado una profunda conmoción nacional. Para el jefe del Ministerio Público, se trata de actos miserables, aberrantes y degradantes que reclaman una respuesta inmediata y sin ambigüedades.
El Procurador dirigió su mensaje directamente al Presidente de la República, Gustavo Petro, a quien instó a ejercer su papel como jefe de Estado con la determinación que exige la hora. “Invito al señor Presidente a adoptar y hacer cumplir todas las medidas necesarias para contener de manera inmediata la acción de los criminales. Colombia necesita que nos unamos todos bajo su liderazgo para derrotar a quienes han burlado la voluntad de paz de los últimos gobiernos”, expresó con contundencia.
En un país donde el orden público se deteriora visiblemente en vastas regiones, el Procurador fue enfático en que el combate a la criminalidad no admite dilaciones ni discursos ambiguos. La institucionalidad debe responder unida, fuerte y coherente. Pero también advirtió que la unidad de propósito solo será posible si se respeta el delicado equilibrio entre poderes. “La superación de esta coyuntura compleja exige el respeto por la autonomía y la independencia de todas las ramas del poder público y los organismos de control”, señaló, subrayando que el Presidente no solo es la primera autoridad de la Nación, sino también el símbolo de la unidad nacional.
Finalmente, dejó una reflexión tan política como ética: “Si en la institucionalidad desarmamos los espíritus, tendremos autoridad moral para desarmar a los criminales”.
Colombia, al borde de una nueva encrucijada, espera respuestas a la altura de su dolor. El mensaje está dado. La urgencia, también.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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