
La violencia relacionada con el tráfico de drogas en Bolivia se agrava con ejecuciones y ajustes de cuentas que evidencian una competencia cada vez más feroz por corredores internacionales de estupefacientes. Estas dinámicas están cada vez más vinculadas a disputas por el acceso a las rutas y el control de los flujos de cocaína, más que a actos delictivos aislados. Este fenómeno pone de manifiesto una mayor articulación de redes transnacionales, mientras la colaboración internacional busca contener su impacto en la seguridad regional.
“Los homicidios —asesinatos, emboscadas y sicariato— responden a una lógica estratégica: enviar mensajes y asegurar el control del flujo de cocaína hacia mercados globales, más que dominar territorios específicos”, explicó a Diálogo Armando Rodríguez Luna, miembro de la consultora mexicana Nzaya, especializada en seguridad, ley y gobernabilidad internacional.
En este contexto, grupos criminales brasileños, mexicanos y bolivianos compiten por los corredores hacia Europa, Asia y Oceanía, redefiniendo la dinámica del crimen organizado en el país. Bolivia, arraigada desde hace tiempo en el sistema de tráfico de cocaína de Sudamérica, funciona cada vez más como un nodo clave dentro de un entorno más competitivo e interconectado que incluye tanto a actores establecidos como emergentes. Su posición geográfica y su capacidad de producción le permiten servir tanto como fuente como punto de tránsito que conecta la producción andina con las rutas de tráfico regionales y transatlánticas.
Rodríguez Luna precisó que “los grupos brasileños concentran gran parte de la violencia, mientras que las redes mexicanas aportan financiamiento, logística y capacidades para la producción y transformación de cocaína. En la última década, el aumento de cultivos de coca y la expansión de laboratorios han incrementado la capacidad, elevando el atractivo del país para las redes transnacionales”.
Los datos más recientes refuerzan esa tendencia. Según InSight Crime, en 2024, se detectaron más de 1500 laboratorios de droga, un incremento del 74 por ciento respecto a 2023. Bolivia, que comparte fronteras con cinco países sudamericanos, se mantiene en el centro de las vías regionales del narcotráfico, indica la organización.
El analista boliviano Manuel Morales Álvarez señaló al periódico boliviano El Diario que los ajustes de cuentas recientes reflejan los crecientes desafíos de seguridad en un contexto de dificultades continuas para la aplicación de políticas preventivas. “La violencia asociada al narcotráfico no se resolverá con las acciones actuales. La justicia dentro del narcotráfico se impone con balas”.
Ajustes de cuentas y consolidación del crimen
Un caso ilustrativo ocurrió el 15 de enero de 2026, en Urubó, Santa Cruz, donde un hombre de 26 años fue asesinado tras ser interceptado en su vehículo por sujetos armados. La Fiscalía apunta a una posible represalia, un patrón recurrente en disputas entre estructuras criminales, reportó el medio boliviano El Deber. Las autoridades y los analistas suelen asociar casos como este con conflictos vinculados a las economías ilícitas y al control de las actividades de tráfico.
El Informe sobre la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos 2025 del Departamento de Estado de los Estados Unidos indica que Bolivia sigue siendo la tercera mayor fuente de coca y cocaína a nivel mundial, lo que subraya su papel sostenido en las dinámicas del tráfico regional. En paralelo, organizaciones criminales transnacionales como el Primer Comando de la Capital y el Comando Rojo de Brasil han ampliado su presencia en el país, fortaleciendo vínculos locales y su capacidad operativa. Se considera que estos grupos desempeñan un papel en la facilitación del transporte y la distribución a lo largo de los corredores regionales, particularmente hacia los países vecinos que sirven como puntos de salida para los envíos de cocaína. Los informes y análisis también han señalado vínculos con redes mexicanas y colombianas.
Morales advirtió que, sin medidas inmediatas, Bolivia podría replicar la trayectoria de otros países de la región afectados por la expansión de la delincuencia organizada. “Estamos en camino de seguir esa misma tendencia”, señaló.
