

Luiz Inácio Lula da Silva es un fenómeno electoral. “Nuevededos”, como despectivamente lo llamó Flavio Bolsonaro, su más reciente rival en las urnas, ha protagonizado una remontada espectacular, tras perder la primera vuelta electoral a principios de octubre. Nadie antes lo había hecho. En menos de un mes, cosechó millones de votos en una lucha a muerte contra el algoritmo, es decir, contra los tecno–oligarcas como Zuckerberg, que se han alineado con la agenda ultraconservadora.
Lula ha luchado contra todo, incluso contra sí mismo y su entorno. Si acabó en la cárcel por culpa del caso Java Lato, supo reponerse del contratiempo y ocupar la presidencia por tercera vez. Cuatro años más tarde, ha logrado una recuperación inédita. Resucitó de entre los muertos políticos.
Pero ahora la pregunta es inevitable: ¿quién asumirá su legado? Ya hubo una muy mala experiencia previa, en la persona de Dilma Rousseff, primera mujer en ocupar la presidencia brasileña y que fue avasallada por una revuelta popular, alimentada desde grupos reaccionarios, pero también por facciones progres.
Dilma acabó destituida y Lula en la cárcel, aunque no desacreditado. Parecía un claro triunfo de la reacción. Pero Lula es incombustible. Ahora el problema es encontrarle un digno sucesor, sin permitir abusos por parte de sus colaboradores. Además, en los siguientes cuatro años tendrá que lidiar con un Legislativo de mayoría conservadora, que seguramente recurrirá a todas las estrategias posibles para dinamitar este cuarto mandato.
¿Ese heredero podría ser André Janones? Cumple con el perfil: evangélico extraído de la clase trabajadora, “general” del “Ejército de Lula” formado por millones de cibermilitantes que movilizaron el voto en favor de Lula, que permitieron la proeza del domingo. Ya veremos, diría Edipo.
Tampoco se debe obviar que la falta de capacidad, integridad y honestidad de los “izquierdistas” les ha dado municiones a los críticos y comentócratas anclados en el conservadurismo. México y Tlaxcala son un magnífico ejemplo de esos “izquierdistas” de a peso, que se han llenado las bolsas y se han atrincherado en el poder al amparo de la 4T.
En buena medida, han sido los errores de los “progresistas” los que han dado combustible a quienes se presentan como outsiders. Bolsonaro, Milei y de la Espriella se han hecho pasar como ajenos al Sistema, aunque se han beneficiado de él.
Una pregunta más relacionada con este último aspecto: ¿esa supuesta ola ultraconservadora está realmente comprometida con la defensa de la familia tradicional, la religión y la “patria”? ¿O se trata en realidad de una horda de corruptos, que buscan beneficios para ellos mismos, sus allegados —familiares y socios— y sus titiriteros de Washington?
Javier Milei mostró de inmediato el cobre con la estafa de $LIBRA; empresas de Daniel Noboa se han vinculado al tráfico de drogas y evasión fiscal; Abelardo de la Espriella defendió a paramilitares.
La lista es larga.
Mientras, aquí en Tlax, la basura nos ahoga.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
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