El acceso al agua potable sigue siendo uno de los grandes desafíos para miles de familias que viven lejos de las redes convencionales de abastecimiento. Una experiencia nacida en Brasil demuestra que la innovación tecnológica y un modelo de negocio basado en el impacto social pueden convertirse en una alternativa para atender a comunidades rurales y dispersas, una realidad que también interpela directamente a Paraguay.
La protagonista de esta historia es Anna Luísa Beserra, una emprendedora brasileña que comenzó a trabajar desde adolescente en un problema frecuente en el nordeste de Brasil: muchas familias recogían agua de lluvia en cisternas, pero disponer del agua no garantizaba que fuera segura para el consumo. De esa preocupación nació Aqualuz, un sistema diseñado para desinfectar agua utilizando radiación solar directa, sin necesidad de electricidad ni productos químicos.
En 2015, la iniciativa evolucionó hacia SDW For All, una empresa dedicada al desarrollo de tecnologías para ampliar el acceso al agua y al saneamiento en territorios donde la infraestructura tradicional enfrenta mayores dificultades. La compañía informa que ya desarrolló proyectos en 16 estados brasileños y alcanzó a decenas de miles de personas. Según datos proporcionados por la propia empresa, sus intervenciones también estuvieron asociadas a una importante reducción de enfermedades transmitidas por el agua en las comunidades atendidas.
Un modelo que separa al cliente del beneficiario
La particularidad del proyecto no está solamente en la tecnología. La empresa encontró una forma de financiar soluciones destinadas a poblaciones que muchas veces no pueden pagar directamente por ellas.
El modelo consiste en trabajar con compañías, gobiernos y otras organizaciones que financian programas de impacto social. SDW For All no se limita a instalar un equipo: desarrolla un proceso que incluye diagnóstico de la comunidad, instalación, capacitación, seguimiento y medición de resultados. La idea es garantizar que la solución continúe funcionando después de la intervención inicial.
Según la información presentada durante el Startup Summit 2026, celebrado en Florianópolis, algunos programas empresariales pueden alcanzar alrededor de R$ 150.000, mientras que proyectos de mayor escala pueden llegar a R$ 2 millones, con contratos que pueden extenderse durante varios años.
El desafío que también enfrenta Paraguay
La experiencia brasileña adquiere especial relevancia para Paraguay. Datos citados por ABC Color indican que el ERSSAN registró alrededor de 6.300 prestadores de servicios de agua en 2025, que atendían a aproximadamente 5,52 millones de personas. Sin embargo, una parte significativa de la población abastecida dependía de sistemas que no aplicaban procesos de desinfección, una situación que representa un desafío para la salud pública.
El país cuenta con una extensa red de Juntas de Saneamiento, comisiones vecinales y operadores locales, especialmente importantes en las zonas donde las grandes infraestructuras no llegan con la misma rapidez. El desafío, por tanto, no es únicamente construir nuevas redes, sino incorporar tecnología, financiamiento y capacidad técnica para garantizar un servicio seguro y sostenible.
En el Chaco paraguayo, donde las distancias y las condiciones geográficas dificultan el abastecimiento convencional, ya se desarrollan proyectos de captación de agua de lluvia, almacenamiento y bombeo mediante energía solar. El SENASA impulsa sistemas de macrocaptación destinados a decenas de comunidades, demostrando que las soluciones deben adaptarse a las características de cada territorio.
Una oportunidad para innovar
La experiencia de Anna Luísa Beserra deja una pregunta abierta para Paraguay y para otros países de América del Sur: ¿puede el acceso al agua convertirse también en un campo para la innovación empresarial con impacto social?
La respuesta podría encontrarse en alianzas entre el Estado, empresas privadas, universidades, organismos internacionales y emprendedores capaces de desarrollar soluciones adaptadas a cada comunidad. No se trata necesariamente de importar un modelo extranjero, sino de aprovechar experiencias exitosas para crear tecnologías y mecanismos de financiamiento propios.
Cuando la gran red de agua tarda años en llegar, una solución más pequeña, descentralizada y adaptada al territorio puede marcar una diferencia inmediata en la vida de una comunidad. La historia nacida en el nordeste brasileño demuestra que una necesidad social puede transformarse en innovación, empleo, inversión y, sobre todo, en una oportunidad concreta para llevar agua segura a quienes todavía esperan por un servicio esencial.
Foto: ABC Color / SDW For All
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