Cooperación regional antidrogas
El 8 de marzo de 2026, los Estados Unidos y socios en Latinoamérica y el Caribe, incluido Bolivia, anunciaron una nueva fase de colaboración antidrogas denominada Escudo de las Américas, destinada a fortalecer la coordinación en materia de extradiciones, intercambio de inteligencia y planes de seguridad. La iniciativa refleja esfuerzos más amplios para mejorar la colaboración regional contra el crimen transnacional.
Dos días después, Bolivia presentó su política antidrogas ante la Comisión de Estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas. La estrategia se articula en cinco ejes: cooperación internacional; control de cultivos de coca, planificación y uso de tecnología para la interdicción; prevención y tratamiento del consumo, y combate al financiamiento del narcotráfico.
Los recientes acontecimientos también reflejan un giro hacia una mayor cooperación internacional. El 24 de febrero, Bolivia reanudó la coordinación con la Administración para el Control de Drogas de los EE. UU. (DEA) para reforzar el intercambio de información de investigación, tras 17 años sin colaboración directa. Además, Bolivia mantiene lazos con organismos de inteligencia y policía europeos.
Esa cooperación dio un resultado importante con la captura, el 13 de marzo en Bolivia, de Sebastián Marset, líder del Primer Cártel Uruguayo, quien fue expulsado a los Estados Unidos y enfrenta cargos por narcotráfico y lavado de dinero. El Departamento de Estado de los EE. UU. ofrecía USD 2 millones por información sobre su paradero.
El fortalecimiento de capacidades operativas sigue siendo un desafío. Rodríguez Luna señaló que “la cooperación internacional aporta herramientas clave, pero su efectividad depende del desarrollo institucional interno, un proceso que requiere tiempo”. Añadió que la DEA cumple un papel relevante en la generación de inteligencia, particularmente en el apoyo a los esfuerzos para monitorear e interrumpir el tráfico a través de rutas críticas.
Violencia estructural y riesgo de escalamiento
Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el crimen organizado está vinculado en aproximadamente la mitad de los homicidios en las Américas, con tasas que superan ampliamente el promedio mundial. Este fenómeno constituye un obstáculo estructural para la gobernabilidad, la seguridad y el desarrollo económico.
Rodríguez Luna advirtió que la evolución de la conflictividad en Bolivia estará condicionada por la dinámica regional. La presión sobre organizaciones criminales en países vecinos ha impulsado la diversificación de rutas, lo que podría trasladar cada vez más las operaciones hacia territorio boliviano.
Actualmente, el país funciona como un esquema logístico y financiero dentro del tráfico de estupefacientes. “Sin embargo, el posible desplazamiento de grupos criminales podría modificar esta dinámica hacia el control territorial, un escenario asociado con mayores niveles de violencia”, agregó Rodríguez Luna.
Presión regional y proyección del conflicto
La configuración geográfica de Bolivia también influye en esta dinámica. Sus conexiones terrestres facilitan la salida de droga hacia corredores regionales, donde la presión interna tiende a dispersarse, opinó Rodríguez Luna. En particular, las vías hacia Paraguay, Brasil, Argentina, Chile y zonas de convergencia fronteriza funcionan como puntos clave de salida para el narcotráfico. Mientras estos corredores permanezcan activos, la presión dentro del país se mantiene parcialmente contenida, detalló.
“La falta de una estrategia enfocada en estos puntos críticos limita el impacto de los esfuerzos regionales”, concluyó Rodríguez Luna. Bajo las condiciones actuales, es probable que la violencia en Bolivia persiste a corto plazo, manifestándose en picos asociados a disputas por rutas y flujos ilícitos. Abordar estas brechas —especialmente en los corredores de tránsito clave— ofrece una oportunidad para reducir la volatilidad y fortalecer las estrategias regionales de lucha contra las drogas.
Bolivia enfrenta un desafío de seguridad marcado por la creciente sofisticación del crimen organizado y la presión sostenida de las redes transnacionales. La cooperación internacional y el fortalecimiento institucional serán determinantes para contener esta amenaza tanto a nivel nacional como regional.
Publicado por: Laura Solano
Fuente de esta noticia: https://dialogo-americas.com/es/articles/bolivia-afianza-su-papel-en-las-redes-de-narcotrafico-de-sudamerica/
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