El 27 de octubre de 2010, la Argentina amaneció con una noticia inesperada: Néstor Kirchner, expresidente de la Nación, diputado nacional y esposo de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, había muerto en El Calafate. Tenía apenas 60 años.
La noticia sorprendió incluso teniendo en cuenta que su salud había sufrido varios golpes durante aquel año. En febrero había sido sometido a una intervención en la carótida y, apenas un mes y medio antes de morir, en septiembre de 2010, había sido sometido a una angioplastia después de sufrir una obstrucción en una arteria coronaria. La explicación oficial fue rápida: Kirchner había sufrido un paro cardiorrespiratorio no traumático, un episodio de muerte súbita que no pudo ser revertido por los médicos. Murió a las 9:15 de la mañana, mientras se encontraba junto a Cristina en su residencia de El Calafate. Para la mayoría, se trataba de una tragedia anunciada por sus antecedentes cardíacos, pero en Internet comenzó a circular otra historia.
¿Y SI NO HABÍA MUERTO DE UN INFARTO?
Con el paso de los años apareció una versión que aseguraba que Néstor Kirchner había sido asesinado. La historia era particularmente impactante: un supuesto médico llamado Raúl Vizcaíno afirmaba haber atendido al expresidente aquella mañana y sostenía que Kirchner presentaba una herida de bala en el rostro.
El relato hablaba directamente de un magnicidio. El problema era que había algo bastante más elemental que la teoría conspirativa: el supuesto médico no existía con la identidad que utilizaba. El DNI que aparecía en aquella publicación pertenecía en realidad a otra persona, una mujer de la localidad bonaerense de Wilde. Además, el médico que efectivamente participó de la atención de Kirchner, Claudio Cirille, negó haber observado cualquier herida de bala o signo de violencia. La teoría del disparo, por lo tanto, no encontró respaldo en la evidencia disponible.
EL DETALLE DE LA AUTOPSIA
Sin embargo, había una cuestión que alimentó todavía más las especulaciones. No se hizo una autopsia y para quienes desconfiaban de la versión oficial, ese dato parecía fundamental.
La explicación jurídica era sencilla: la autopsia no era obligatoria si no existían indicios de una muerte violenta o sospechosa. Los médicos que atendieron al expresidente tampoco detectaron signos que hicieran pensar en un crimen. Pero para una teoría conspirativa, una ausencia puede convertirse rápidamente en una sospecha.
Si no hubo autopsia, comenzaron a preguntarse algunos, ¿cómo podía saberse con absoluta certeza qué había provocado la muerte? La respuesta médica era que existían antecedentes cardíacos muy importantes y una descompensación compatible con ellos, pero la discusión ya había tomado otro camino.
UN HOMBRE CON MUCHOS ENEMIGOS
Hay otro elemento que ayuda a explicar por qué la teoría del magnicidio encontró terreno fértil. Néstor Kirchner había sido una figura política profundamente polarizadora. Durante su presidencia había enfrentado fuertes conflictos con sectores empresarios, políticos, sindicales y mediáticos. Después de dejar la Casa Rosada continuó teniendo un enorme peso político y, en 2010, era considerado uno de los principales dirigentes del oficialismo y una figura central de cara a las elecciones de 2011. Su muerte modificó completamente el escenario político argentino. Cristina Fernández quedó como principal figura del espacio político que había construido junto a su esposo y ahí apareció otra pregunta inevitable: ¿A quién beneficiaba políticamente la muerte de Néstor Kirchner?
Es una pregunta habitual en cualquier teoría sobre un supuesto asesinato. Pero hay una diferencia importante entre preguntarse quién pudo beneficiarse de una muerte y demostrar que esa persona tuvo alguna participación en ella. En el caso de Kirchner nunca apareció una prueba seria que permitiera establecer que hubo un asesinato.
LA MUERTE SÚBITA
Paradójicamente, quizás el elemento más importante de toda la historia sea el menos misterioso. Kirchner tenía antecedentes cardiovasculares graves.En febrero de 2010 había sido operado de la carótida. En septiembre había sufrido una nueva obstrucción arterial y recibió un stent mediante una angioplastia. Apenas unas semanas después murió de un paro cardiorrespiratorio. Es decir, desde el punto de vista médico, existía un antecedente perfectamente compatible con una muerte cardíaca súbita. Los médicos que participaron de la atención tampoco encontraron signos de violencia. Entonces, ¿por qué sobrevivió la teoría del asesinato? Porque las teorías conspirativas no necesitan necesariamente una prueba para sobrevivir. A veces necesitan solamente una pregunta.
