Las olas de calor ya no representan únicamente una amenaza para los ecosistemas marinos. Un estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) encontró una asociación entre períodos prolongados de temperaturas oceánicas anormalmente elevadas y un aumento del riesgo de mortalidad y desnutrición infantil en comunidades costeras de países de ingresos bajos y medios. La investigación analizó datos de casi 9.800 localidades de 36 países y aporta evidencia de que el calentamiento de los océanos puede repercutir directamente sobre la salud humana.
La investigación fue realizada por científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State) y la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. El equipo combinó información individual sobre salud y supervivencia de niños y mujeres con registros globales de temperatura de la superficie del mar. De esta manera, los investigadores pudieron relacionar la exposición de determinadas poblaciones costeras a olas de calor marinas con indicadores de salud registrados posteriormente.
El resultado más llamativo aparece cuando se analiza la frecuencia de estos fenómenos. Los investigadores estimaron que un aumento equivalente a una desviación estándar en la cantidad de olas de calor marinas durante un período de 24 meses estuvo asociado con un incremento del 5,4% en las probabilidades de mortalidad infantil. En el mismo escenario, las probabilidades de emaciación —cuando un niño presenta un peso demasiado bajo para su talla— aumentaron un 6,5%, mientras que el riesgo de retraso del crecimiento, relacionado con una estatura inferior a la esperada para la edad, aumentó un 8,8%.
Estos porcentajes representan asociaciones estadísticas y no significan que una ola de calor marina provoque por sí sola la muerte o la desnutrición de un niño. Los investigadores utilizaron modelos estadísticos para estudiar la relación entre la exposición oceánica y los resultados de salud, y señalan que todavía es necesario profundizar en los mecanismos que explican el vínculo. Aun así, la consistencia de los resultados en diferentes medidas de las olas de calor refuerza la relevancia del fenómeno como factor ambiental que merece atención.
El pescado aparece en el centro del problema
Una de las explicaciones planteadas por los investigadores está relacionada con la pesca y la seguridad alimentaria. En numerosas comunidades costeras de países de ingresos bajos y medios, el pescado representa una fuente fundamental de proteínas, micronutrientes y también ingresos para las familias.
Las temperaturas excepcionalmente altas del océano pueden modificar la distribución de las especies, afectar su supervivencia y alterar la calidad nutricional de determinados recursos marinos. Si disminuye la disponibilidad de pescado, una familia puede enfrentar simultáneamente dos problemas: menos alimentos nutritivos para consumir y menores ingresos para comprar otros productos.
Brian Thiede, profesor de sociología rural, sociología y demografía de Penn State y uno de los autores del estudio, explicó que las alteraciones pueden producir efectos directos sobre la oferta alimentaria y efectos indirectos a través de los ingresos de los pescadores y de los precios que pagan los consumidores. Esto puede terminar limitando también el acceso de los hogares a servicios básicos, incluida la atención sanitaria.
Las comunidades que dependen de la pesca son especialmente vulnerables
El estudio encontró que los efectos fueron más marcados en países con una mayor dependencia de la pesca artesanal o de pequeña escala. En estas comunidades, el océano no es únicamente una fuente de alimentos: constituye también una parte esencial de la economía familiar.
Una alteración prolongada de las condiciones del mar puede afectar las capturas, modificar las rutas de las especies y aumentar la presión sobre los ingresos de los hogares. Cuando esa situación se combina con alimentos más caros, las familias con menos recursos tienen menos capacidad para compensar la pérdida de una fuente tradicional de proteínas.
El resultado también sorprendió a los investigadores en las zonas urbanas, donde podría suponerse que la dependencia directa de la pesca es menor. Sin embargo, en las ciudades costeras los habitantes también pueden verse afectados por el aumento de los precios y por las alteraciones en los mercados de alimentos. En estos casos, el impacto se transmite desde el ecosistema marino hacia las cadenas de suministro y finalmente hasta los consumidores.
¿Qué es exactamente una ola de calor marina?
Una ola de calor marina es un período prolongado en el que la temperatura del océano se mantiene anormalmente elevada respecto de las condiciones habituales de una determinada región. No se trata simplemente de que el agua esté caliente en términos absolutos: el concepto considera cuánto se aparta la temperatura de lo normal para ese lugar y época del año.
