Hay historias que parecen escritas para una novela. La del cadáver de Eva Perón es una de ellas. Eva Perón murió el 26 de julio de 1952. Tenía 33 años, pero su muerte no terminó con su historia. Durante los siguientes veinte años, su cadáver sería escondido, trasladado en secreto, enterrado bajo un nombre falso y utilizado como pieza de negociación política.
Cuando Evita murió, la Argentina quedó paralizada. Durante días, multitudes desfilaron para despedirla. Su cuerpo había sido embalsamado por el médico y anatomista español Pedro Ara, por decisión de Juan Domingo Perón. La intención era conservarlo hasta la construcción de un monumental mausoleo: el llamado Monumento al Descamisado. Pero el proyecto nunca llegó a concretarse. El cuerpo permaneció en la sede de la CGT, donde Ara continuó trabajando durante meses para lograr una conservación excepcional.
1955: Comienza El Misterio
En septiembre de 1955, un golpe militar derrocó a Perón. El nuevo poder tenía un problema: ¿qué hacer con el cuerpo de Eva? Evita estaba muerta, pero seguía siendo uno de los símbolos más poderosos del peronismo. Su cadáver podía convertirse en un lugar de peregrinación y mantener viva la movilización política. Finalmente, el 22 de noviembre de 1955, un operativo militar a cargo del teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, retiró el féretro de la CGT. Comenzaba un recorrido que duraría dos décadas.
El cuerpo dando vueltas por Buenos Aires
Según distintos relatos, durante un tiempo el cadáver fue llevado de un lugar a otro en una furgoneta, incluso detrás de la pantalla de un cine. La situación era tan absurda que el operativo terminó pareciendo más una persecución que una operación militar planificada.
Según algunas investigaciones, mientras el cuerpo estaba oculto, aparecían velas, flores y fotografías de Evita cerca de los lugares donde se encontraba el féretro. La interpretación fue que militantes peronistas habían conseguido descubrir dónde estaba. Eso habría aumentado todavía más el temor de los militares de que la ubicación del cuerpo terminara convirtiéndose en un santuario clandestino.
En determinado momento, el féretro terminó en la casa del mayor Eduardo Arandía, uno de los hombres vinculados al operativo. Según los relatos publicados posteriormente, Arandía estaba convencido de que grupos de la resistencia peronista podían intentar recuperar el cadáver.
Una noche escuchó ruidos dentro de la vivienda. Creyendo que eran personas que habían entrado para llevarse a Evita, tomó su pistola y disparó en la oscuridad. Era su esposa, que estaba embarazada.
El cuerpo de Evita terminó en dependencias del Servicio de Informaciones del Ejército, donde habría sido colocado en posición vertical dentro de una caja de madera utilizada originalmente para material de radiotransmisiones. Diferentes testimonios sostuvieron que Moori Koenig, abría el féretro y mostraba el cadáver a determinadas personas, como si fuera un trofeo. Una de las testigas del hecho fue la otrora cineasta María Luisa Bemberg, quien quedó horrorizada y contó lo que había visto a un amigo de su familia que ocupaba un cargo importante en la Casa Militar. La información terminó llegando al entonces presidente Aramburu quien destituyo al Teniente Coronel que se habia prácticamente apropiado el cuerpo, incluso intentando llevárselo a su propia casa.
Un Cadáver con Nombre Falso
La solución finalmente fue sacar a Evita de la Argentina. En 1957, el cuerpo fue trasladado secretamente a Italia. Para ocultar su identidad, el féretro fue registrado como perteneciente a María Maggi de Magistris, una mujer italiana fallecida en la Argentina. Evita llegó a Génova y posteriormente fue trasladada a Milán. Allí fue enterrada en el Cimitero Maggiore, donde permaneció durante aproximadamente catorce años. Sobre la tumba no decía Eva Perón, decía María Maggi de Magistris. Incluso una religiosa se encargó durante años de llevar flores a aquella sepultura sin conocer la verdadera identidad de la mujer enterrada allí.
El Cadáver Vuelve a Entrar en la Política
Pasados 15 años, para la mayoría de los argentinos, Evita había desaparecido, pero no había desaparecido de la historia. En 1970, el nombre de Eva Perón volvió a aparecer relacionado con uno de los episodios más dramáticos de la Argentina. Montoneros secuestró al general Pedro Eugenio Aramburu, uno de los principales protagonistas del derrocamiento de Perón en 1955 y entre los reclamos de la organización estaba la restitución del cadáver de Eva.
Aramburu fue asesinado. El cuerpo de Evita continuó en Italia, pero la situación política argentina había cambiado y el gobierno militar de Alejandro Lanusse comenzó a buscar una salida negociada con Perón. La devolución del cadáver se convirtió entonces en un gesto político de enorme importancia.
1971: Perón vuelve a ver a Evita
A finales de 1971 se organizó el llamado Operativo Devolución. El cuerpo fue exhumado en Milán y trasladado clandestinamente hasta España. El destino era Madrid. Allí, en la residencia de Perón en Puerta de Hierro, ocurrió uno de los encuentros más extraordinarios de esta historia. El 3 de septiembre de 1971, después de casi dieciséis años, Juan Domingo Perón volvió a encontrarse con el cuerpo de su esposa. El féretro fue abierto ante un reducido grupo de personas. Perón reconoció a Eva. El cadáver, sin embargo, presentaba signos de deterioro y existían distintas versiones sobre las lesiones que había sufrido durante los años posteriores a su desaparición. La escena quedó registrada en documentos y testimonios. Evita había vuelto, pero todavía no a la Argentina, algo que ocurrió en julio de 1974 luego de la muerte del General, donde Isabel Peron, su viuda, dispuso su repatriación y deposito en la Quinta Presidencial de Olivos, junto al cadáver de Perón. Allí permanecieron hasta el golpe militar de marzo de 1976. El Gobierno de Facto decidió separar definitivamente ambos cuerpos. Los restos de Perón fueron enviados al cementerio de la Chacharita y los de Eva fueron llevado al cementerio de la Recoleta. Después de veinte años, La Historia parecía haber llegado el final.
Realidades y Leyendas
Alrededor del cuerpo se construyó una verdadera mitología. Se habló de mutilaciones, de fotografías secretas, de heridas de cigarrillos, de copias del cadáver e incluso de supuestos rituales realizados en Madrid. Un ejemplo particularmente conocido son las versiones sobre supuestas ceremonias destinadas a apropiarse simbólicamente del poder de Evita.
Un cuerpo que nunca dejó de ser político
La historia del cadáver de Eva Perón tiene una particularidad difícil de encontrar en cualquier otro personaje de la política argentina.
Eva Perón murió a los 33 años, pero durante otros veinte años, su cadáver continuó teniendo una enorme importancia política. Los militares quisieron ocultarlo, los peronistas reclamaron su devolución, los grupos revolucionarios lo utilizaron como símbolo y los militares lo convirtieron en moneda de negociación.
Era Evita, discutida y amada; insultada y venerada. La mujer de origen humilde y de destino novelesco que, aún después de muerta, nadie consiguió hacer desaparecer.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
HUMBERTO BENEDETTO
Humberto Benedetto es un político argentino oriundo de Río Cuarto, provincia de Córdoba. Ha desempeñado como parlamentario del Mercosur (Parlasur). Actualmente ejerce como director de Prensa del Mercosur en Argentina.
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