Afganistán vuelve a ocupar el centro de la memoria mundial este 11 de septiembre, cuando se cumplen 25 años de los atentados terroristas contra Estados Unidos. Un cuarto de siglo después de que Al Qaeda utilizara territorio afgano como plataforma para planificar los ataques que dejaron cerca de 3.000 muertos, la organización ya no tiene la estructura que tenía bajo Osama bin Laden, pero tampoco desapareció. Informes recientes de Naciones Unidas sostienen que Al Qaeda mantiene presencia en Afganistán y continúa contando con protección y espacio operativo bajo las autoridades talibanas.
De los campos de entrenamiento al 11 de septiembre
La relación entre Al Qaeda y Afganistán se remonta a décadas antes de los atentados de 2001. Osama bin Laden regresó al país en 1996 y, bajo la protección del régimen talibán, la organización desarrolló allí parte de su estructura de entrenamiento, planificación y coordinación internacional. Naciones Unidas señala que entre 1996 y finales de 2001 Al Qaeda operó desde Afganistán bajo protección talibana.
Fue en ese entorno donde integrantes de la célula que posteriormente participaría en los atentados del 11 de septiembre recibieron entrenamiento. Naciones Unidas documenta que Mohamed Atta, Marwan al-Shehhi, Ziad Jarrah y Ramzi bin al-Shibh estuvieron vinculados a instalaciones de Al Qaeda en Afganistán antes de regresar a Europa y avanzar en la preparación de los ataques.
El 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados. Dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
La dimensión de la tragedia transformó la política internacional. Estados Unidos inició la intervención militar en Afganistán en octubre de 2001 después de que el régimen talibán se negara a entregar a Bin Laden, y comenzó una guerra que terminaría prolongándose durante casi dos décadas.
Bin Laden murió, pero Al Qaeda no desapareció
La muerte de Osama bin Laden en una operación estadounidense en Pakistán, en mayo de 2011, representó uno de los mayores golpes contra la organización. Sin embargo, Al Qaeda evolucionó hacia una estructura mucho más descentralizada, apoyándose en organizaciones afiliadas y reduciendo su exposición directa.
En Afganistán, la situación volvió a adquirir especial importancia después de que los talibanes recuperaran el poder en agosto de 2021.
El caso más revelador ocurrió un año después. Ayman al-Zawahiri, sucesor de Bin Laden, fue localizado en una vivienda de Kabul y murió en julio de 2022 durante un ataque estadounidense con un dron. El episodio demostró que figuras de máximo nivel de Al Qaeda podían permanecer en territorio afgano pese a las promesas talibanas de impedir que el país volviera a utilizarse como base para ataques internacionales.
La contradicción que persiste en Kabul
Los talibanes sostienen que no permiten que organizaciones terroristas utilicen Afganistán para amenazar a otros países. Sin embargo, los informes de Naciones Unidas presentan una conclusión muy diferente.
El informe del Consejo de Seguridad publicado en 2026 señala que las autoridades de facto afganas continúan afirmando que no existen grupos terroristas en su territorio, pero ninguno de los Estados miembros que aportaron información respaldó esa afirmación.
Respecto de Al Qaeda, Naciones Unidas sostiene que su presencia y fortaleza permanecen esencialmente sin cambios respecto de evaluaciones anteriores. La organización continúa proporcionando entrenamiento, asesoramiento y apoyo logístico a otros grupos que operan en Afganistán.
Más delicado todavía es el vínculo con sectores de las propias estructuras talibanas. El informe de la ONU señala que Al Qaeda continúa disfrutando del patrocinio de las autoridades de facto y que comandantes de alto nivel de la organización estarían viviendo en Kabul.
El nuevo Al Qaeda es diferente al de 2001
Esto no significa que Afganistán sea hoy exactamente el mismo centro operativo que era hace 25 años.
La Al Qaeda actual tiene una capacidad mucho más reducida que la organización que existía antes del 11-S. Su estructura central es menor, su liderazgo está fragmentado y sus principales operaciones internacionales dependen en buena medida de organizaciones afiliadas.
Pero esa transformación no elimina el riesgo.
El informe de Naciones Unidas publicado en 2026 advierte que el apetito de Al Qaeda por realizar operaciones externas permanece intacto, aunque la organización privilegia objetivos de alto impacto y gran repercusión mediática.
