
Imagen Cancillería de Colombia
Bogotá cerró este lunes tres días de intensas discusiones que pusieron en cuestión uno de los pilares más sensibles del orden mundial: el modelo económico vigente. La capital colombiana se convirtió en escenario de un debate internacional que reunió a algunas de las voces más influyentes del pensamiento contemporáneo, con una conclusión que resonó de manera contundente: la economía, tal como funciona hoy, ya no responde a las mayorías.
El Encuentro Internacional Economía para la Vida culminó con un festival ciudadano abierto en Ágora Bogotá, en un intento por llevar la discusión más allá de los círculos académicos y acercarla a la sociedad. Durante las jornadas, economistas, filósofos, académicos y líderes políticos coincidieron en que el sistema global atraviesa una crisis estructural que exige transformaciones profundas.
La pregunta que atravesó el evento fue tan directa como incómoda: si un modelo concentra la riqueza, amplía las brechas sociales y deja atrás a millones de personas, ¿puede seguir siendo viable? Para muchos de los participantes, la respuesta es no.
Las intervenciones apuntaron a la necesidad de construir nuevas formas de organización económica centradas en el bienestar colectivo, la sostenibilidad y la justicia social. Se planteó que los indicadores tradicionales de crecimiento han dejado de reflejar las realidades sociales y que el desafío actual pasa por redefinir qué significa realmente el desarrollo.
Algunas voces advirtieron que las dinámicas económicas actuales han profundizado las desigualdades, especialmente en sectores esenciales como la vivienda, la energía y los alimentos, donde los aumentos de precios impactan con mayor fuerza a las mayorías mientras consolidan ganancias extraordinarias para unos pocos. En ese contexto, regular lo esencial dejó de ser visto como una intervención excepcional y comenzó a plantearse como un principio básico de justicia económica.
También hubo un llamado urgente a transformar la lógica productiva global. La discusión giró hacia la necesidad de democratizar la economía, reducir la presión sobre los recursos naturales y garantizar condiciones de vida sostenibles para las próximas generaciones. La transición energética, la crisis climática y la soberanía económica se posicionaron como ejes centrales de ese cambio.
En paralelo, la educación y la inteligencia artificial emergieron como temas clave en la redefinición del futuro económico. Los debates pusieron sobre la mesa interrogantes sobre quién produce el conocimiento, cómo se distribuyen sus beneficios y cuál debe ser el papel de las universidades en un contexto de transformación tecnológica acelerada. La conclusión fue clara: los países no pueden limitarse a adoptar modelos externos, sino que deben desarrollar capacidades propias alineadas con sus realidades.

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En ese marco, Colombia aprovechó el encuentro para presentar una nueva red de expertos en diplomacia económica y científica, orientada a fortalecer la producción de conocimiento estratégico en temas como integración regional, reindustrialización, sostenibilidad y geoeconomía de recursos.
Durante el cierre, el ministro de Educación subrayó que el objetivo del encuentro fue abrir espacio a ideas que durante años se consideraron incuestionables. Señaló que conceptos como aceptar altos niveles de desempleo o limitar la política monetaria al control de la inflación están siendo revisados a la luz de nuevas realidades sociales.
El funcionario insistió en que cualquier transformación económica debe ir de la mano de una transformación educativa con enfoque territorial, y defendió el cambio en el modelo de financiación de la educación superior pública, orientado a fortalecer la oferta en lugar de depender del endeudamiento de los estudiantes.
Según explicó, el aumento en la inversión ha permitido ampliar la presencia de universidades públicas en regiones históricamente excluidas y avanzar en proyectos estratégicos en áreas como infraestructura, salud e inteligencia artificial.
Con el cierre de este encuentro, Colombia buscó posicionarse como un actor activo en la construcción de una conversación global que no solo cuestiona el presente, sino que intenta delinear un nuevo horizonte económico. Uno en el que la vida, y no únicamente el crecimiento, sea el eje de las decisiones.
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REDACCIóN COLOMBIA
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