Y en este caso hubo varias: ¿por qué no se hizo una autopsia? ¿Por qué murió tan joven? ¿Por qué su muerte modificó de manera tan profunda el escenario político? ¿Había alguien interesado en eliminarlo? Preguntas legítimas, algunas de ellas interesantes, pero ninguna constituye por sí misma una prueba de asesinato.
LA VERDAD Y EL MITO
La historia de la muerte de Néstor Kirchner tiene, hasta hoy, dos versiones.
Una está respaldada por los antecedentes médicos y por los profesionales que lo atendieron: un hombre con importantes problemas cardiovasculares sufrió una descompensación y murió de un paro cardiorrespiratorio. La otra pertenece al territorio de las sospechas: un supuesto disparo, un supuesto magnicidio, médicos que supuestamente fueron silenciados y una supuesta operación política detrás de la muerte.
La segunda historia es mucho más cinematográfica, pero eso no significa que sea verdadera. Lo curioso es que, en este caso, el misterio no nació de una prueba que demostrara un crimen, sino de la combinación de una muerte inesperada, una figura política enormemente controvertida, la ausencia de una autopsia y el enorme impacto que produjo su desaparición.
LAS SOSPECHAS QUE NADIE INVESTIGÓ
En 2016 circuló una fuerte versión atribuida a Carlos Menem, según la cual Cristina habría provocado la muerte de Néstor. Pero hay que ser muy cuidadosos: el medio que difundió esa frase la presentó como declaración de Menem, mientras que Chequeado investigó el episodio y señaló que no había evidencia suficiente para afirmar que Menem hubiera dicho exactamente eso.
Otro que hablo del tema fue Luis D’Elía que planteó directamente la duda “¿un infarto o un tiro?” y cuestionó algunos aspectos de aquella mañana y del posterior velatorio. D’Elía afirmó que él había visto solamente un cajón cerrado y vinculó sus dudas con lo que ocurrió durante el funeral. Lo extraño es que el personaje lo dijo en 2026, no en 2010. Es decir, no fue D’Elía quien originalmente instaló en 2010 la hipótesis de que Kirchner podía haber sido asesinado.
Mariana Zuvic, entonces diputada de la Coalición Cívica, también habló públicamente del tema y puso el foco en un detalle que llamó mucho la atención: por qué el cuerpo de Néstor fue velado a cajón cerrado. El tema fue tratado públicamente en televisión.
Más importante desde el punto de vista judicial. En 2013, Juan Ricardo Mussa presentó una denuncia ante la Justicia contra Cristina Fernández y Máximo Kirchner, acusándolos de homicidio por la muerte de Néstor. La denuncia recayó en el juzgado de Julián Ercolini. A pesar de la denuncia, no hubo una investigación penal que avanzara sobre la hipótesis del asesinato de Néstor Kirchner ni una causa que terminara determinando que había sido víctima de un disparo en la nuca como se presentó en la denuncia.
Tambien circuló una carta de un médico, Raúl Vizcaíno. Acá hay que ser muy cuidadosos: circuló una carta que decía haber atendido a Kirchner y afirmaba que tenía un disparo en la cara. La investigación periodística determinó que la identidad presentada no correspondía a un médico que hubiera atendido a Kirchner. El médico real que participó de la asistencia, Claudio Cirille, dijo que no observó signos de violencia
CAJON CERRADO, CONSPIRACION ABIERTA
Nestor tenía 60 años. Su corazón ya había dado señales de alarma varias veces. La explicación oficial fue una muerte súbita de origen cardíaco. Y hasta hoy no existe evidencia confiable que demuestre que haya sido asesinado. Pero como ocurre con tantas muertes de personajes poderosos, la pregunta continúa circulando: ¿Murió simplemente cuando su corazón dijo basta… o detrás de aquella mañana de octubre hubo algo que nunca llegamos a conocer?
ACERCA DEL CORRESPONSAL
HUMBERTO BENEDETTO
Humberto Benedetto es un político argentino oriundo de Río Cuarto, provincia de Córdoba. Ha desempeñado como parlamentario del Mercosur (Parlasur). Actualmente ejerce como director de Prensa del Mercosur en Argentina.
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