Argentina intensifica su asalto contra la compañía petrolera de Israel en Malvinas, alistando un proceso judicial.
13 de septiembre de 2026 — Buenos Aires / Madrid
El altercado sobre las islas Malvinas/Falkland, el martes, se avivó a un pico comercial: Argentina presentará cargos penales contra varias entidades conectadas con la israelí Navitas por laborar sin permiso en el territorio insular. Entretanto, la administración de Javier Milei recrudece su embate contra la iniciativa Sea Lion mediante nuevas penalidades y estrategias para fortificar la vigilancia en el Atlántico Sur. Israel no tardó en reaccionar. Su ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, sugirió al gabinete de Netanyahu que, como muestra de apoyo, validen oficialmente el dominio argentino de las islas.
El diferendo gira entorno a la extracción de petróleo en las cercanías del archipiélago. La israelí Navitas Petroleum tiene un rol en la prospección del área Sea Lion a través de su subsidiaria, Navitas Petroleum Production UK. Para Buenos Aires, cualquier actividad de exploración o explotación hidrocarburífera en la plataforma continental de las Malvinas sin su autorización, se considera una violación de la soberanía argentina y del derecho internacional. Específicamente, contraviene las resoluciones de la Asamblea General y del Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Estos organismos urgen al Reino Unido y a Argentina a negociar la cuestión de la soberanía.
La denuncia penal, que tramitarán los tribunales argentinos bajo figuras de usurpación y violación de los recursos naturales, representa el paso más duro dado hasta la fecha por el Gobierno libertario. Hasta ahora, la administración Milei había optado por una estrategia de «pragmatismo soberano». Esto significaba críticas retóricas a Londres junto con una relación comercial fluida. La escalada de este martes —sanciones a empresas implicadas, medidas de control en el Atlántico Sur y una queja diplomática formal— pareciera sugerir que la presión política interna y el cálculo geoestratégico se inclinaron hacia la firmeza.
El caso tiene lecturas que llegan hasta Madrid. España, que tiene su particular agenda sobre Gibraltar, siempre defendió la negociación para solucionar las disputas por la soberanía de territorios listados por la ONU como no autónomos, entre ellos, las Malvinas. La comunicación diplomática española enviada a las Naciones Unidas ha ratificado repetidamente ese acuerdo, y desde el Ministerio de Exteriores español indican que la queja argentina será revisada teniendo en cuenta la postura europea respecto a la cláusula de soberanía que París y Londres procuran proteger en las conversaciones tras el Brexit.
El aspecto israelí complica aún más la situación. Israel y Argentina tienen vínculos diplomáticos firmes, pero los intereses de empresas israelíes en la extracción de energía en el Atlántico Sur entran en conflicto directo con la postura argentina respecto a sus recursos naturales. La solicitud de Ben Gvir a Netanyahu para que reconozca la soberanía argentina —una acción que el Gobierno de Israel no ha avalado de manera oficial— evidencia el malestar de Tel Aviv con un socio comercial importante en Latinoamérica. El proyecto Sea Lion, que tiene como meta producir miles de barriles diarios en aguas de las Malvinas, ha tropezado con la ofensiva argentina como su primer gran escollo político.
Para las empresas involucradas y sus asociados británicos, la amenaza legal argentina es, en verdad, poco considerable, ya que las operaciones se rigen por licencia británica. Mas la mancha reputacional y el peligro de normativas restrictivas en otras naciones pueden acarrear gastos significativos. Los expertos en energía señalan que cualquier intensificación de este conflicto repercute en los planes de inversión en la cuenca Malvinas Norte, área donde múltiples proyectos aguardan el valor idóneo del crudo.
El Atlántico Sur, con su abundancia de recursos pesqueros y sus depósitos de hidrocarburos no del todo claros, emerge nuevamente como escenario de un viejo diferendo. Esta disputa, que en el siglo XXI se ha tornado tanto más lucrativa como más arriesgada. Argentina, a través de su querella penal, ha dado su primer paso. El Reino Unido replica con una actitud de discreción diplomática y un respaldo sólido a quienes poseen las licencias. Y en este entramado, Israel percibe cómo la política internacional de los combustibles no respeta vínculos tradicionales. Las Malvinas, una vez más, sitúan dos esferas contrapuestas que se observan desde márgenes opuestos del mismo mar.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CLAUDIA VALEAN CARPA
Inventora en España desde 2022 y profesional con sólida trayectoria en liderazgo, gestión estratégica y dirección de equipos. Con experiencia internacional vinculada al ámbito de la investigación y más de 17 años de experiencia en gestión profesional y desarrollo organizativo.
Comprometida con la excelencia, la innovación y el crecimiento continuo, considero que el liderazgo se construye a través de la perseverancia, la visión estratégica y la capacidad de generar valor en cada proyecto. Destaco por mi capacidad de organización, coordinación de equipos y orientación a resultados en entornos dinámicos y de alta responsabilidad.


