
El país registra tsunamis destructivos desde 1906 y ha fortalecido sus sistemas de prevención. En 2026, tres comunidades de Galápagos recibieron un reconocimiento internacional por su preparación ante esta amenaza.
El 31 de enero de 1906, un poderoso terremoto frente a las costas de Ecuador y Colombia provocó un tsunami que destruyó viviendas y afectó a comunidades del norte de Esmeraldas. Más de un siglo después, aquel desastre continúa siendo uno de los antecedentes que explican por qué la preparación frente a estos fenómenos resulta fundamental para el país. Este jueves 5 de noviembre, Día Mundial de Concienciación sobre los Tsunamis, la conmemoración encuentra a Ecuador con nuevos avances en sistemas de alerta, planificación territorial y preparación comunitaria.
Uno de los más recientes se produjo en septiembre de 2026, cuando Puerto Ayora, Puerto Baquerizo Moreno y Puerto Villamil, en Galápagos, recibieron el reconocimiento internacional Tsunami Ready, impulsado por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO. La distinción reconoce el cumplimiento de requisitos relacionados con el conocimiento del riesgo, la preparación y la capacidad de respuesta de las comunidades ante una eventual emergencia.
Estos avances responden a una amenaza que forma parte de la realidad geográfica ecuatoriana. La costa del Pacífico sudamericano se encuentra en una zona de intensa actividad sísmica, donde la interacción de las placas tectónicas puede generar terremotos capaces de desplazar grandes volúmenes de agua.
Los tsunamis que marcaron la historia de Ecuador
El Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (INOCAR) documenta varios eventos que afectaron el litoral ecuatoriano. El terremoto de 1906 generó olas destructivas en las zonas bajas del norte de Esmeraldas, especialmente en sectores cercanos a los ríos Santiago y Mataje. Los registros históricos recogen daños graves y numerosas víctimas en el área fronteriza con Colombia.
El 19 de enero de 1958, otro terremoto en la región fronteriza produjo un tsunami que ocasionó daños en la costa norte de Esmeraldas y en territorio colombiano. Años después, el 12 de diciembre de 1979, un nuevo sismo generó olas que afectaron gravemente a Colombia y que también fueron registradas en Esmeraldas, aunque los reportes históricos señalan que los daños en Ecuador fueron menores.
Estos acontecimientos evidencian que el riesgo no depende únicamente de la magnitud del terremoto. La ubicación del epicentro, las características del fondo marino, la profundidad de las zonas costeras y el estado de las mareas pueden influir en las consecuencias de cada evento.
Galápagos y la preparación de las comunidades
En los últimos años, Ecuador ha impulsado iniciativas para fortalecer la prevención. Uno de los resultados más recientes llegó el 8 de septiembre de 2026, cuando las comunidades de Puerto Ayora, Puerto Baquerizo Moreno y Puerto Villamil recibieron el reconocimiento Tsunami Ready de la UNESCO.
El proceso contó con el acompañamiento del INOCAR, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos y otras instituciones nacionales y locales. Su propósito es fortalecer las capacidades de preparación y respuesta, mediante el conocimiento de las amenazas, la organización comunitaria y la identificación de procedimientos de evacuación.
Durante 2026, Ecuador también acogió un taller regional del programa Tsunami Ready, desarrollado entre el 31 de agosto y el 3 de septiembre, con representantes de nueve países de América Latina. La UNESCO destacó las acciones de preparación comunitaria realizadas en Salinas, provincia de Santa Elena, como parte de los esfuerzos para mejorar la seguridad de las poblaciones costeras.
A escala nacional, la Secretaría de Gestión de Riesgos ha trabajado en la ampliación del sistema de alerta temprana, la identificación de rutas seguras, la instalación de señalética y la capacitación de habitantes de zonas expuestas. Estas medidas forman parte de una estrategia de prevención que incluye el litoral continental y las islas Galápagos.
Qué hacer ante las primeras señales de un tsunami
La conmemoración internacional de 2026 lleva el lema «Prepárate ante los tsunamis: La resiliencia empieza contigo», impulsado por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres. El mensaje recuerda que la tecnología de alerta debe acompañarse del conocimiento y la capacidad de reacción de cada persona.
En las zonas costeras, sentir un terremoto fuerte o prolongado, observar un retiro inusual del mar o escuchar un ruido intenso procedente del océano son señales naturales que pueden advertir de un tsunami. Ante estas situaciones, las recomendaciones oficiales indican alejarse de la playa y evacuar hacia zonas altas o tierra adentro, siguiendo las rutas de seguridad identificadas.
Los organismos de gestión de riesgos también recuerdan que un tsunami puede presentar varias olas y que la primera no necesariamente es la más peligrosa. Por ello, quienes evacúan deben permanecer en lugares seguros hasta recibir autorización oficial para regresar.
Para las comunidades ecuatorianas, la lección que dejaron los tsunamis del pasado continúa vigente: conocer el territorio y prepararse antes de una emergencia puede salvar vidas. Los avances alcanzados durante 2026 muestran esfuerzos por convertir ese conocimiento en acciones concretas, aunque la preparación debe mantenerse y fortalecerse continuamente.
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