Estos episodios pueden afectar directamente a los ecosistemas. Investigaciones recientes han documentado cambios en la productividad oceánica, desplazamiento de especies, mortalidad de organismos marinos y daños importantes en ecosistemas como los arrecifes de coral.
El calentamiento oceánico también puede tener efectos económicos. Cuando las especies comerciales cambian de distribución o disminuyen sus poblaciones, las comunidades pesqueras pueden tener que desplazarse más lejos para encontrar recursos, afrontar mayores costos o capturar especies diferentes a las habituales.
El problema puede extenderse más allá del mar
La importancia del estudio radica precisamente en que conecta un fenómeno oceánico con indicadores de salud registrados en tierra firme.
Los investigadores analizaron información de 9.813 sitios costeros en 36 países de ingresos bajos y medios. El trabajo incluyó indicadores de mortalidad infantil, emaciación y retraso del crecimiento, además de otros datos relacionados con la salud y nutrición de las poblaciones estudiadas.
El análisis también consideró las olas de calor atmosféricas que pueden producirse simultáneamente. La mayoría de los resultados principales continuaron siendo estadísticamente significativos después de tener en cuenta ese factor, lo que apunta a que el efecto observado no puede explicarse simplemente por el calor del aire.
Esto es particularmente relevante para las regiones tropicales y subtropicales, donde millones de personas viven cerca de las costas y dependen de los recursos marinos. En estos lugares, una alteración ambiental puede propagarse rápidamente desde el ecosistema hasta la alimentación y la economía familiar.
Un problema que puede adquirir mayor importancia
Los autores advierten que las olas de calor marinas están aumentando en frecuencia e intensidad en el contexto del cambio climático. Un estudio publicado en 2026 sobre los arrecifes de coral encontró que durante 2024 la cantidad acumulada de días de olas de calor marinas y su intensidad superaron en más de tres desviaciones estándar los valores históricos en numerosas regiones.
Otra investigación publicada este año señaló que los episodios extremos de temperatura marina pueden producirse durante todo el año y que limitar las evaluaciones únicamente al verano puede subestimar sus impactos ecológicos.
Esto significa que el problema no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de la conservación de los océanos. La salud pública, la nutrición, la pesca y la protección social también pueden formar parte de la respuesta frente a estos fenómenos.
Los científicos proponen utilizar sistemas de alerta
Una de las posibilidades planteadas por los investigadores consiste en aprovechar los avances en la predicción de las temperaturas oceánicas para desarrollar sistemas de alerta temprana. Si las autoridades pueden anticipar dónde y cuándo se producirá una ola de calor marina particularmente intensa, podrían prepararse medidas de protección para las comunidades más vulnerables.
Entre ellas podrían estar el refuerzo temporal de programas nutricionales, asistencia a familias dependientes de la pesca, vigilancia de precios y disponibilidad de alimentos y preparación de servicios sanitarios en las regiones con mayor riesgo.
La ventaja sería pasar de una respuesta exclusivamente posterior al desastre a una estrategia preventiva, especialmente en lugares donde los hogares tienen pocas alternativas para reemplazar rápidamente los alimentos o ingresos provenientes del mar.
El estudio no plantea que el océano sea la única causa de la desnutrición infantil ni que todas las comunidades costeras respondan de la misma manera. Lo que muestra es una relación estadística significativa entre la exposición a olas de calor marinas y determinados indicadores de salud infantil en una amplia muestra de países de ingresos bajos y medios. Para los investigadores, el hallazgo revela una dimensión menos visible del calentamiento oceánico: sus consecuencias pueden comenzar en el mar, pasar por la pesca y los mercados y terminar afectando la alimentación y la supervivencia de los niños.
A medida que los océanos continúan acumulando calor, comprender esta cadena de impactos será fundamental. El desafío ya no consiste solamente en proteger peces, arrecifes y ecosistemas marinos, sino también en proteger a las comunidades que dependen de ellos para alimentarse, trabajar y sobrevivir.
Foto: Imagen ilustrativa / Infobae
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