
Antes de ser una costumbre, que los cementerios se llenen de crisantemos cada 1 de noviembre es una cuestión de calendario botánico. El crisantemo es una planta de día corto: según la extensión agraria de la Universidad Estatal de Iowa, forma los botones cuando las noches empiezan a alargarse a finales de verano y florece con días cortos y noches largas. Por eso abre en pleno otoño, cuando quedan pocas flores en el campo y en los viveros. La tradición francesa añade una fecha, 1919, y una historia que conviene leer con cautela.
Una planta que mide la oscuridad
Lo que pone en marcha la floración del crisantemo es la duración de la noche. Cuando la oscuridad se prolonga lo suficiente, la planta pasa de crecer hojas y tallos a preparar flores. El punto exacto a partir del cual reacciona depende de la variedad, así que no hay una cifra única que valga para todos los crisantemos.
La consecuencia práctica es curiosa. La misma guía de Iowa advierte de que la luz nocturna (una farola, el foco de un patio, la ventana iluminada de un salón) puede retrasar la floración o impedirla, hasta el punto de que una planta junto a una farola puede no florecer por el lado que recibe la luz. Si un crisantemo de jardín no da flores en otoño, merece la pena mirar qué le ilumina por la noche antes de culpar al abono.
Lo que se sabe del origen de la costumbre
La explicación más repetida viene de Francia y tiene una fecha muy concreta. El semanario The Connexion atribuye el vínculo con las tumbas a 1919: tras el primer aniversario del armisticio de la Primera Guerra Mundial, el presidente Raymond Poincaré y el primer ministro Georges Clemenceau habrían pedido decorar las tumbas con flores en lugar de velas, y la elegida fue la que florecía en esas fechas. El Ayuntamiento de París cuenta una versión parecida, aunque habla de decorar los monumentos a los caídos, no las tumbas en general.
Son dos relatos que coinciden en lo esencial y difieren en el detalle, y ninguno remite a un documento de archivo, de modo que lo prudente es tratarlo como lo que es: la tradición que se cuenta en Francia, no un hecho histórico comprobado. Para España no hay una fuente documental que explique cuándo ni cómo se adoptó la costumbre. Lo que sí se sostiene es la razón práctica: el crisantemo es una flor que está en plena floración cuando llega Todos los Santos, en una época con pocas flores en el campo.
En Francia el peso de esta asociación se nota en las cifras. Según The Connexion, allí se venden más de 25 millones de macetas de crisantemo al año, y estas semanas suponen entre el 15 % y el 20 % del negocio de los floristas. El mismo medio recuerda que llevar un ramo de crisantemos a casa de alguien en Francia no se aconseja, precisamente por su vínculo con los muertos. Cada cultura tiene su flor para recordar a los difuntos: en México ese papel lo ocupa el cempasúchil, la flor naranja del Día de Muertos mexicano.
Cómo cuidarlo en maceta y en la tumba
La Royal Horticultural Society británica resume las necesidades del crisantemo en su guía de cultivo: sitio cálido, soleado y protegido, y riego regular sin dejar que el sustrato se seque del todo, pero también sin encharcarlo. Ese segundo punto es el que más puede fallar en el cementerio, porque muchos jarrones y maceteros de nicho no tienen drenaje y el agua se queda estancada en el fondo.
Con esa base, unas pautas sencillas ayudan a que la maceta llegue en buen estado a la visita y aguante después:

- Elegir la planta con botones a medio abrir, no del todo florecida, ya que así le queda más recorrido.
- Regar antes de llevarla y comprobar la humedad en cada visita, tocando la tierra con el dedo.
- Evitar que el plato o el macetero acumule agua, vaciándolo si hace falta.
- Retirar las flores marchitas para que la planta no gaste energía en ellas.
- Buscarle sol si el nicho lo permite, porque la RHS lo considera una planta de exposición soleada.
En casa, la misma guía recomienda un recipiente de al menos 30 centímetros y un abono rico en potasio durante la floración. En cuanto al frío, la RHS indica que la mayoría de los crisantemos resistentes aguanta hasta unos 5 grados bajo cero, una referencia útil para las zonas de España donde las heladas fuertes no son habituales.
Qué hacer cuando se acaba la floración
Aquí conviene distinguir entre dos plantas que en la tienda parecen la misma. Los crisantemos de florista, los que se venden en maceta ya florecidos para estas fechas, están pensados para una temporada: la extensión de Iowa señala que no resisten el invierno al aire libre y que normalmente no rebrotan. Hay que tener en cuenta que ese consejo está escrito para el clima continental del Medio Oeste de Estados Unidos, mucho más duro que el de gran parte de la península.
Los crisantemos de jardín son otra cosa. Plantados en primavera se pueden cultivar como perennes, y conviene dividirlos cada dos o tres años, a principios de la primavera, según la misma fuente, que también aconseja proteger la base en invierno con un acolchado de paja o de acículas de pino.
Si se quiere intentar conservar la planta, la RHS propone cortarla a unos 20 centímetros cuando termina la floración, a finales de otoño, y guardar la cepa en un lugar fresco y sin heladas con el sustrato ligeramente húmedo. Si está en maceta, basta con llevarla a un refugio donde no hiele hasta la primavera.
El pinzado: más ramas y más flores
El pinzado (cortar con los dedos la punta tierna de los brotes) obliga al crisantemo a ramificar y, por tanto, a dar más flores. La Universidad de Iowa recomienda hacerlo dos o tres veces en primavera y principios de verano, desde que los brotes miden unos 15 centímetros, y no seguir después del 4 de julio, porque a partir de ahí se retrasa la floración. La RHS propone una pauta parecida: despuntar el tallo principal a unos 20 centímetros a principios del verano y seguir con las puntas laterales hasta mediados de la estación.
Perros, gatos y crisantemos
La planta no es inocente para los animales de casa. La ASPCA, la sociedad protectora de animales de Estados Unidos, la incluye en su lista de plantas tóxicas para perros, gatos y caballos. Sus principios tóxicos son las lactonas sesquiterpénicas y las piretrinas, junto con otros posibles irritantes, y los signos que describe son vómitos, diarrea, babeo excesivo, pérdida de coordinación y dermatitis. La organización no detalla la gravedad, pero sí basta para colocar la maceta fuera del alcance de un gato que mordisquea hojas o de un perro joven. Si el animal se la ha comido, lo indicado en España es llamar al veterinario; la línea de la ASPCA, (888) 426–4435, solo atiende en Estados Unidos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Canciller Pérez Mackenna visita Magallanes para abordar tensiones con Argentina
- ★Brasil — Marco Rubio niega participación de EE.UU. en la salida de F. Bolsonaro de Brasil tras derrota electoral
- ★LS Jack ressurge com EP de releituras de clássicos da música brasileira
- ★Morre Mulher Banana, nome do funk carioca nos anos 2000
- ★Como Hollywood ajudou a transformar o Halloween em um fenômeno mundial



