Además, Al Qaeda continúa utilizando Afganistán como un espacio para entrenamiento, asesoramiento y construcción de relaciones con otras organizaciones extremistas.
AQIS: el brazo que preocupa en el sur de Asia
Una de las estructuras que más atención recibe actualmente es Al Qaeda en el Subcontinente Indio (AQIS).
Según Naciones Unidas, AQIS continúa activa en el sureste de Afganistán, especialmente en zonas donde la Red Haqqani posee una fuerte influencia. El organismo internacional también informó que el emir de AQIS, Osama Mahmoud, y su segundo, Yahya Ghouri, fueron reportados en Kabul, mientras que el aparato mediático del grupo estaría basado en Herat.
La preocupación internacional se debe especialmente a que AQIS mantiene una orientación hacia operaciones externas. El escenario afgano, por tanto, no constituye solamente un problema interno: puede convertirse en una fuente de amenazas para países vecinos y potencialmente para objetivos situados fuera de la región.
Pakistán, la principal zona de tensión
El problema se extiende directamente hacia Pakistán.
Naciones Unidas identifica al Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) como uno de los principales grupos armados presentes en Afganistán y señala que mantiene miles de combatientes. El organismo también ha documentado que los talibanes afganos le proporcionan espacio operativo, apoyo y otras facilidades.
La situación ha contribuido a un incremento de los ataques del TTP contra objetivos paquistaníes y a un deterioro de las relaciones entre Kabul e Islamabad.
Al Qaeda, según la evaluación de la ONU, cumple además una función de multiplicador: proporciona entrenamiento y asesoramiento a grupos como el TTP.
Así, el problema de Afganistán ya no se limita a la posibilidad de que Al Qaeda reconstruya una estructura idéntica a la de 2001. El temor actual es que el país se convierta en un ecosistema donde diferentes organizaciones extremistas intercambien entrenamiento, experiencia, recursos y conocimientos.
¿Por qué Al Qaeda sigue interesada en Afganistán?
Para la organización, Afganistán tiene un valor que va más allá de su utilidad militar.
El informe de Naciones Unidas describe al país como la “patria simbólica” de Al Qaeda. Muchos de sus integrantes aspiran a regresar allí, mientras que los vínculos personales, las alianzas y los matrimonios entre miembros de Al Qaeda y los talibanes contribuyen a mantener una relación que sobrevivió a la guerra estadounidense.
Además, el liderazgo de Al Qaeda ha presentado Afganistán como un refugio seguro para sus seguidores.
Esto explica por qué la caída del régimen talibán en 2001 no significó el final de la organización y por qué el retorno de los talibanes al poder en 2021 fue interpretado por Al Qaeda como una victoria estratégica y simbólica.
25 años después, la amenaza cambió de forma
El mundo que enfrentó los atentados del 11-S ya no existe. Al Qaeda perdió a Bin Laden, a numerosos dirigentes históricos y buena parte de su capacidad de planificación centralizada. La organización también compite con otros grupos extremistas, particularmente el Estado Islámico-Khorasan, que mantiene una relación hostil con los talibanes.
Pero la desaparición de una amenaza no puede confundirse con su transformación.
Un cuarto de siglo después del 11-S, Afganistán sigue albergando elementos de Al Qaeda. La diferencia es que ahora la organización opera con un perfil más bajo, dispersa sus capacidades y utiliza una red de afiliados en lugar de depender exclusivamente de un gran centro de mando.
La ONU considera que su capacidad y presencia en Afganistán se mantienen, mientras que la negativa de las autoridades talibanas a reconocer esa presencia contrasta con la información proporcionada por Estados miembros y organismos internacionales.
La lección del 11 de septiembre
El aniversario número 25 del 11-S no solamente recuerda a las víctimas de aquel día. También obliga a observar cómo evolucionó el terrorismo internacional.
La amenaza de Al Qaeda no desapareció con Bin Laden ni con la retirada estadounidense de Afganistán. Cambió de estructura, de métodos y de dimensión.
La gran incógnita para los próximos años será determinar hasta dónde puede llegar esa capacidad desde un Afganistán gobernado por los talibanes y si las autoridades de Kabul serán capaces —o estarán dispuestas— a impedir que el territorio vuelva a convertirse en una plataforma para operaciones internacionales.
A 25 años de los atentados que cambiaron la historia contemporánea, la respuesta todavía no está completamente cerrada.
Foto: Archivo / AFP
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