En el mundo del vino existen botellas que valen más que un automóvil de lujo. Algunas superan los 100.000 dólares, y unas pocas alcanzan cifras cercanas al millón. Durante años, coleccionistas, empresarios y celebridades pagaron fortunas convencidos de estar comprando verdaderas joyas enológicas. Pero todo cambió cuando se descubrió uno de los mayores fraudes de la historia del mercado del vino.
El protagonista fue un hombre que jamás había producido una sola botella y que, sin embargo, llegó a vender millones de dólares en vinos falsificados. Su nombre era Rudy Kurniawan.
Un misterioso coleccionista
A comienzos de los años 2000 apareció en las principales subastas de Estados Unidos un joven millonario de origen indonesio. Parecía tener un conocimiento extraordinario sobre los vinos franceses más exclusivos. Compraba botellas por cientos de miles de dólares. Luego vendía otras aún más raras. Los expertos lo admiraban; Los grandes coleccionistas confiaban en él. En poco tiempo se convirtió en una verdadera celebridad dentro del mundo del vino.
Para entender el fraude hay que comprender cómo funciona este mercado. Algunas botellas de bodegas legendarias, especialmente de Borgoña y Burdeos, son extremadamente escasas. Hay vinos elaborados hace más de cincuenta años de los que sobreviven apenas unas pocas botellas. Su valor depende de varios factores: la bodega, la cosecha, el estado de conservación y la procedencia comprobable de la botella.
En ese ambiente, la confianza lo es todo y fue precisamente esa confianza la que Kurniawan aprovechó.
Lejos de contar con una sofisticada fábrica clandestina, el fraude se realizaba en la cocina de su propia casa. Los investigadores descubrieron que: compraba vinos auténticos, pero mucho más económicos; Mezclaba distintas variedades hasta lograr sabores convincentes; reutilizaba botellas antiguas; fabricaba etiquetas falsas;envejecía artificialmente cápsulas y corchos; rellenaba botellas que supuestamente pertenecían a cosechas históricas. Era un trabajo casi artesanal. Y sorprendentemente efectivo.
¿Cómo logró engañar a tantos expertos?
La respuesta tiene mucho de psicología. Los compradores querían creer que estaban frente a una oportunidad única. Además: muchas botellas jamás podían abrirse para ser verificadas; algunas provenían de cosechas de las que casi no existían registros; los catadores estaban influenciados por la fama del vendedor y por el altísimo precio. En más de una ocasión, prestigiosos especialistas calificaron como extraordinarios vinos que después se comprobó que eran falsificaciones.
El fraude comenzó a desmoronarse cuando algunos productores franceses observaron algo imposible. Entre las botellas ofrecidas aparecían vinos que nunca habían existido. Por ejemplo, se ofrecían determinadas añadas de bodegas que ese año ni siquiera habían elaborado ese tipo de vino. El reconocido productor Laurent Ponsot detectó que se estaban subastando botellas con su nombre correspondientes a cosechas que su familia jamás había producido. Aquello encendió todas las alarmas y las sospechas llegaron al FBI.
Cuando los agentes allanaron la vivienda de Kurniawan encontraron un verdadero taller de falsificación con miles de etiquetas, corchos antiguos, cápsulas metálicas, botellas vacías de prestigiosas bodegas, tintas especiales, sellos y herramientas para rellenar botellas. Era prácticamente una fábrica de vinos de lujo instalada en una residencia particular.
Todo Tiene un Final
En 2013 comenzó el proceso judicial. Como Las pruebas eran contundentes. Los fiscales demostraron que había vendido 30 milones de dolares en vinos falsificados. Finalmente fue condenado por fraude electrónico y comercialización de productos falsificados. Recibió una pena de 10 años de prisión y la obligación de pagar una importante restitución económica a las víctimas. Fue la primera gran condena penal por falsificación de vinos de alta gama en Estados Unidos.
Algunos expertos creen que el impacto económico total fue incluso mayor, ya que muchas botellas falsas permanecen en colecciones privadas y podrían seguir circulando en el mercado.
El caso cambió completamente el mercado. Este fraude dejó una enseñanza que va más allá del vino. Demostró que incluso los expertos pueden verse influenciados por: el prestigio; el precio; la reputación y el deseo de poseer algo único. En muchos casos, la expectativa de estar probando una botella legendaria condicionó la percepción de quienes la degustaban.
Más allá de las pérdidas económicas, el escándalo transformó para siempre el mercado de los vinos de colección. A partir de entonces, la procedencia documentada de una botella pasó a ser casi tan importante como el vino que contiene, y el caso quedó como una advertencia permanente sobre los riesgos de un mercado donde la exclusividad puede valer millones de dólares.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
HUMBERTO BENEDETTO
Humberto Benedetto es un político argentino oriundo de Río Cuarto, provincia de Córdoba. Ha desempeñado como parlamentario del Mercosur (Parlasur). Actualmente ejerce como director de Prensa del Mercosur en Argentina.

